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Recordar el futuro: Desarrollo del estado nacional, doce años de relativa estabilidad constitucional: la presidencia de Roberto F. Chiari , no. 2.


La semana pasada comenté cómo la familia Arias ha conmemorado el primer centenario de la República con la publicación de una historia de la familia, que lleva casi doscientos años en Panamá, en un libro intitulado La Saga de los Arias en Panamá, escrito por el Dr. Omar Jaén Suárez. Retomo hoy el hilo de los diversos artículos que he venido publicando sobre la vida política y los gobernantes de nuestro primer siglo de vida independiente, que espero publicar bajo el título Recordar el Futuro. En el último artículo de esta serie analicé y evalué la presidencia de Roberto F. Chiari tanto en su gestión ordinaria como en su política con E.U. acerca del Canal antes del 9 de enero de 1964. Continúo y concluyo el estudio de dicha presidencia.
El 21 de septiembre de 1960, con el visto bueno del presidente Eisenhower, se izó la bandera panameña junto a la norteamericana en el Triángulo Shaler, como signo del reconocimiento por E.U. de la soberanía titular panameña sobre el territorio de la Zona del Canal. El 2 de julio de 1963, se disolvió la Comisión de Alto Nivel que se había creado a partir de la visita de Chiari a Kennedy por falta de resultados, no sin antes anunciar como su principal logro práctico que la autorización de Eisenhower de izar la bandera panameña al lado de la estadounidense se extendería de un sitio a todos los sitios civiles en la Zona del Canal. Ocupado por la confrontación con la Unión Soviética y China, Kennedy no le asignaba la debida atención al conflicto virtual con Panamá. El 22 de noviembre, Kennedy fue asesinado sin haber alterado su línea básicamente dura contra la abrogación del Convenio de 1903 y su sustitución por un nuevo tratado.
El 7 de enero de 1964 estudiantes norteamericanos izaron la bandera de los E.U. sola en los predios del colegio de Balboa. El Gobernador Fleming actuó con debilidad frente a este deconocimiento de la política oficial de E.U. y el 9 de enero por la tarde salió en avión para Washington.
Cuando una delegación de estudiantes del Instituto Nacional ingresó pacificamente en la Zona y llegó hasta el colegio de Balboa con la intención de izar la bandera panameña al lado de la norteamericana y cantar el himno nacional, fueron insultados, golpeados, incluso con toletazos, y obligados a retroceder. Se trató de arrebatarles la bandera panameña, la cual en el proceso fue desgarrada y pisoteada. La confrontación fue agravándose, hasta que surgieron armas y el Coronel David Parker, quien había quedado como sustituto del gobernador Fleming, cometió el gravísimo error de hacer intervenir al Ejército de los E.U. a lo largo de la Avenida 4 Julio que servía de frontera entre la Zona y la ciudad de Panamá. El resultado fue un saldo de 21 muertos y cerca de 500 heridos panameños y 4 de muertos y cerca de 100 heridos norteamericanos. Durante toda la confrontación y los días subsiguientes, la Guardia Nacional panameña se mantuvo acuartelada y brilló por su ausencia. Ni defendió a los panameños y ni tomó medidas para evitar cualquier desorden público que hubiera podido producirse y que por la postura que adoptó el presidente Chiari no se produjo.
Se dio entonces, según la expresión de Jaén Suárez, “una actividad diplomática frenética”. El presidente Chiari introdujo un nuevo factor, a la vez en los hechos y en el espíritu de la lucha panameña por perfeccionar nuestra independencia y lograr la plena soberanía sobre todo nuestro territorio. Ese factor fue el rompimiento de relaciones diplomáticas, medida sugerida por el abogado Eloy Benedetti y algo hasta entonces impensable en un Panamá mediatizado y relativamente sumiso, interesado sobre todo en adquirir nuevas ventajas comerciales con una estrategia revisionista. Al recurrir a la Organización de los Estados Americanos y en mucho menor grado a la Organización de Naciones Unidas, se dio un paso cualitativamente importante hacia la internacionalización del conflicto. Por otra parte, la duda que muchos tenían sobre la determinación panameña de afrontar la muerte, si fuera necesario, por rescatar la plena y global soberanía sobre todo el territorio nacional, quedó eliminada.
Cuando el presidente Johnson llamó por teléfono el 10 de enero a las 11:40 a.m. al presidente Chiari para anunciarle que estaba “enviando a mi representante de confianza, el Sub-secretario Tomas Mann, para que nos asista en encontrar una solución”, el presidente panameño lo interrumpió y le dijo en inglés, sin duda para que no quedara el menor malentendido debido a la traducción: “Permítame un momento, señor presidente... le diré lo mismo que pienso decirle al señor Mann. Siento señor presidente, que lo que necesitamos es una revisión completa de todos los tratados que afectan relaciones entre Panamá y Estado Unidos “. En ese momento memorable, el presidente civil de Panamá se hizo el vocero de la aspiración más profunda de la nación panameña y en el lenguaje de “la revisión” planteó, como reclamo fundamental panameño, la abrogación de la Convención de 1903.
Ello lo ratificó en la visita que le hizo el 12 y el 13 de enero el enviado norteamericano Thomas Mann. Este consideró la segunda reunión solemne y oficiosa, pero amable en todo momento. Sin embargo, tuvo la impresión de que Chiari parecía “casi amargo” cuando hablaba de su frustración para llegar a un acuerdo con E.U. en el pasado. Recordaba, sin duda, su experiencia en la visita a Washington. Más hondo guardaba, sin duda, el recuerdo de la experiencia, que me confirmó recientemente su hermano Don Ricardo Chiari, de haber trabajado de joven durante un año en el transbordador (“ferry”) de la Zona del Canal, entonces bajo el régimen discriminatorio del “gold roll” y el “silver roll”.
Con gran firmeza, Chiari le dijo a Mann que Panamá había decidido retirar su personal diplomático y solicitó que E.U. hiciera otro tanto y también que evacuara la base de Río Hato por mar en no más de cuatro semanas. Añadió que la condición para restablecer relaciones era “aceptar un nuevo comienzo, considerar los tratados abrogados y sentarse a negociar un justo precio tanto para Panamá como para los Estados Unidos”.
Se produjo un enjambre de iniciativas diplomáticas en el plano internacional para presionar al presidente Chiari a reanudar relaciones con E.U. sin un compromiso de abrogación. Y también un enjambre de posturas políticas partidarias en el plano nacional que se confrontaron dentro del marco de una muy frágil unidad nacional, el cual no impidió sospechas infundadas de intervencionismo comunista y rumores especulativos de golpe de Estado. La determinación de Chiari, por el impacto político y psicológico que tuvo, salvó a Panamá del entreguismo internacional y del divisionismo nacional.
Chiari no estuvo solo en el país. Contó con la contribución ejemplar de Mons. Marco Gregorio McGrath, entonces Obispo Auxiliar de Panamá y encargado de la Arquidiócesis, quien desde el 11 de enero promovió que la Iglesia Católica declarara la justicia de la causa panameña.
Y Chiari tampoco estuvo solo en el gobierno. Contó con la experiencia e inteligencia del Ministro de Relaciones Exteriores Galileo Solís, con la clarividente y decidida colaboración de Miguel Moreno Almengor, ex -ministro de Relaciones Exteriores, quien como Embajador de Panamá en la OEA formuló el 31 de enero de 1964 formal denuncia de agresión contra E.U. en sesión extraordinaria del Consejo de la OEA, y solicitó la convocatoria del Organo de Consulta en aplicación del TIAR. También negoció y firmó la Declaración Conjunta Moreno-Bunker, el 3 de abril de 1964, por la cual se restablecían las relaciones diplomáticas y ambos países se comprometían a designar “Embajadores Especiales con poderes suficientes para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto entre los dos países, sin limitaciones ni precondiciones de ninguna clase, con el objeto de llegar a un convenio justo y equitativo que estaría sujeto a los procedimientos constitucionales de cada país”. Contó con Aquilino Boyd, quien elevó denuncias ante le Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Contó durante los últimos seis meses de su gobierno con el trabajo insistente como negociador de Jorge Illueca, quien firmó el 24 de julio, con el negociador norteamericano Robert B. Anderson, el temario de 6 puntos, incluyendo las “cuestiones de soberanía” y la “duración de las concesiones”, lo que le garantizaba a Panamá que tendría la oportunidad de discutir los temas políticos que más le interesaban.
Así, por primera vez en su historia, Panamá internacionalizaba sus diferencias con los E.U. , y, en esa medida, no perdió terreno frente a los E.U., lo cual quedó como una lección fundamental de cara al futuro.
El 12 de marzo los representantes de los dos gobiernos aceptaron el texto de una declaración conjunta que decía que ambos gobiernos “han convenido en restablecer relaciones diplomáticas a la brevedad posible para procurar la pronta eliminación de las causas de conflicto relativas al Canal de Panamá y para resolver otros problemas existentes entre ellos, sin limitaciones o precondiciones de ninguna especie” y que a más tardar en 30 días “ambos gobiernos nombrarán Embajadores Especiales con poderes suficientes para llevar a cabo discusiones y negociaciones con el objeto de llegar a un convenio justo y equitativo que elimine las antedichas causas de conflicto y resuelva los demás problemas referidos. Cualesquieraconvenios que resulten estarán sujetos a los procedimientos constitucionales de cada país”. El texto en virtud del cual Panamá aceptó restablecer relaciones no comprometía a los E.U. formalmente a un nuevo tratado, pero no limitaba a Panamá al mero revisonismo. De hecho dejaba la puerta abierta para que Panamá planteara la abrogación y los E.U. no pudieran rechazar discutirla. El 15 de marzo el presidente Chiari dio su interpretación amplia del texto y el 16 el presidente Johnson le salió al paso con una interpretación restrictiva. De nuevo fue necesario regresar a la discusión previa al restablecimiento de relaciones. Johnson y Chiari intentaron aproximarse el uno al otro sin desdecirse. Y el 3 de abril, Miguel Moreno y Ellsworth Bunker firmaron un documento en virtud del cual se restablecieron las relaciones y se inició una nueva negociación en términos equivalentes a los anteriores.
Panamá no había ganado la partida, pero tampoco la había perdido. Y para Panamá ya eso era un avance en la ruta abrogacionista que había trazado el presidente Roberto F. Chiari, con razón denominado “el Presidente de la dignidad”. (Continuará la próxima semana)

(ariyan@sinfo.net)

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