Recordar el Futuro: Desarrollo del Estado Nacional. La primera presidencia de Arnulfo Arias No.3
La semana pasada continué el análisis de la primera presidencia de Arnulfo Arias. Aunque duró apenas un poco más de un año, marcó la relación entre el pueblo panameño y el caudillo gobernante social cuya influencia se ha dejado sentir desde 1931 hasta más allá de su muerte en 1988. Consideré la tendencia autoritaria de su "Panameñismo", la proximidad al fascismo de su primer programa, pero también la determinación de renovación institucional y social que animó su gestión y el sentido de identidad nacionalista que le imprimió a la vida política panameña.
La política internacional fue el talón de Aquiles de Arnulfo Arias. El 1 de mayo de 1941 firmó con el presidente Calderón Guardia de Costa Rica, el tratado en virtud del cual Panamá aceptó el fallo White en la delimitación de su frontera común, a pesar de que la opinión pública seguía firmemente opuesta a lo que consideraba una ignominiosa injusticia.
Además, no comprendió que, estando en guerra, los Estados Unidos (EU) difícilmente podía permitir en torno al Canal un gobierno que sospechaba de simpatizar con su principal enemigo. Su trato y sus intercambios formales con EU fueron diplomáticamente correctos e incluso amicales. Pero para efectos de la defensa del Canal, sobre la base del Tratado Arias-Roosevelt de 1936, EU pretendió el arrendamiento de importantes extensiones de terreno en diferentes partes del país por el lapso, increíble y evidentemente inaceptable, de 999 años. Además, solicitó autorización para que los barcos bajo bandera panameña se pudieran artillar, lo que era mucho más razonable; ya que dos barcos bajo nuestra bandera acababan de ser hundidos por submarinos alemanes.
Harmodio Arias, en el Tratado de 1936, supo conquistar espacios de soberanía y ventajas económicas para Panamá, al mismo tiempo que respetó los intereses geopolíticos de los EU como potencia emergente de primer rango, sobre todo en caso de conflagración internacional. Arnulfo Arias no supo distinguir las solicitudes excesivas de los EU, que era de rigor denegar, de las solicitudes razonables para tiempos de una guerra en la cual el Canal podía ser objeto de ataque directo. Personalmente me acuerdo del sonido de sirena advirtiendo de posible ataque aéreo contra Panamá, en los días después de que Japón le declaró la guerra a los EU.
He podido leer la "traducción literal" del inglés al español de 17 documentos del Departamento de Estado de los EU, del 1 de agosto de 1940 hasta enero de 1943, referentes al seguimiento del Dr. Arnulfo Arias por el personal diplomático y de inteligencia de los EU. La mayoría era de informantes esporádicos o regulares para sus contactos diplomáticos o de inteligencia, aunque algunos fueron dirigidos directamente al Secretario de Estado y a su Adjunto. Estos documentos confirman que Arnulfo Arias fue durante esos años una preocupación constante de diversas agencias del Gobierno de los EU, y trasmiten una imagen suya en función de los siguientes temas: sus presuntos contactos con funcionarios o agentes alemanes nazi y con otros latinoamericanos simpatizantes del Eje; las elecciones por las cuales Arnulfo Arias fue "impuesto" como presidente y el papel que podrían haber jugado alemanes nazi en las mismas; las declaraciones atribuidas a Arnulfo Arias sobre los EU y sus intereses militares y en qué medida sus palabras se traducirían en actos. También se preocupaban por las concesiones de juegos de azar en su gobierno, el hecho que las concesiones vigentes se eliminaban un día para que al siguiente se otorgaran a nombre de arnulfistas; el trato injusto de los chinos obligados a cerrar o vender sus comercios al por menor a precios irrisorios, incluso a la misma persona que presentó la ley que los redujo a esta opción; la masacre por la Policía de 12 de 23 colonos agrícolas alemanes en Cotito; su viaje a Costa Rica donde habría intentado difundir su "avanzado nacionalismo"; la preocupación de que por ley se incluyera también a los judíos en la categoría de inmigración prohibida (esta preocupación debe haber sido con su posible inclusión formal, porque ya bajo la categoría de "razas originarias ...[del] Asia Menor" los judíos de esta región podían ser materialmente excluidos); los lugares que Arnulfo Arias visitaba en su viajes de exilio y los contactos que establecía. Un oficial informante resumió la imagen que los funcionarios norteamericanos tenían del presidente Arnulfo Arias de la siguiente manera: "nacionalista, casi fascista y deshonesto". Inútil destacar el peligro que esta imagen representaba para el propio presidente y para Panamá.
En razón de estos informes, hubo funcionarios de EU quienes aconsejaron colocar a Arnulfo Arias en la lista de "nacionales bloqueados especiales" en cuanto a transferencias financieras, pero se argumentó en contra que "él tiene aún seguimiento político en Panamá y que cualquier paso positivo contra él sería irremediablemente una interferencia en las políticas internas de otras repúblicas americanas". Se concluyó por ello cautelosamente que "aunque Arias ha estado bajo constante vigilancia, bajo instrucciones del Departamento, hay una diferencia entre seguir las actividades de un individuo que puede ser hostil y tomar un paso positivo para estigmatizarlo como enemigo."
Esta primera experiencia con un Arnulfo Arias de un nacionalismo radical y excluyente de nuevos inmigrantes en base a su identidad racial y actividad económica, a quien se acusaba de simpatía por los enemigos de guerra de los EU, reveló lo esencial de lo que sería la política futura de los EU hacia él: preferir que no estuviera en el poder y cooperar en este sentido, pero dejar la puerta entreabierta por si se hacía necesario entenderse con él. Arnulfo Arias, por su parte, jugará en el futuro un juego complementario con los Estados Unidos: llevarles a veces la contra por lo menos retóricamente, pero nunca romper con ellos y, sí necesario, entenderse con ellos.
El 6 de octubre, en vísperas de su viaje incógnito, sin autorización constitucional, su Gabinete votó a tres a tres sobre la solicitud norteamericana de que se permitiera artillar los barcos con bandera panameña. El presidente decidió por la negativa.
Todo hace pensar que las autoridades norteamericanas, al comprobar que el presidente había salido del país sin autorización en avión de Panamerican Aiways hacia Cuba por razones aparentemente privadas (de índole médica, según su versión; pero posiblemente de índole sentimental -una cubana llamada Anita de la Vega - y hay quienes sugieren que su viaje tuvo que ver con una reunión confidencial de quienes tenían posiciones internacionales comunes, para lo cual no hay ningún hecho concreto que lo corrobore) avisaron al Comandante de la Policía Nacional, Rogelio Fábrega, quien informó al Ministro de Gobierno y Justicia, Ricardo Adolfo de la Guardia, instándolo a que asumiera el poder (el día anterior dicho Ministro en el Gabinete había votado contra el Presidente a favor de permitir que se artillaran los buques). Cuando el Dr. Arias quiso regresar por Cristóbal, las autoridades zoneítas le rehusaron asilo, fue conducido a la Cárcel Modelo y luego deportado a Nicaragua, desde donde se exilió primero en México y posteriormente en Argentina.
Su intempestivo viaje le jugó en las manos a los norteamericanos, inseguros de su lealtad en plena guerra, a la Policía Nacional, resentida por el papel del militar guatemalteco y probablemente por la formación de grupos paramilitares, y a destacados civiles que, temerosos por la suerte de la democracia en Panamá en razón de su autoritarismo, comenzaban a reunirse con miras a un golpe de Estado, entre los cuales estaban José Isaac Fábrega, Francisco Arias Paredes, Octavio Fábrega, Marco A. Robles y Víctor Florencio Goytía, con quienes los norteamericanos ya habían tomado contacto.
Una vez más se utilizó el recurso a un constitucionalismo de fachada para que los designados de la primera mitad del período presidencial no ocuparan la presidencia: el primero, Dr. José Pezet, rehusó acomodarse y fue de hecho descartado, mientras que el segundo, Ernesto Jaén Guardia, cuñado de Ricardo Adolfo de la Guardia, asumió por una horas la presidencia y decidió ratificar al gabinete y renunció de manera que se pudiera aplicar el artículo 116 atribuyéndole la presidencia a un Ministro de Estado elegido por el gabinete, y luego fue nombrado Embajador en Washington. El tercer designado, Aníbal Ríos, entonces Ministro en el Perú , no fue llamado por decisión de los partidos y de la Fuerza Pública, pero eventualmente se le destituyó al no querer renunciar a su derecho a la sucesión. Los EU, sin duda, consideraban a De la Guardia un amigo, como lo probó el hecho de que se mantuvo de facto en la presidencia hasta terminada la guerra en 1945.
De esta experiencia data el conflicto entre el Dr. Arnulfo Arias y la Policía Nacional, luego la Guardia Nacional. Muchos ciudadanos, por una parte, se identificaban en su condición socioeconómica con el liderazgo de Arnulfo Arias, pero sin formar ni gremios pujantes como tales, ni tan siquiera partidos grandes y modernos que les garantizaran una participación pluralista, y las organizaciones policiales, por otra parte, servían de sostén al incipiente militarismo del estado panameño.
La pugna entre una movilización populista y un estatismo militarizante atascó la capacidad de consolidar el estado nacional, para lo cual era un prerequisito establecer una nueva relación con los EU. Ello condujo el país progresivamente a un callejón sin salida generador de las condiciones de un golpe de Estado militar que pondría fin a esta segunda etapa de nuestra historia republicana.
De los tres caudillos gobernantes que Panamá tuvo en su primer siglo de historia republicana, Arnulfo Arias Madrid fue sin duda el de personalidad más compleja. Conjugó los rasgos del hombre de origen campesino, con las características del primer panameño que se graduó de médico en la Universidad de Harvard, a la vez que el carácter del político carismático y atrayente como opositor, pero impositivo e incluso autocrático como gobernante, deseoso de cambiar revolucionariamente su país; sin embargo eventualmente dispuesto a pactar con los políticos oligárquicos y con los mismos norteamericanos que se suponía eran sus enconados adversarios. Profesaba un pensamiento que al inicio se aproximó al fascismo y terminó incluyendo evidentes componentes esotéricos de la variante rosacruz. Además a esta personalidad compleja le tocó ejercer su liderazgo en momentos muy contrastantes: en plena crisis económica de comienzo de los treinta, al inicio de la Segunda Guerra Mundial a comienzos de los cuarenta, en plena guerra fría a principios de los años cincuenta y a fines de los sesenta, cuando se vivía el último impulso del mundo marxista leninista y se preparaba ya su eventual desmantelamiento. Era evidente que en estas circunstancias la política no podía dejar de cambiar a veces profundamente, especialmente si por carácter el caudillo gobernante era propenso a decisiones unipersonales intempestivas.
La Segunda Guerra Mundial condicionó la caída de Arnulfo Arias y la duración del gobierno de facto de Ricardo Adolfo de la Guardia, como también del exilio del Dr. Arias. Así en este contexto se desató la dinámica conflictiva entre un militarismo ascendente y un populismo recurrente que produciría primero 16 años de inestabilidad, con violaciones del orden constitucional, seguidos por 14 años de relativa estabilidad constitucional, pero sin solución de la relación entre la Guardia militarizada y el poder civil y sin la superación de una relación semi-colonial entre Panamá y los EU, antes de que se produjera el estallido del 11 de octubre de 1968.
(ariyan@sinfo.net)
La política internacional fue el talón de Aquiles de Arnulfo Arias. El 1 de mayo de 1941 firmó con el presidente Calderón Guardia de Costa Rica, el tratado en virtud del cual Panamá aceptó el fallo White en la delimitación de su frontera común, a pesar de que la opinión pública seguía firmemente opuesta a lo que consideraba una ignominiosa injusticia.
Además, no comprendió que, estando en guerra, los Estados Unidos (EU) difícilmente podía permitir en torno al Canal un gobierno que sospechaba de simpatizar con su principal enemigo. Su trato y sus intercambios formales con EU fueron diplomáticamente correctos e incluso amicales. Pero para efectos de la defensa del Canal, sobre la base del Tratado Arias-Roosevelt de 1936, EU pretendió el arrendamiento de importantes extensiones de terreno en diferentes partes del país por el lapso, increíble y evidentemente inaceptable, de 999 años. Además, solicitó autorización para que los barcos bajo bandera panameña se pudieran artillar, lo que era mucho más razonable; ya que dos barcos bajo nuestra bandera acababan de ser hundidos por submarinos alemanes.
Harmodio Arias, en el Tratado de 1936, supo conquistar espacios de soberanía y ventajas económicas para Panamá, al mismo tiempo que respetó los intereses geopolíticos de los EU como potencia emergente de primer rango, sobre todo en caso de conflagración internacional. Arnulfo Arias no supo distinguir las solicitudes excesivas de los EU, que era de rigor denegar, de las solicitudes razonables para tiempos de una guerra en la cual el Canal podía ser objeto de ataque directo. Personalmente me acuerdo del sonido de sirena advirtiendo de posible ataque aéreo contra Panamá, en los días después de que Japón le declaró la guerra a los EU.
He podido leer la "traducción literal" del inglés al español de 17 documentos del Departamento de Estado de los EU, del 1 de agosto de 1940 hasta enero de 1943, referentes al seguimiento del Dr. Arnulfo Arias por el personal diplomático y de inteligencia de los EU. La mayoría era de informantes esporádicos o regulares para sus contactos diplomáticos o de inteligencia, aunque algunos fueron dirigidos directamente al Secretario de Estado y a su Adjunto. Estos documentos confirman que Arnulfo Arias fue durante esos años una preocupación constante de diversas agencias del Gobierno de los EU, y trasmiten una imagen suya en función de los siguientes temas: sus presuntos contactos con funcionarios o agentes alemanes nazi y con otros latinoamericanos simpatizantes del Eje; las elecciones por las cuales Arnulfo Arias fue "impuesto" como presidente y el papel que podrían haber jugado alemanes nazi en las mismas; las declaraciones atribuidas a Arnulfo Arias sobre los EU y sus intereses militares y en qué medida sus palabras se traducirían en actos. También se preocupaban por las concesiones de juegos de azar en su gobierno, el hecho que las concesiones vigentes se eliminaban un día para que al siguiente se otorgaran a nombre de arnulfistas; el trato injusto de los chinos obligados a cerrar o vender sus comercios al por menor a precios irrisorios, incluso a la misma persona que presentó la ley que los redujo a esta opción; la masacre por la Policía de 12 de 23 colonos agrícolas alemanes en Cotito; su viaje a Costa Rica donde habría intentado difundir su "avanzado nacionalismo"; la preocupación de que por ley se incluyera también a los judíos en la categoría de inmigración prohibida (esta preocupación debe haber sido con su posible inclusión formal, porque ya bajo la categoría de "razas originarias ...[del] Asia Menor" los judíos de esta región podían ser materialmente excluidos); los lugares que Arnulfo Arias visitaba en su viajes de exilio y los contactos que establecía. Un oficial informante resumió la imagen que los funcionarios norteamericanos tenían del presidente Arnulfo Arias de la siguiente manera: "nacionalista, casi fascista y deshonesto". Inútil destacar el peligro que esta imagen representaba para el propio presidente y para Panamá.
En razón de estos informes, hubo funcionarios de EU quienes aconsejaron colocar a Arnulfo Arias en la lista de "nacionales bloqueados especiales" en cuanto a transferencias financieras, pero se argumentó en contra que "él tiene aún seguimiento político en Panamá y que cualquier paso positivo contra él sería irremediablemente una interferencia en las políticas internas de otras repúblicas americanas". Se concluyó por ello cautelosamente que "aunque Arias ha estado bajo constante vigilancia, bajo instrucciones del Departamento, hay una diferencia entre seguir las actividades de un individuo que puede ser hostil y tomar un paso positivo para estigmatizarlo como enemigo."
Esta primera experiencia con un Arnulfo Arias de un nacionalismo radical y excluyente de nuevos inmigrantes en base a su identidad racial y actividad económica, a quien se acusaba de simpatía por los enemigos de guerra de los EU, reveló lo esencial de lo que sería la política futura de los EU hacia él: preferir que no estuviera en el poder y cooperar en este sentido, pero dejar la puerta entreabierta por si se hacía necesario entenderse con él. Arnulfo Arias, por su parte, jugará en el futuro un juego complementario con los Estados Unidos: llevarles a veces la contra por lo menos retóricamente, pero nunca romper con ellos y, sí necesario, entenderse con ellos.
El 6 de octubre, en vísperas de su viaje incógnito, sin autorización constitucional, su Gabinete votó a tres a tres sobre la solicitud norteamericana de que se permitiera artillar los barcos con bandera panameña. El presidente decidió por la negativa.
Todo hace pensar que las autoridades norteamericanas, al comprobar que el presidente había salido del país sin autorización en avión de Panamerican Aiways hacia Cuba por razones aparentemente privadas (de índole médica, según su versión; pero posiblemente de índole sentimental -una cubana llamada Anita de la Vega - y hay quienes sugieren que su viaje tuvo que ver con una reunión confidencial de quienes tenían posiciones internacionales comunes, para lo cual no hay ningún hecho concreto que lo corrobore) avisaron al Comandante de la Policía Nacional, Rogelio Fábrega, quien informó al Ministro de Gobierno y Justicia, Ricardo Adolfo de la Guardia, instándolo a que asumiera el poder (el día anterior dicho Ministro en el Gabinete había votado contra el Presidente a favor de permitir que se artillaran los buques). Cuando el Dr. Arias quiso regresar por Cristóbal, las autoridades zoneítas le rehusaron asilo, fue conducido a la Cárcel Modelo y luego deportado a Nicaragua, desde donde se exilió primero en México y posteriormente en Argentina.
Su intempestivo viaje le jugó en las manos a los norteamericanos, inseguros de su lealtad en plena guerra, a la Policía Nacional, resentida por el papel del militar guatemalteco y probablemente por la formación de grupos paramilitares, y a destacados civiles que, temerosos por la suerte de la democracia en Panamá en razón de su autoritarismo, comenzaban a reunirse con miras a un golpe de Estado, entre los cuales estaban José Isaac Fábrega, Francisco Arias Paredes, Octavio Fábrega, Marco A. Robles y Víctor Florencio Goytía, con quienes los norteamericanos ya habían tomado contacto.
Una vez más se utilizó el recurso a un constitucionalismo de fachada para que los designados de la primera mitad del período presidencial no ocuparan la presidencia: el primero, Dr. José Pezet, rehusó acomodarse y fue de hecho descartado, mientras que el segundo, Ernesto Jaén Guardia, cuñado de Ricardo Adolfo de la Guardia, asumió por una horas la presidencia y decidió ratificar al gabinete y renunció de manera que se pudiera aplicar el artículo 116 atribuyéndole la presidencia a un Ministro de Estado elegido por el gabinete, y luego fue nombrado Embajador en Washington. El tercer designado, Aníbal Ríos, entonces Ministro en el Perú , no fue llamado por decisión de los partidos y de la Fuerza Pública, pero eventualmente se le destituyó al no querer renunciar a su derecho a la sucesión. Los EU, sin duda, consideraban a De la Guardia un amigo, como lo probó el hecho de que se mantuvo de facto en la presidencia hasta terminada la guerra en 1945.
De esta experiencia data el conflicto entre el Dr. Arnulfo Arias y la Policía Nacional, luego la Guardia Nacional. Muchos ciudadanos, por una parte, se identificaban en su condición socioeconómica con el liderazgo de Arnulfo Arias, pero sin formar ni gremios pujantes como tales, ni tan siquiera partidos grandes y modernos que les garantizaran una participación pluralista, y las organizaciones policiales, por otra parte, servían de sostén al incipiente militarismo del estado panameño.
La pugna entre una movilización populista y un estatismo militarizante atascó la capacidad de consolidar el estado nacional, para lo cual era un prerequisito establecer una nueva relación con los EU. Ello condujo el país progresivamente a un callejón sin salida generador de las condiciones de un golpe de Estado militar que pondría fin a esta segunda etapa de nuestra historia republicana.
De los tres caudillos gobernantes que Panamá tuvo en su primer siglo de historia republicana, Arnulfo Arias Madrid fue sin duda el de personalidad más compleja. Conjugó los rasgos del hombre de origen campesino, con las características del primer panameño que se graduó de médico en la Universidad de Harvard, a la vez que el carácter del político carismático y atrayente como opositor, pero impositivo e incluso autocrático como gobernante, deseoso de cambiar revolucionariamente su país; sin embargo eventualmente dispuesto a pactar con los políticos oligárquicos y con los mismos norteamericanos que se suponía eran sus enconados adversarios. Profesaba un pensamiento que al inicio se aproximó al fascismo y terminó incluyendo evidentes componentes esotéricos de la variante rosacruz. Además a esta personalidad compleja le tocó ejercer su liderazgo en momentos muy contrastantes: en plena crisis económica de comienzo de los treinta, al inicio de la Segunda Guerra Mundial a comienzos de los cuarenta, en plena guerra fría a principios de los años cincuenta y a fines de los sesenta, cuando se vivía el último impulso del mundo marxista leninista y se preparaba ya su eventual desmantelamiento. Era evidente que en estas circunstancias la política no podía dejar de cambiar a veces profundamente, especialmente si por carácter el caudillo gobernante era propenso a decisiones unipersonales intempestivas.
La Segunda Guerra Mundial condicionó la caída de Arnulfo Arias y la duración del gobierno de facto de Ricardo Adolfo de la Guardia, como también del exilio del Dr. Arias. Así en este contexto se desató la dinámica conflictiva entre un militarismo ascendente y un populismo recurrente que produciría primero 16 años de inestabilidad, con violaciones del orden constitucional, seguidos por 14 años de relativa estabilidad constitucional, pero sin solución de la relación entre la Guardia militarizada y el poder civil y sin la superación de una relación semi-colonial entre Panamá y los EU, antes de que se produjera el estallido del 11 de octubre de 1968.
(ariyan@sinfo.net)