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Recordar el Futuro: Política y Gobernantes Desarrollo del Estado Nacional: Presidencia de Harmodio Arias


La semana pasada consideré el golpe del 2 de enero de 1931 con relación a la realidad del evento, en sus implicaciones jurídicas y en cuanto al papel presidencial que jugó el Dr. Ricardo J. Alfaro, sobre todo al dejar el ejemplo de las elecciones en las que ganó en buena lid el Dr. Harmodio Arias Madrid, llamado “el candidato de los pobres”, cuya victoria fue reconocida por su contendor, Francisco Arias Paredes, “el caballero de la política”.

Harmodio Arias fue uno de los beneficiarios de las becas al extranjero que autorizó la Ley 11 del 23 de marzo de 1904. Nacido en 1886, a los veinte años ingresó al Colegio St. John de la Universidad de Cambridge de donde se graduó en 1909 de Licenciado en Artes y en Derecho. Luego ingresó a la Universidad de Londres, donde obtuvo en 1911 el doctorado con honores, habiendo presentado una tesis sobre El Canal de Panamá, Un estudio de derecho internacional y diplomacia. De regreso a Panamá sirvió como Subsecretario de Relaciones Exteriores, fue miembro de una de las comisiones encargadas de redactar los códigos legales durante la primera presidencia de Porras y fue electo diputado para el período de 1924 a 1928, durante el cual fue uno de los principales opositores del Tratado Kellog-Alfaro, que la Asamblea no aprobó.
Harmodio Arias presidió el mejor gobierno en varias décadas y uno de los mejores del primer siglo de la República. Proveniente de Penonomé, se podría pensar que por un conservadurismo raizal habría efectuado un “retorno al modelo tradicional,” como lo han afirmado los historiadores Araúz y Pizzurno sobre todo fijándose en su práctica electoral. Pero en realidad la gestión de gobierno de Harmodio Arias representó el inicio del desarrollo de la República como estado nacional.
En primer lugar, fortaleció la acción del Estado en el plano económico. Sancionó la Ley 11 de 1932, la llamada “Ley de Hierro” en virtud de la cual se rebajaron los sueldos de los empleados públicos, pero al mismo tiempo se rebajaron las tarifas de electricidad y los cánones de arrendamiento de viviendas. La Ley 18 de noviembre del 1932 creó la Junta del Inquilinato con representación de caseros, arrendatarios y el gobierno, que procedió a arrendar 695 cuartos para alojar a los sin casa. Las leyes 20 y 23 de 1934 autorizaron al Ejecutivo a comprar tierras para adjudicárselas a agricultores necesitados y se creó la Junta Agraria para reglamentar estas leyes. Estableció colonias agrícolas en Capira y Paja que beneficiaron a unas 400 familias. En virtud de la Ley 34 de 1932 que autorizaba al Presidente a tomar cualquiera medida necesaria para mejorar la hacienda pública, constituyó el Fondo del Obrero y del Agricultor para ejecutar obras públicas y proporcionar trabajo. Promulgó una Ley de Jubilaciones, que no prosperó por falta de recursos. Y estableció la Caja de Ahorros, al mismo tiempo que reforzó el Banco Nacional y la Contraloría. A la vez que hizo del Estado un agente económico más decisivo, Harmodio Arias lo dotó de una mayor capacidad para actuar financieramente en la sociedad.
En segundo lugar, Arias y su secretario de Educación, José Pezet, a pesar de las estrecheces financieras, reconocieron y subvencionaron La Escuela Libre de Derecho, ayudaron a establecer la llamada Universidad Popular (obrera) y crearon el Instituto Pedagógico y el Centro de Estudios Pedagógicos e Hispanoamericanos. El 29 de mayo de 1935 firmaron el Decreto Ejecutivo No. 29 por el cual crearon la Universidad, a pesar de la oposición expresada por Octavio Méndez Pereira, quien luego fue su primer Rector. Mientras que éste había favorecido cursos preuniversitarios como los del “Junior College” de Balboa, que permitieran a jóvenes panameños ingresar luego a universidades norteamericanas, Arias y Pezet insistieron en la creación de una universidad nacional completa. Crearon así, con el Estado como agente cultural y social, la institución que nacionalizaría la educación superior en Panamá y formaría una clase media profesional con sentido de panameñidad, indispensable para la dirigencia del Estado Nacional.
En su discurso en la inauguración de dicha universidad, Harmodio Arias fue explícito: “Para el bienestar de un país es indispensable conseguir el afianzamiento de su personalidad internacional, su independencia económica y una gran fuerza moral que le sirva de estímulo para el bien y coraza invulnerable contra el mal. Pero es imposible, en las intrincadísimas complejidades de la vida moderna, amparar la nacionalidad, provocar su desarrollo material y gozar en su fecunda amplitud, si no existe la base de es fuerza moral, si no existe la base de todas las bases que se llama CULTURA...Creo yo que en el propósito explícito de que la Universidad sea la culminación de nuestro sistema escolar, está incluido también el propósito implícito de reforzar, con el servicio que ella puede ofrecer, los altos fines de la educación nacional, que, evidentemente, no pueden ser otros que los de consolidar y reafirmar los atributos espirituales de la nacionalidad panameña.”
Además, Harmodio Arias introdujo otro factor cultural nacional, al iniciar un periodismo independiente y hasta iconoclasta para la modernidad. También fue instrumental en la panameñización de la radiodifusión. “La República de Panamá entró a la era de la radiodifusión atada de pies y manos”, afirma el Lic. Fernando Correa. “Esto fue así porque en el año de 1914, mediante Decreto No.139, Panamá concede facultad al gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, para que controle todo lo relativo a las comunicaciones inalámbricas en territorio y aguas panameñas, conforme a las prerrogativas señaladas en el Tratado Hay-Bunau Varilla”. Los permisos de instalación de emisoras sólo se otorgaban a ciudadanos norteamericanos en la Zona del Canal. Ya en 1933 comenzó a funcionar Radio Tembleque, de alcance muy limitado. Como su funcionamiento era ilegal, el Ministro de Gobierno Galileo Solís la mandó cerrar.
Sin embargo, en su viaje a Washington como Presidente en ese mismo año, Harmodio Arias logró que se permitiera la instalación de emisoras en Panamá bajo ciertas garantías de seguridad para los Estados Unidos (EU). El 4 de octubre de 1934 se aprobó la Ley 12 que reglamentaba la radioemisión, exigiendo que los propietarios y directivos de las radioemisoras fueran panameños. Ese mismo año Radio Miramar y La Voz de Panamá recibieron su licencia e iniciaron operaciones. En la actualidad funcionan entre 100 y 107 emisoras, y la población continúa dependiendo para el comentario político mucho más de la radio que de ningún otro medio.
En tercer lugar, Harmodio Arias logró la primera revisión exitosa del Convenio canalero de 1903. Intercambió visitas con el Presidente Franklin D. Roosevelt en 1933 y 1934. Y después de año y medio de negociaciones, el 2 de marzo de 1936 firmó con Roosevelt el Tratado General de Amistad y Cooperación entre Panamá y Estados Unidos. Según Omar Jaén Suárez, “en este tratado se logra, al fin, un triunfo de primer orden al eliminarse cláusulas mediante las cuales se permitía la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos de Panamá y las que otorgaban el derecho, a la potencia del norte, a expandir la Zona del Canal unilateralmente. Se añadían ciertas conquistas de carácter económico...”, según piensa Omar Jaén Suárez. Sin embargo, “una nueva estipulación... ponía al país a merced de Estados Unidos en caso de conflagración internacional o de la existencia de cualquier amenaza de agresión en que peligre la seguridad de la República de Panamá”. Harmodio Arias hizo así la relación contractual con los EU. más compatible con la soberanía de un Estado nacional, demostrando que sí se podía cambiar dicha relación significativamente por negociación.
La seria falla del Presidente Harmodio Arias fue no haber presidido elecciones como aquéllas en las que resultó electo. Se prolongó, por ello, la falta de legitimidad democrática plena de los siguientes gobiernos, lo que propició que dependieran cada vez más de la fuerza pública y que estuvieran cada vez más dispuestos a militarizarla con el apoyo de los EU. Harmodio Arias emprendió la conformación del Estado nacional, pero lo dejó paradójicamente afectado de esta falla que obstaculiza su vigorosa realización. Al facilitar que se impusiera a Juan Demóstenes Arosemena como candidato y luego como Presidente, Harmodio Arias se distanció de los partidos Liberal Renovador, Liberal Demócrata y Liberal Doctrinario del sector de Acción Comunal que seguía a Víctor Florencio Goytía y del Partido Socialista, que candidatizaron a Domingo Díaz A. y que representaban una corriente política que demostró ser más democrática. Acuerpó al candidato Arosemena, primordialmente, el Partido Nacional Revolucionario, dirigido por el Dr. Arnulfo Arias, que representaba una corriente política que demostró ser más autoritaria. El Dr. Belisario Porras corrió por última vez por el Partido Liberal Unido y llegó de tercero.
Las tensiones en torno al torneo electoral fueron tales que se descubrió una conspiración para asesinar al Presidente; más tarde el Comandante en Jefe de la Policía Nacional, a pesar de ser cuñado del presidente, intentó un levantamiento en su contra; renunciaron en protesta varios ministros, y el Dr. Arnulfo Arias organizó una llamada “Guardia Civil”, de índole política, para defender al gobierno de una oposición enardecida por lo que consideraba el llamado “paquetazo de Veraguas” y por la exclusión por el Ejecutivo de un miembro del Jurado Nacional de Elecciones.
El Dr. Harmodio Arias Madrid hasta su muerte en 1962 fue un factor controvertido, pero innegable del poder público, como estadista consultado por presidentes en asuntos de nuestras relaciones con los Estados Unidos, y como propietario y director de El Panamá América. En torno a su personalidad de hombre inteligente, que había ido de Río Grande a Cambridge, respetado por su éxito, como temido por su habilidad se creó un mito que hacía que cuando un hecho político era sorprendente pero inteligentemente calculado, inmediatamente alguien conjeturaba “esas son cosas de Harmodio Arias”. La desfiguración que el mito le imponía a su personalidad rendía indirectamente tributo a su valía como hombre público serio, con visión de estadista, predispuesto al realismo político por la determinación de surgir por su propio esfuerzo tanto en la vida personal como en la nacional y, en consecuencia, por la complejidad de su carácter. El le dio su primera forma al proyecto de la segunda etapa de nuestra historia independiente, a saber convertir la República en Estado Nacional.

101 años de Panamá América

 
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