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Recordar, por la salud del pas



Es obvio que China no se parece a Irlanda, y que cualquier medida que favorezca a sus respectivas sociedades, por muy buena que sea, pasa por procesos de consenso y entendimientos que exigen de las partes involucradas madurez y, sobre todo, voluntad política. Aunque esto último fue seriamente considerado hasta mediados de los años 90, no hay mucha seguridad de que haya sobrevivido como intención y menos como decisión.
Por muchos años el país ha vivido situaciones de confrontación que por regla general engendraron resentimientos y dramas lamentables, así que cuando en 1990 retomamos la convivencia en democracia, muchas fueron las esperanzas que el panameño común puso en esa perspectiva. Pero sustentarla, en cualquier país donde se produzca un intento como el que experimenta Panamá, hace de la tolerancia una condición por excelencia para hacer del diálogo un método que supere intereses personales o de grupo, y de la aproximación una forma de hacer política, sin que eso signifique deponer propuestas, programas o principios.
No es, sin embargo, lo que se percibe en el Panamá de hoy. Un segmento importante de la población mira con aprehensión y hasta con cierta preocupación, la velocidad con que cambian ciertos conceptos promulgados a inicios de las administraciones de turno: amplitud, franqueza, conciliación, y que de manera sorprendente van cediendo espacio a la posibilidad del monopolio como fórmula de poder. Es cierto que en democracia quien tiene los votos gana el poder, pero no todo el tiempo quienes tienen los votos son garantía de que la administración responsable de ese poder, aunque sean grandes los partidos victoriosos, resuelva en sus estructuras partidarias los resultados electorales, una fórmula que por 70 años aplicó en México el Partido Revolucionario Institucional.
Sin que medie consenso alguno, sólo el dictamen de determinado colectivo político, la realidad panameña parece proyectar un futuro político arrogante, donde la fuerza del poder podría parecerse mucho al de la imposición, un escenario negativo que no es desconocido por el país, pero que por lo mismo despierta suspicacias y temores.

101 años de Panamá América

 
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