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Rectificación


Es evidente la incongruencia que aparece en la edición del sábado 13 de junio entre "El Pulso de Panamá" y la tercera glosa de "Confabulario". En la primera sección se encomia la capacidad de rectificar ("Dicho de una persona: enmendar sus actos o su proceder" -DRAE) del mandatario electo, mientras que en la otra se alaba la posición de una dama que pretende condenar al silencio permanente a una joven universitaria que no supo opinar sobre una sentencia de Confucio, ni sobre su autor. Lo que en el campo político es bueno, parece que en el campo intelectual no.

En materia de educación, como país, cojeamos de ambas piernas, y el que en estos asuntos esté libre de pecados que tire la primera piedra. Pocos días después del incidente, pregunté en un salón de clases, donde se gastaban chascarrillos por el episodio, cuál hubiera sido la respuesta correcta en cuanto a la frase y al autor; silencio sepulcral. Repetí la encuesta en contextos profesionales, con igual o parecido resultado, y eso que ya no teníamos el factor sorpresa en contra nuestra.

La joven aludida es producto de un sistema que no valora ni promueve las habilidades intelectuales, pero que le da portadas y "prime time" a los pillos de toda laya que medran en este país, constituyéndolos en detestables modelos. Estoy seguro de que esa muchacha, entre sus coetáneos, es una de las que hoy sabe más acerca de Confucio, aparte de que movió a miles en todo el mundo a buscar referencias sobre el Maestro Kong. Aplaudamos también su rectificación, considerémosnos responsables de esas pifias de nuestros jóvenes, pero procuremos ayudarlos a salir adelante, y no hagamos como el PROSI, que invirtió millones en canchas y en cárceles, y cero en modelar mejor la mente y la actitud de niños y adolescentes en riesgo, que es donde se registran los verdaderos y permanentes cambios.

101 años de Panamá América

 
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