Rector con pantalones
La declaración del rector del Instituto Nacional, en el sentido de que los alumnos revoltosos que causaron daños a su Alma Mater fueron expulsados, merece respaldo. No es posible seguir tolerando el vandalaje entre alumnos indisciplinados que arremeten contra la estructura y equipos de sus colegios, además de que por cualquier motivo baladí se lanzan a las vías públicas a cerrarlas.
Lamentamos que los padres de esos muchachos tengan ahora el problema de buscar en qué colegio matricularlos. Pero, desgraciadamente, en el hogar no han sabido cumplir sus funciones de educadores y orientadores de sus hijos, inculcándoles el respeto a la ley, a sus semejantes, a sus superiores y a los bienes ajenos y un repudio inquebrantable a la violencia.
No satisfacen los argumentos de sus defensores que alegan que tienen pruebas de que fueron otros los responsables. El caso actual es prueba de fuego para la sociedad. O protegemos el respeto o se desalentarán todos los directores de los colegios públicos ante el panorama de que se desconozca su autoridad. Ya hubo una amarga experiencia cuando una medida disciplinaria motivó la protesta de un grupo de profesores a quienes, irresponsablemente, el Ministerio de Educación les sacudió la mano tras haber acordado una medida disciplinaria a un grupo de malos alumnos. La libertad de acción y de opinión no pueden ser motivos para invocar la violencia y la destrucción.