¿Rector vitalicio?
MIENTRAS Martín Torrijos Espino, Presidente de la República, recorre los colegios de educación secundaria de la capital, para promover su proyecto de tercer juego de esclusas ante los estudiantes graduandos, sin que ello signifique preocupación alguna por la situación de la educación nacional, su protegido en la Universidad de Panamá busca la reelección que lo convertiría, en la práctica en una especie de rector vitalicio.
En un acto que contradice los fines de la Universidad de Panamá, y que revela el grado de descomposición a la que ha sido llevada la misma por las principales autoridades académico-administrativas, el pasado sábado 13 de mayo los Alí Agca de la academia, proclamaron por cuarta vez a Gustavo García de Paredes, candidato a rector para el período 2006-2011.
El acto en sí, fue un despliegue de la fanfarria electorera y clientelista que caracteriza a la clase que ha secuestrado la Universidad y que la utiliza como trampolín privado de sus intereses personales, a costa de los dineros que el pueblo pone en manos del Gobierno central. Utilización de las instalaciones universitarias, de los símbolos de la Universidad, propaganda impresa en la imprenta universitaria, afiches, banderolas, discursos fanáticos y un abominable servilismo de parte de quienes están llamados a educar y no a alabar.
"La Universidad es nuestro partido", vociferaba una y otra vez un vicerrector que, al mismo tiempo, es miembro de la junta directiva del denominado "Movimiento 2025", organización de carácter político-partidista que opera dentro de la Universidad, al amparo de su presidente honorario y de las actuales autoridades universitarias. "Gustavo: hoy rector, mañana presidente", rezaba una de las pancartas que, por sí sola, retrata el mismo culto a la personalidad que ha servido también para violar claras disposiciones de la legislación universitaria que prohíbe, "la asignación de cualquier espacio universitario con nombres de autoridades, profesores o administrativos, que se encuentren activos en el ejercicio de sus funciones". (Resolución 45-01 del Consejo Académico de 5 de diciembre de 2001). Oradores de todos los colores de los diversos grupos estudiantiles y administrativos que pelechan de la Universidad, se sucedieron en la tribuna para alabar y adular al "salvador", al "magnífico", como se hace llamar el rector eterno.
Lo acontecido en el Domo-Campus Harmodio Arias Madrid, es solo un reflejo del clima que reina en la Universidad de Panamá, el cual llena de satisfacción y orgullo a los rectores de los órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pues les garantiza no solo la reproducción de las escleróticas estructuras estatales, sino también la prolongación del predominio de la burocracia y la mediocridad, para poder seguir controlando el poder y el ensimismamiento de la cleptocracia que dirigen.
El repudio que el pueblo le dio a la reelección presidencial en el referéndum de 1998, parece haberse desvanecido de los encargados de cumplir la Ley y hoy apadrinan una nueva reelección en la Universidad de Panamá, a pesar de las claras disposiciones legales y fallos de la Corte Suprema de Justicia, que la prohíben e impiden.
Alexis de Tocqueville alertó sobre el despotismo democrático, el cual destruye cualquier pretensión liberadora. Hoy, el régimen de Martín parece haber logrado generar en, y hacia la Universidad, la indiferencia, el desprecio, la inercia masiva y un clima cultural desorientador y confuso que le sirve a sus propósitos de achicar y asfixiar las áreas de la decisión libre.
Valga hoy, ante lo que acontece, recordar, una vez más, las sabias palabras de Don Octavio Méndez Pereira en el discurso pronunciado en el acto inaugural de la Universidad de Panamá, el día 7 de octubre de 1935:
"Los panameños sabemos que debemos tener nuestro lugar en la acción científica y educadora de la vida superior universitaria, por el cultivo en los ciudadanos del amor puro de la verdad, el tesón de la labor cotidiana por encontrarla, la persuasión de que el interés de la ciencia y el interés de la patria deben sumarse en el alma de cada uno de nosotros. A la Universidad le toca demostrar que nuestra personalidad tiene raíces indiscutibles en nuestra naturaleza y en nuestra historia, que contamos con todos los elementos necesarios para construir un pueblo libre y consciente para tomar nuestro puesto en la obra colectiva de la civilización".
En un acto que contradice los fines de la Universidad de Panamá, y que revela el grado de descomposición a la que ha sido llevada la misma por las principales autoridades académico-administrativas, el pasado sábado 13 de mayo los Alí Agca de la academia, proclamaron por cuarta vez a Gustavo García de Paredes, candidato a rector para el período 2006-2011.
El acto en sí, fue un despliegue de la fanfarria electorera y clientelista que caracteriza a la clase que ha secuestrado la Universidad y que la utiliza como trampolín privado de sus intereses personales, a costa de los dineros que el pueblo pone en manos del Gobierno central. Utilización de las instalaciones universitarias, de los símbolos de la Universidad, propaganda impresa en la imprenta universitaria, afiches, banderolas, discursos fanáticos y un abominable servilismo de parte de quienes están llamados a educar y no a alabar.
"La Universidad es nuestro partido", vociferaba una y otra vez un vicerrector que, al mismo tiempo, es miembro de la junta directiva del denominado "Movimiento 2025", organización de carácter político-partidista que opera dentro de la Universidad, al amparo de su presidente honorario y de las actuales autoridades universitarias. "Gustavo: hoy rector, mañana presidente", rezaba una de las pancartas que, por sí sola, retrata el mismo culto a la personalidad que ha servido también para violar claras disposiciones de la legislación universitaria que prohíbe, "la asignación de cualquier espacio universitario con nombres de autoridades, profesores o administrativos, que se encuentren activos en el ejercicio de sus funciones". (Resolución 45-01 del Consejo Académico de 5 de diciembre de 2001). Oradores de todos los colores de los diversos grupos estudiantiles y administrativos que pelechan de la Universidad, se sucedieron en la tribuna para alabar y adular al "salvador", al "magnífico", como se hace llamar el rector eterno.
Lo acontecido en el Domo-Campus Harmodio Arias Madrid, es solo un reflejo del clima que reina en la Universidad de Panamá, el cual llena de satisfacción y orgullo a los rectores de los órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pues les garantiza no solo la reproducción de las escleróticas estructuras estatales, sino también la prolongación del predominio de la burocracia y la mediocridad, para poder seguir controlando el poder y el ensimismamiento de la cleptocracia que dirigen.
El repudio que el pueblo le dio a la reelección presidencial en el referéndum de 1998, parece haberse desvanecido de los encargados de cumplir la Ley y hoy apadrinan una nueva reelección en la Universidad de Panamá, a pesar de las claras disposiciones legales y fallos de la Corte Suprema de Justicia, que la prohíben e impiden.
Alexis de Tocqueville alertó sobre el despotismo democrático, el cual destruye cualquier pretensión liberadora. Hoy, el régimen de Martín parece haber logrado generar en, y hacia la Universidad, la indiferencia, el desprecio, la inercia masiva y un clima cultural desorientador y confuso que le sirve a sus propósitos de achicar y asfixiar las áreas de la decisión libre.
Valga hoy, ante lo que acontece, recordar, una vez más, las sabias palabras de Don Octavio Méndez Pereira en el discurso pronunciado en el acto inaugural de la Universidad de Panamá, el día 7 de octubre de 1935:
"Los panameños sabemos que debemos tener nuestro lugar en la acción científica y educadora de la vida superior universitaria, por el cultivo en los ciudadanos del amor puro de la verdad, el tesón de la labor cotidiana por encontrarla, la persuasión de que el interés de la ciencia y el interés de la patria deben sumarse en el alma de cada uno de nosotros. A la Universidad le toca demostrar que nuestra personalidad tiene raíces indiscutibles en nuestra naturaleza y en nuestra historia, que contamos con todos los elementos necesarios para construir un pueblo libre y consciente para tomar nuestro puesto en la obra colectiva de la civilización".