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Recuento político


Desde que los legisladores de la República mayoritaria y obsecuentemente, aprobaron someter a plebiscito la reelección presidencial, y mucho antes, los ciudadanos de este país hemos sido sometidos a un continuo bombardeo publicitario de las virtudes fabulosas y extraordinarias de aquellos ungidos para liderar nuestros destinos, haciéndonos alcanzar metas de desarrollo social y económico nunca antes soñadas.
La verdad es que previo a cada torneo político, los candidatos esbozan y perfilan programas, cuyas expectativas poco tienen que envidiarle a la lámpara maravillosa de Aladino. En 1994, el actual gobierno ofreció y prometió abatir el desempleo y la pobreza, al menos la pobreza crítica ; nada más alejado de la realidad actual. En vez de sumirnos en un mar de prosperidad, donde "la plata corriera como en la guerra "(así hablaban nuestros parientes sobre la época) nos insertaron en la corriente del empobrecimiento generalizado, incrementando aún más los niveles de depauperación y desigualdad social (Panamá, se encuentra entre los primeros países de América Latina con una desigualdad distribución de la riqueza, véanse las cifras al respecto de UNICEF y Naciones Unidas).
En cuanto al desempleo los enfoques varían según se trate de los economistas oficiales o de aquellos que no trabajan para el sistema. Lo cierto es que indistintamente de los criterios, no hay familia en nuestro medio (de la clase media o baja) que no cuente con uno o más desempleados o subempleados, vale decir casi lo mismo. Los estudiosos de la problemática social, saben que el subempleo ha crecido notablemente, enmascarando el déficit ocupacional que poseemos.
El nivel de vida de nuestro país se encarece crecientemente, incluído el precio de los productos básicos, pero los gobernantes eliminaron la oficina de regulación de precios porque dizque la competencia promovería precios accesibles al bolsillo del panameño común. ¡Tamaña falacia¡
Como sustituto sofisticado de la Oficina de Regulación de Precios, nos crean la "Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor" (CLICAC) cuya inclinación al empresario e inversionista es tan patente como se refleja en algunas situaciones ocurridas con empresas de cables y alambres, que a ciencia y paciencia del usuario, le aplican tarifas de largas distancias, a llamadas no realizadas. También sigue pendiendo en un hilo la posibilidad de que dicha entidad "exitosamente privatizada" nos traslade los impuestos municipales que, a nuestro juicio, debe pagar.
No contentos con el fiasco de esta privatización (para el pueblo, que no para los negociadores) se apresuraron a vender el IRHE, e insisten hacerlo con el IDAAN, la basura, y se comenta en los corrillos, que el Seguro Social (que ya no asegura a nadie), los hospitales estatales y la Universidad de Panamá. Sobre los medicamentos, hubo toda una alharaca demagógica, previo al referéndum ; legisladoras y legisladores se sentaron a debatirlo y a exigir la disminución de los precios ¡ Mucha bulla y pocas nueces¡ Los costos de aquellos productos que utilizan los enfermos crónicos como los de la Tercera Edad y otros, mantienen cifras astronómicas.
Se esgrime como sustentación teórica para la venta de las empresas estatales : la ineficiencia y la ineficacia, que lo único que sugiere es un mea culpa o una confesión de incompetencia. No obstante, contrario a una política de discreción en el gasto público, se estructuran nuevas instituciones como la sala de la Corte Suprema de Justicia y otras más, que lo único que llevan es a aumentar la clientela política y la concentración de poder.
En cuanto al Canal y las Areas Revertidas, existen testimonios más elocuentes que nuestras palabras. Lo último ¡inverosímil!, es el conflicto planteado por los pilotos, cuyas reclamaciones se tratan de desprestigiar haciendo uso de un argumento etnocentrista, orientado a manipular las fibras nacionalistas y patrióticas de la colectividad. Cómo me recuerdan las estrategias de Noriega.

101 años de Panamá América

 
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