Recuerdo sombrío
Nunca ha estado tan vivo el recuerdo de la dictadura militar que sufrió el pueblo panameño que cuando observamos en la televisión, los momentos en que la Policía Nacional, sus antimotines, desalojan a precaristas ancianos, mujeres niños, utilizando bombas lacrimógenas y tractores para destruir, sin misericordia, los engaños de vivienda que construyen para continuar viviendo. A estos panameños no se les ha dado respuesta dentro de un sistema de gobierno que ha olvidado sus promesas con los más pobres; a compatriotas que se sienten obligados a ocupar las tantas tierras sin uso, en manos de poderosos terratenientes que han venido retardando con su poder político y económico, medidas inspiradas en los verdaderos problemas del agro; a humildes panameños que como “judíos errantes”, caminan a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, buscando oportunidades para su incorporación a la vida socio-económica y educativa, pero no han encontrado el apoyo de las instituciones gubernamentales.
Y es que en el horizonte de la patria siempre ha surgido la figura humilde del hombre y de la mujer del campo, golpeados por la naturaleza y por la indolencia de gobernantes que jamás han tenido el menor interés en el desarrollo de planes que ayuden de manera integral a la campiña interiorana a salir de la extrema pobreza, de la ignorancia, de las enfermedades.
Esos pobres campesinos e indígenas son recordados en tiempo de elecciones para que aporten su voto; son los precaristas que invaden día tras día la tierra que otros no usan por desidia; son los campesinos de toda la república que emigran de sus campos, porque en ellos no hay el menor estímulo para trabajar la agricultura.
Es el drama de la familia rural campesina e indígena que ha optado por emigrar a lugares cercanos a la ciudad capital en busca de mejores perspectivas de vida y, de esa manera nuestros campos y comunidades se van quedando solos sin brazos que las haga producir, porque no hay incentivos: tierra, ayuda técnica, caminos de penetración y el equipo indispensable para alcanzar las verdaderas metas que se requieren en materia agrícola. Magnífica tarea para un nuevo gobierno que mire hacia el interior con programas que sean una respuesta a una mejor salud, educación y modo de vida.
El nuevo gobierno tiene el compromiso de acabar con el precarismo y evitar a toda costa que los humildes hijos del pueblo, sean acorralados con bombas lacrimógenas y tractores, porque esta realidad tan funesta, por cierto, pertenece a los tiempos de la dictadura y hoy estamos en una democracia que hay que defender a toda costa.