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Recuerdos de un 12 de diciembre




Médico

No sabía si escribir sobre la situación de los sindicatos de la construcción y su actitud del 12 de diciembre, o remontarme a otro 12 de diciembre de 1947, cuando los institutores salimos a la calle a defender la patria de los tratados Filós-Hines, convencidos de que eran perjudiciales para los panameños y para el país. Sobre los sindicatos puedo escribir el próximo sábado, pero sobre aquella fecha gloriosa es necesario resaltarla para que la juventud y el resto de los panameños la recuerden o aprendan su significado y que, algún año antes, se escribió parte de la historia de Panamá.
Pocos son los que la recuerdan como lo hacía Camilo Pérez, Bonafide como pseudónimo y que no dejaba pasar ningún año sin escribir una columna alusiva a la fecha y yo era parte de ese escrito porque formé parte de esa historia.
No describiré los antecedentes por falta de espacio, pero quiero decirles que esa mañana, mis compañeros Camilo Pérez y César Pereira me llamaron aparte y me dijeron que esa tarde saldríamos a la calle en protesta por un Tratado nocivo para el país y que querían que los acompañara. Para serles sincera, ellos eran mis líderes y mis ídolos porque conducían los movimientos de cualquier índole, así es que no podía negarme a complacerlos. Antes de responder, sólo pensé en lo que diría mi mamá si se enteraba, pero, "la patria me necesitaba"... y allá iríamos. Ya vería cómo me las arreglaba con el regaño; no podía defraudar a mis amigos. Me dijeron que yo podía ayudar también convenciendo a las muchachas para que asistieran y esa era mi misión.
A las tres de la tarde salimos a la calle, henchido el pecho de patriotismo, acompañados por los profesores, el Rector Moscote y el Vice-rector Pinilla. Pedimos prestada la bandera nueva que acabábamos de estrenar ese 3 de noviembre en la parada y, acompañada como dije por todos, salimos a la calle.
Al llegar frente al Panasone nos esperaba la caballería armada con sables y comenzaron a repartir sablazos, uno de los cuales alcanzó la bandera que fue rasgada en dos. Se produjo un silencio porque los brutos militares habían profanado el emblema patrio sin inmutarse y, tal vez, sin ver el alcance de lo que habían hecho. Nosotros nos defendimos con piedras porque allí había una construcción y bastante que golpeamos a los brutos. Un puñado de muchachos continuamos hasta el parque de la Catedral donde se construía el Arzobispado y nuevamente nos enfrentamos a la caballería y también les tiramos piedras hasta que pudimos continuar para llegar a la Plaza de Francia donde funcionaba la Asamblea en donde hoy queda el INAC.
Se me han escapado algunos detalles pero una comisión subió a conversar con los Diputados. Luego de muchas horas de deliberación y discusiones, el Tratado Filós- Hines fue rechazado por unanimidad. ¿Fue bueno o malo eso? Sólo el tiempo lo dirá, pero en ese momento era lo más grande que podía suceder. Quiero decir que los institutores no salíamos a la calle por cualquier motivo. Eramos respetuosos de la disciplina y sólo en casos como estos, por razones nacionales, lo hacíamos. Esto nos traía el respeto de la ciudadanía y no el repudio como sucede ahora porque permiten que cualquier chichipati se aproveche de ellos y les hinche el pecho de razones que creen apropiadas para trancar calles y molestar el libre tránsito.
Hoy recuerdo aquella epopeya y rindo tributo a todos los alumnos, profesores y personal del Instituto Nacional. Quiero recordar a Camilo que ya no está con nosotros, pero que donde se encuentre nos mira con su sonrisa amplia y sincera en señal de aprobación por este artículo que, si lo dejo pasar, me hubiera pesado siempre. Esto, amigos lectores, es parte de la historia de Panamá que, en algunos aspectos difiere de algunos comentarios que escuché ese día. Bendita sea mi Alma Mater.

101 años de Panamá América

 
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