Recuerdos para la Historia (I)
Aquellos que han tenido la dicha de una larga vida, han visto varias generaciones luchando por la reivindicación de nuestros derechos soberanos. Pero el régimen militar que gobernó Panamá durante veintiún años, y los sucesores de éste, se han dado a la tarea de deformar la historia para su provecho. Se concentran en resaltar los logros de sus líderes, obviando sus debilidades y los grandes y graves perjuicios que sus acciones causaron al país, y minimizan o ignoran las contribuciones de pasadas generaciones y adversarios políticos. Sus esfuerzos han dejado al menos una generación de panameños en absoluto desconocimiento de esa lucha generacional.
Sobre este actuar no hay mejor ejemplo que la forma como han manipulado las circunstancias en que se producen y celebran los Tratados de 1977.
El once de octubre de 1968 es un día fatídico en que fue derrocado un presidente elegido con el voto popular por un grupo de militares que se apoderaron de los órganos del Estado, tomando el control absoluto del país. En esa fecha cerraron todos los medios de comunicación durante tres días, para después mantenerlos censurados. La Editora Panamá América, S.A. estuvo cerrada por 18 días y luego le fue permitido operar, pero bajo una estricta dirección y censura, para finalmente ser objeto de un despojo judicial, ejecutado por el juez Lao Santizo, quien luego fuera premiado con su nombramiento a la Corte Suprema de Justicia, pero orquestado desde la cúpula entonces en poder.
En medio de continuas prédicas de paz, democracia y derechos humanos, los Estados Unidos promueven y aúpan esa dictadura militar, a la que mantienen fortalecida durante veintiún años, otorgándole la mayor ayuda per cápita después de Israel, sin importarle que la misma no nos permitía ni libertad de expresión ni libertades políticas de ninguna clase, negándonos así nuestros derechos políticos más fundamentales.
Y fue esa dictadura la que negoció y firmó este tratado que nos deja como herencia otro tratado de neutralidad que, según las propias palabras de quien le diera uno de sus nombres a dicho instrumento, nos coloca "bajo el paraguas del Pentágono".
A pesar de que fueron negociados y firmados a espaldas de los panameños, entonces bajo el control omnipotente y omnisapiente de un militar que olvidó que su deber era servir a la patria y no que la patria lo sirviera a él; a pesar de todo esto, que fue muy humillante y vergonzoso, los tratados son un hecho y van a cumplirse. Pero no debemos permitir que se falsifique la historia y mucho menos que se omitan estos hechos de violación inaudita de los derechos de los panameños y mucho menos que sus incondicionales discípulos lo glorifiquen en forma aislada.
Sobre este actuar no hay mejor ejemplo que la forma como han manipulado las circunstancias en que se producen y celebran los Tratados de 1977.
El once de octubre de 1968 es un día fatídico en que fue derrocado un presidente elegido con el voto popular por un grupo de militares que se apoderaron de los órganos del Estado, tomando el control absoluto del país. En esa fecha cerraron todos los medios de comunicación durante tres días, para después mantenerlos censurados. La Editora Panamá América, S.A. estuvo cerrada por 18 días y luego le fue permitido operar, pero bajo una estricta dirección y censura, para finalmente ser objeto de un despojo judicial, ejecutado por el juez Lao Santizo, quien luego fuera premiado con su nombramiento a la Corte Suprema de Justicia, pero orquestado desde la cúpula entonces en poder.
En medio de continuas prédicas de paz, democracia y derechos humanos, los Estados Unidos promueven y aúpan esa dictadura militar, a la que mantienen fortalecida durante veintiún años, otorgándole la mayor ayuda per cápita después de Israel, sin importarle que la misma no nos permitía ni libertad de expresión ni libertades políticas de ninguna clase, negándonos así nuestros derechos políticos más fundamentales.
Y fue esa dictadura la que negoció y firmó este tratado que nos deja como herencia otro tratado de neutralidad que, según las propias palabras de quien le diera uno de sus nombres a dicho instrumento, nos coloca "bajo el paraguas del Pentágono".
A pesar de que fueron negociados y firmados a espaldas de los panameños, entonces bajo el control omnipotente y omnisapiente de un militar que olvidó que su deber era servir a la patria y no que la patria lo sirviera a él; a pesar de todo esto, que fue muy humillante y vergonzoso, los tratados son un hecho y van a cumplirse. Pero no debemos permitir que se falsifique la historia y mucho menos que se omitan estos hechos de violación inaudita de los derechos de los panameños y mucho menos que sus incondicionales discípulos lo glorifiquen en forma aislada.