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Recuperación en el mundo asiático


Santiago de Chile /AIPE.- Los países del Asia experimentaron, por años, altas tasas de crecimiento, asociadas a importantes esfuerzos de inversión y ahorro interno. Se habló del milagro asiático y su modelo de desarrollo fue considerado digno de estudio para ser aplicado en otras regiones. Sin embargo, lo acontecido a partir del año 1997 merece una evaluación no sólo acerca de las causas de la crisis, sino también de las medidas de ajuste adoptadas, sus principales resultados y la necesidad de llevar adelante un proceso de reforma estructural que extienda las condiciones para la efectiva operación de los mercados.
Nadie discute las altas tasas de crecimiento que experimentaron las economías del mundo asiático. Sin embargo, debe destacarse la tendencia preocupante que se observaba en los déficit en la cuenta corriente que significaba que estos países requerían de cantidades cada vez más elevadas de inversión y créditos extranjeros. Los déficit en las cuentas corrientes de Tailandia, Malasia y Corea del Sur alcanzaron niveles del 6% y 7%, en una tendencia ascendente, mientras que a partir de comienzos del año 1996, los flujos externos mostraron una tendencia declinante. Esta situación no era sostenible y obligó a un importante proceso de ajuste, dejando una lección en el sentido de que si los países buscan alcanzar un crecimiento sostenido, la principal fortaleza que deben construir es la del ahorro interno.
El ajuste de las economías asiáticas generó, en primera instancia, variaciones sustantivas en los tipos de cambio. Las devaluaciones fluctuaron en un rango del 45%, que derivaron en una violenta contracción en las importaciones, estímulos crecientes en las exportaciones y caídas en el producto. 1998 fue el año del ajuste y los resultados indican la efectividad de las medidas adoptadas. El cambio más destacado se observa en la cuenta corriente, en la que para el caso de Corea del Sur se transformó de un déficit del 4.4% del PIB en el año 1996, a un superávit del 12.6% en el año 1998; y en el caso de Malasia, de un déficit del 5.2% en el año 1997 a un superávit del 7.5% en 1998. Las caídas en el producto en cada una de esas naciones fueron del orden del 6.5%. Se logró así restablecer los equilibrios externos y ello permitió colocar a los países de la región en una lenta recuperación. De hecho, la proyección de crecimiento para el año 1999 es del 1.2%. Sin embargo, aún hay debilidad en el sistema financiero, una realidad de alta regulación y proteccionismo y una ausencia de efectivo mercado, principalmente en la asignación de los proyectos de inversión.
Esto apunta a otra lección sobre el papel fundamental que tiene en un sistema económico el adecuado funcionamiento del mercado de capitales. Una característica de estos países fue una alta tasa de inversión, asociada a una alta tasa de ahorro. Paralelamente, se diseñaron políticas para el estímulo de diferentes sectores y se generó, así, una vinculación delicada en el funcionamiento de los sistemas financieros domésticos. De ello derivaron conductas de corrupción con claras dependencias entre el mundo de la política y el mundo de la economía y una clara ineficiencia que definió una baja productividad de las inversiones. Podemos concluir que no basta para un crecimiento sostenido alcanzar altas tasas de ahorro y de inversión. Tan importante es que estos recursos sean asignados de manera eficiente y, para lograrlo, el funcionamiento de los mercados es indispensable.
En un mundo cada vez más globalizado, en los países deben crearse las condiciones para que puedan mostrarse, de manera efectiva, las auténticas ventajas competitivas. Para esos efectos, la transparencia de los mercados y la estabilidad de normas constituyen elementos esenciales.
Por último, la crisis asiática ha mostrado la necesidad de velar para que el ejercicio de las instituciones financieras se realicen también en el marco de transparencia y de real competencia. Los proyectos de inversión deben evaluarse en su contenido específico de rentabilidad, y no en cuanto a las vinculaciones de propiedad que puedan darse entre las entidades financieras y aquellas que recurren al crédito. Surge, entonces, la necesidad de una supervisión financiera no discrecional.
Hoy, las economías asiáticas comienzan a encontrarse con una trayectoria de prosperidad. Las primeras etapas del ajuste son, probablemente, las de resultado más dramático, pero que, adoptadas en una situación de emergencia, encuentran una inmediata aceptación. Sin embargo, aquellas referidas a reformas que afectan a la estructura económica del país tienen la dificultad del surgimiento de presiones de los grupos de interés, que defienden sus posiciones de privilegio. De allí que la voluntad política de quienes ejercen las tareas de gobierno es de la mayor relevancia. En esa etapa del proceso es donde hoy se encuentran las economías del mundo asiático. Si logran superarlas podrán nuevamente constituir un apoyo para promover la expansión de la economía internacional.

101 años de Panamá América

 
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