Recuperar la autoestima
Para el marino que no conoce el rumbo, no hay viento favorable. Para cruzar un río, hay que seleccionar y colocar bien las piedras. Esas dos sentencias encierran en sí mismas la diferencia entre un sendero de previsibilidad y un camino de bandazos y desmesuras que impiden prefigurar horizontes de futuro. Sentido de dirección, determinación del rumbo y certidumbre en el liderazgo, son el contraste. Con la instalación del gobierno Martín Torrijos, llegó la esperanza, la ilusión y la capacidad de soñar que habían perdido buena parte de los panameños.
Una generación nueva asumió el poder, con un nuevo estilo de conducción capaz de diseñar una carta de navegación compartida, conciliar la gobernabilidad y el cambio, la recuperación económica con el crecimiento sostenible en el tiempo y enfrentar los desafíos coyunturales con una visión estratégica e integral del desarrollo nacional. Esa nueva perspectiva política da cuenta de lo existente, evitando que lo que se busca transformar no sea lo que determine el rumbo.
El debate entre lo importante y lo urgente privilegia poner a Panamá en la senda del progreso social que lleve pronto a niveles y calidad de vida superiores. No puede postergarse sin fecha de término los reclamos sociales. Eso es lo importante. Lo urgente es superar la larga atonía, el pasmo económico y propiciar el reencuentro de la política con la sociedad. Es decir, sacarla de las manos de burócratas iluminados y grupos fácticos que controlan el poder financiero, mediático y corporativo, colocarla al servicio de la sociedad y empezar a concretar los anhelos de la población. Lo fundamental es el bienestar colectivo y la equidad sin la cual ningún desarrollo es creíble ni sirve para la cohesión básica de los panameños. La responsabilidad política comienza por los políticos que gobiernan. No es tener menos política, sino políticas orientadas hacia el bienestar colectivo y la equidad y, por supuesto, mejores políticos. La política es el elemento que permite garantizar la diversidad sin imponer verdades absolutas. Permite la convivencia pacífica de las ideas y las concepciones contrapuestas en un clima de respeto y tolerancia.
La nueva generación que encabeza el presidente Torrijos está imponiéndose sobre los escenarios tradicionales, modificando los vicios de cierta dirigencia política que se mueve entre las sombras para que, finalmente, nada cambie. Eso significa terminar con la percepción de un Estado que se asemeja a un aparato burocrático ofrecido en concesión a sectores particulares que sólo procuran su saqueo y que dispensan favores para sostener redes clientelistas, restando legitimidad al poder político y reduciendo la participación. Hay que acabar con esos nichos parasitarios.
Actualmente la ciudadanía tiene la impresión de que existe un poder económico que se apropia de los recursos fiscales y que hay un Estado ausente para sancionar la ilegalidad. Esa podría ser una de las razones por las cuales buena parte de la sociedad reniega de sus obligaciones, se siente frustrada y sin alicientes para una mayor participación ciudadana, bajo el argumento de que los funcionarios se roban el dinero de los impuestos.
Sin embargo, con el nuevo gobierno llegó la representatividad partidaria para una sociedad que se sentía huérfana y desamparada de los políticos. Para gobernar, el presidente Torrijos descansa en una alianza política fuerte, pero también requiere de la opinión pública, de la sociedad organizada y de acuerdos básicos con la oposición en cuestiones que tienen implicaciones decisivas en el futuro del país.
Con el presidente Torrijos se inaugura una nueva época, una suerte de hora cero para Panamá. Eso implica acabar con los hábitos perniciosos de los subsidios para los amigos, los puestos públicos o los beneficios de planes de empleo que no exigen contraprestación alguna y se otorgan arbitrariamente, las contrataciones públicas espurias y los créditos de bancos estatales concedidos en forma irregular a los amigos del poder de turno. "No estamos condenados al juega vivo, la ineptitud, la corrupción y la mediocridad. El país que merecemos es mucho mejor", ha dicho el nuevo mandatario.
Para recuperar la autoestima de los panameños el presidente Torrijos ha trazado las líneas gruesas de un proyecto de país inclusivo y socialmente cohesionado, de una Patria nueva, con una visión y perspectiva común que contemple la clara precisión de dónde se encuentra el país y hacia donde se quiere llegar.
Si quiere un poco más de diez millones y más autoridad moral para pedir que nos apretemos el cinturón para la nueva reforma "sacaplata", y para pasarle la factura del seguro al pueblo, sería bueno que redujeran gastos en los autos de lujo y no lujo, los cuales solamente se deben usar para diligencias oficiales.
El traslado de la casa al trabajo y del trabajo a la casa de un funcionario no es diligencia oficial, y peor si usan conductor.
Ni un carro exonerado más, ni para legisladores, ni suplentes, ni magistrados supremos ni electorales.
Cuidado y pasamos de B/. 30 millones al año con estas medidas de austeridad y moral en lugar de los diez millones que le quería aportar.
Ojalá los "neopatriotas" me sorprendan, por el bien de Panamá. Pero no apostaría ni un real a que lo harán. No es bueno apostar, pero no lo harán.
Una generación nueva asumió el poder, con un nuevo estilo de conducción capaz de diseñar una carta de navegación compartida, conciliar la gobernabilidad y el cambio, la recuperación económica con el crecimiento sostenible en el tiempo y enfrentar los desafíos coyunturales con una visión estratégica e integral del desarrollo nacional. Esa nueva perspectiva política da cuenta de lo existente, evitando que lo que se busca transformar no sea lo que determine el rumbo.
El debate entre lo importante y lo urgente privilegia poner a Panamá en la senda del progreso social que lleve pronto a niveles y calidad de vida superiores. No puede postergarse sin fecha de término los reclamos sociales. Eso es lo importante. Lo urgente es superar la larga atonía, el pasmo económico y propiciar el reencuentro de la política con la sociedad. Es decir, sacarla de las manos de burócratas iluminados y grupos fácticos que controlan el poder financiero, mediático y corporativo, colocarla al servicio de la sociedad y empezar a concretar los anhelos de la población. Lo fundamental es el bienestar colectivo y la equidad sin la cual ningún desarrollo es creíble ni sirve para la cohesión básica de los panameños. La responsabilidad política comienza por los políticos que gobiernan. No es tener menos política, sino políticas orientadas hacia el bienestar colectivo y la equidad y, por supuesto, mejores políticos. La política es el elemento que permite garantizar la diversidad sin imponer verdades absolutas. Permite la convivencia pacífica de las ideas y las concepciones contrapuestas en un clima de respeto y tolerancia.
La nueva generación que encabeza el presidente Torrijos está imponiéndose sobre los escenarios tradicionales, modificando los vicios de cierta dirigencia política que se mueve entre las sombras para que, finalmente, nada cambie. Eso significa terminar con la percepción de un Estado que se asemeja a un aparato burocrático ofrecido en concesión a sectores particulares que sólo procuran su saqueo y que dispensan favores para sostener redes clientelistas, restando legitimidad al poder político y reduciendo la participación. Hay que acabar con esos nichos parasitarios.
Actualmente la ciudadanía tiene la impresión de que existe un poder económico que se apropia de los recursos fiscales y que hay un Estado ausente para sancionar la ilegalidad. Esa podría ser una de las razones por las cuales buena parte de la sociedad reniega de sus obligaciones, se siente frustrada y sin alicientes para una mayor participación ciudadana, bajo el argumento de que los funcionarios se roban el dinero de los impuestos.
Sin embargo, con el nuevo gobierno llegó la representatividad partidaria para una sociedad que se sentía huérfana y desamparada de los políticos. Para gobernar, el presidente Torrijos descansa en una alianza política fuerte, pero también requiere de la opinión pública, de la sociedad organizada y de acuerdos básicos con la oposición en cuestiones que tienen implicaciones decisivas en el futuro del país.
Con el presidente Torrijos se inaugura una nueva época, una suerte de hora cero para Panamá. Eso implica acabar con los hábitos perniciosos de los subsidios para los amigos, los puestos públicos o los beneficios de planes de empleo que no exigen contraprestación alguna y se otorgan arbitrariamente, las contrataciones públicas espurias y los créditos de bancos estatales concedidos en forma irregular a los amigos del poder de turno. "No estamos condenados al juega vivo, la ineptitud, la corrupción y la mediocridad. El país que merecemos es mucho mejor", ha dicho el nuevo mandatario.
Para recuperar la autoestima de los panameños el presidente Torrijos ha trazado las líneas gruesas de un proyecto de país inclusivo y socialmente cohesionado, de una Patria nueva, con una visión y perspectiva común que contemple la clara precisión de dónde se encuentra el país y hacia donde se quiere llegar.
Si quiere un poco más de diez millones y más autoridad moral para pedir que nos apretemos el cinturón para la nueva reforma "sacaplata", y para pasarle la factura del seguro al pueblo, sería bueno que redujeran gastos en los autos de lujo y no lujo, los cuales solamente se deben usar para diligencias oficiales.
El traslado de la casa al trabajo y del trabajo a la casa de un funcionario no es diligencia oficial, y peor si usan conductor.
Ni un carro exonerado más, ni para legisladores, ni suplentes, ni magistrados supremos ni electorales.
Cuidado y pasamos de B/. 30 millones al año con estas medidas de austeridad y moral en lugar de los diez millones que le quería aportar.
Ojalá los "neopatriotas" me sorprendan, por el bien de Panamá. Pero no apostaría ni un real a que lo harán. No es bueno apostar, pero no lo harán.