Reducción de pobreza; un reto empresarial
Así reza el título de uno de los ejes temáticos del XXII Congreso Interamericano de la Industria de la Construcción (Congreso FIIC 2000) que será celebrado en la ciudad de Panamá del 20 al 24 de Septiembre de este año. La inclusión de ese tema en un Congreso de Construcción surgió el 23 de Septiembre de 1997 a muchos años del proceso eleccionario en nuestro país, en un discurso pronunciado por el autor de esta columna en ocasión de recibir la presea ORDECCCAC (Organización Regional de Cámaras de Construcción de Centro América y el Caribe).
Hicimos referencia en ese discurso en mi participación en la Declaración de Panamá de 1972, cuando nuestro país fue sede del XIII Congreso de FIIC y que se redactó como una defensa de la Empresa Privada amenazada su existencia en muchos países de América Latina- y decíamos:- Basados en ese antecedente deseo lanzar aquí la propuesta que se prepare un texto actualizado con la participación de todos los miembros de FIIC basado en la realidad contemporánea y que sea objeto de amplias consultas de cada uno de nuestros países afiliados con todos los sectores interesados en el desarrollo sostenible en el futuro de nuestros pueblos. El proyecto de la declaración que ahora propongo y reflejará nuestra sensibilidad frente a los problemas de esta época.
Para nadie es un secreto que esos grandes problemas son la pobreza que aumenta en América Latina y en el Caribe, el desempleo que afecta o amenaza a millones de seres humanos en nuestra región y la desintegración social con su carga de corrupción, de crimen y de delincuencia.
Soy de los que opinan que acerca de estos problemas no hace falta la retórica y menos la demagogia. Estoy convencido que lo que hace falta es actuar y todos los días tenemos la evidencia de que el mañana tenemos que inventarlo mejor para no padecerlo peor.
Si los problemas sociales se agravaran vendrían tiempos de dolor y de lágrimas que tendrían que compartir los que se creen a salvo.
Ha llegado el momento de compartir los recursos y los gastos necesarios, pregonar la urgencia de compartir seria la finalidad más importante de la declaración que propongo preparar para que sea adoptado en el Congreso FIIC 2000 que será celebrado en Panamá, compartir poder, compartir riquezas, compartir el bien y compartir la lucha contra el mal. Pero es importante señalar también como empresario que somos, que no queremos la vuelta al pasado ni el resurgimiento de gobiernos absolutistas, ni el regreso del comunismo de hecho o disfrazado, ni el estatismo, el populismo y el paternalismo estatal de las épocas pasadas. Queremos un continente donde la igualdad de oportunidades no sea un mito y sea exclusivo para grupos privilegiados.
La igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos de un país, sólo se conseguirá con la intervención institucional de todos los miembros de la comunidad en las decisiones que definen y asientan el desarrollo, a fin de que el hombre sea gestor de su propio cambio y no espectador del proceso económico y social.
No se me escapa que en la negociación de ese documento que propongo podían presentarse objeciones o dificultades de orden político, pero pienso que como en el pasado no hay que temerle a eso.
Hay quienes piensan que es muy probable que en las próximas décadas la política se disuelva en lo social, en lo cultural y en lo económico sin mostrar su propio perfil. Si no pudiera lograrse establecer relaciones armónicas y permanentes entre la política y la moral, como podemos esperar que las haya entre la economía y la moral, entre la tecnología y la moral y entre la ciencia y la moral o entre la cultura y la moral.
Permítanme, pues, resumir mi idea. Tomemos la iniciativa de preparar una declaración y demostremos que somos capaces de hacer aportes no sólo de un debate de ideas, sino también a la ejecución de las acciones urgentes que he mencionado anteriormente. Llevemos adelante esta iniciativa y contribuyamos también a estimular a nuestras sociedades para que se doten de una gobernabilidad y un desarrollo democrático que haga transparentes las estructuras y los juegos de la vida en beneficio de hombres y mujeres que encuentren en el seno de las sociedades el espacio para cumplir sus responsabilidades, con espíritu cívico, con aliento ciudadano, que es lo que nos protegerá de sucumbir a los problemas. Aprovechemos el próximo Congreso de FIIC para pensar y proponernos un siglo XXI mejor, más justo y más pacífico.
Hicimos referencia en ese discurso en mi participación en la Declaración de Panamá de 1972, cuando nuestro país fue sede del XIII Congreso de FIIC y que se redactó como una defensa de la Empresa Privada amenazada su existencia en muchos países de América Latina- y decíamos:- Basados en ese antecedente deseo lanzar aquí la propuesta que se prepare un texto actualizado con la participación de todos los miembros de FIIC basado en la realidad contemporánea y que sea objeto de amplias consultas de cada uno de nuestros países afiliados con todos los sectores interesados en el desarrollo sostenible en el futuro de nuestros pueblos. El proyecto de la declaración que ahora propongo y reflejará nuestra sensibilidad frente a los problemas de esta época.
Para nadie es un secreto que esos grandes problemas son la pobreza que aumenta en América Latina y en el Caribe, el desempleo que afecta o amenaza a millones de seres humanos en nuestra región y la desintegración social con su carga de corrupción, de crimen y de delincuencia.
Soy de los que opinan que acerca de estos problemas no hace falta la retórica y menos la demagogia. Estoy convencido que lo que hace falta es actuar y todos los días tenemos la evidencia de que el mañana tenemos que inventarlo mejor para no padecerlo peor.
Si los problemas sociales se agravaran vendrían tiempos de dolor y de lágrimas que tendrían que compartir los que se creen a salvo.
Ha llegado el momento de compartir los recursos y los gastos necesarios, pregonar la urgencia de compartir seria la finalidad más importante de la declaración que propongo preparar para que sea adoptado en el Congreso FIIC 2000 que será celebrado en Panamá, compartir poder, compartir riquezas, compartir el bien y compartir la lucha contra el mal. Pero es importante señalar también como empresario que somos, que no queremos la vuelta al pasado ni el resurgimiento de gobiernos absolutistas, ni el regreso del comunismo de hecho o disfrazado, ni el estatismo, el populismo y el paternalismo estatal de las épocas pasadas. Queremos un continente donde la igualdad de oportunidades no sea un mito y sea exclusivo para grupos privilegiados.
La igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos de un país, sólo se conseguirá con la intervención institucional de todos los miembros de la comunidad en las decisiones que definen y asientan el desarrollo, a fin de que el hombre sea gestor de su propio cambio y no espectador del proceso económico y social.
No se me escapa que en la negociación de ese documento que propongo podían presentarse objeciones o dificultades de orden político, pero pienso que como en el pasado no hay que temerle a eso.
Hay quienes piensan que es muy probable que en las próximas décadas la política se disuelva en lo social, en lo cultural y en lo económico sin mostrar su propio perfil. Si no pudiera lograrse establecer relaciones armónicas y permanentes entre la política y la moral, como podemos esperar que las haya entre la economía y la moral, entre la tecnología y la moral y entre la ciencia y la moral o entre la cultura y la moral.
Permítanme, pues, resumir mi idea. Tomemos la iniciativa de preparar una declaración y demostremos que somos capaces de hacer aportes no sólo de un debate de ideas, sino también a la ejecución de las acciones urgentes que he mencionado anteriormente. Llevemos adelante esta iniciativa y contribuyamos también a estimular a nuestras sociedades para que se doten de una gobernabilidad y un desarrollo democrático que haga transparentes las estructuras y los juegos de la vida en beneficio de hombres y mujeres que encuentren en el seno de las sociedades el espacio para cumplir sus responsabilidades, con espíritu cívico, con aliento ciudadano, que es lo que nos protegerá de sucumbir a los problemas. Aprovechemos el próximo Congreso de FIIC para pensar y proponernos un siglo XXI mejor, más justo y más pacífico.