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Reduciendo la pobreza de los otros países


La noticia sobre la importación de 600,000 quintales de arroz demuestra una vez más la ausencia de una política de gobierno efectiva para el desarrollo del sector agrícola. Contamos con las tierras necesarias para satisfacer el consumo local, tenemos capacidad instalada en molinos para procesar el grano, existe la mano de obra capaz de atender la siembra y la cosecha; pero año tras año tenemos que recurrir al arroz cultivado en el extranjero contribuyendo a reducir la pobreza de otros países primero que la nuestra. Los problemas que provocan este contrasentido ya han sido denunciados y nunca han sido atendidos por las autoridades. Se requiere de fórmulas de financiamiento y adecuados sistemas de riego. Una buena parte de los arroceros no son dueños de sus tierras y por ello los bancos, incluyendo los del gobierno, alegan que no hay suficientes garantías para préstamos. Curiosamente este sector está siendo atendido en parte por las casas comerciales que venden sus insumos, demostrando que los arroceros si son sujetos de crédito, pero por tratarse de intermediarios deben pagar altas tasas de interés. En este sentido el gobierno debería participar en el financiamiento de los productores de manera más directa y agresiva para ampliar la cantidad de arroceros y reducir las tasas que hoy pagan. La promoción de más sistemas de riego por su parte, aumentaría la productividad de los cultivos actuales y permitiría dos cosechas al año lo que aseguraría satisfacer la demanda. Las autoridades del Ministerio de Desarrollo Agropecuario tienen la palabra.

101 años de Panamá América

 
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