Reelección, alianzas y candidaturas
Los sectores gubernamentales, calculada y planificadamente, decidieron hace bastante tiempo las líneas maestras de su estrategia para tratar de continuar en el poder después de 1999. A nadie escapa, por tanto, que la aventura reeleccionista fue concebida por lo menos desde que el PRD ganó las elecciones de 1994.
Así las cosas, quienes gobiernan han venido desarrollando, como era de esperar, las acciones que consideran pueden llevarles a cumplir esos propósitos.
Por el otro lado, quienes consideramos que el país debe tener un gobierno distinto al que actualmente padecemos, a pesar de que somos mayoría en una proporción de 2 a 1, como mínimo, por momentos, olvidamos algunas reglas elementales de la lucha política y les permitimos que nos dividan y debiliten.
Los sectores que ostentan el poder público saben, porque no son tontos, que las posibilidades de su proyecto reeleccionista, primera etapa del plan del grupo gobernante, dependerán de que los dos tercios del país que lo adversan demoren en ponerse de acuerdo para articular un estrategia coherente.
Hasta ahora han tenido un éxito parcial y podrían seguir trillando por ese camino sin logran desenfocarnos y hacernos caer en su juego.
A mi juicio, la apertura anticipada de la contienda electoral le sirve al sector oficial para evadirse de la discusión de problemas fundamentales, como la pobreza o el desempleo, que no han resuelto ni resolverán, a pesar de haber contado con condiciones y recursos infinitamente superiores a los de la administración anterior.
También le sirve al sector oficial para que la oposición caiga, prematuramente, en el tema de las candidaturas que, como ya está demostrado, puede ser fuente de fricciones y ocasiona un desgaste anticipado.
Muchos dan por sentado que como las encuestas ponen de manifiesto, una y otra vez, que el apoyo a la reelección es minoritario, por tanto, su derrota está asegurada.
No me cansaré de repetir que las intenciones no son votos que se puedan contar y que, por consiguiente, no debemos propiciar fisuras entre quienes rechazamos la reelección ni permtir que nuestra ventaja disminuya.
Para comenzar, la desproporción que existirá entre los recursos que movilizará el sector oficial, comparados con los opositores, es una clara desventaja que ocasionará un considerable grado de abstencionismo.
Por otra parte, los sectores no partidistas que se oponen a la reelección pueden ser desalentados de asumir una participación más activa contra la reelección si este tema se confunde con el de las candidaturas.
Existe, sin duda, un denominador compartido por casi el 70% de los panameños y ese es el rechazo de la reelección y si ese frente no se resquebraja no hay ninguna posibilidad de que el gobierno pueda salirse con la suya. Pero como a sus estrategas no se les escapa esa realidad, regularmente, como podemos comprobar, insisten en abanicar el tema de las candidaturas presidenciales, para distraernos del que debe ser por el momento, nuestro objetivo prioritario.
Por nuestra parte, no debemos hacer caso a esa maniobra y concentrarnos en hacer de la campaña contra la reelección una Cruzada Nacional.
Si tenemos en cuenta que la mayoría de los panameños no pertenece a ningún partido político, es obvio que la tarea es conseguir que todos los que estamos en contra de la reelección, partidistas y no partidistas, mantengamos un frente unido y militante para derrotarla. Cualquier factor que contribuya a debilitar la unión sobre ese tema de los partidos de oposición o que desaliente la participación de quienes no pertenecen a los partidos debilita el frente contra la reelección y beneficia a nuestros enemigos.
Los partidos políticos de oposición le hacen un mejor servicio al país, y a su propia causa, si posponen temporalmente las posibles causas de desunión y promueven y se integran en un gran Frente Nacional Contra La Reelección.
Así las cosas, quienes gobiernan han venido desarrollando, como era de esperar, las acciones que consideran pueden llevarles a cumplir esos propósitos.
Por el otro lado, quienes consideramos que el país debe tener un gobierno distinto al que actualmente padecemos, a pesar de que somos mayoría en una proporción de 2 a 1, como mínimo, por momentos, olvidamos algunas reglas elementales de la lucha política y les permitimos que nos dividan y debiliten.
Los sectores que ostentan el poder público saben, porque no son tontos, que las posibilidades de su proyecto reeleccionista, primera etapa del plan del grupo gobernante, dependerán de que los dos tercios del país que lo adversan demoren en ponerse de acuerdo para articular un estrategia coherente.
Hasta ahora han tenido un éxito parcial y podrían seguir trillando por ese camino sin logran desenfocarnos y hacernos caer en su juego.
A mi juicio, la apertura anticipada de la contienda electoral le sirve al sector oficial para evadirse de la discusión de problemas fundamentales, como la pobreza o el desempleo, que no han resuelto ni resolverán, a pesar de haber contado con condiciones y recursos infinitamente superiores a los de la administración anterior.
También le sirve al sector oficial para que la oposición caiga, prematuramente, en el tema de las candidaturas que, como ya está demostrado, puede ser fuente de fricciones y ocasiona un desgaste anticipado.
Muchos dan por sentado que como las encuestas ponen de manifiesto, una y otra vez, que el apoyo a la reelección es minoritario, por tanto, su derrota está asegurada.
No me cansaré de repetir que las intenciones no son votos que se puedan contar y que, por consiguiente, no debemos propiciar fisuras entre quienes rechazamos la reelección ni permtir que nuestra ventaja disminuya.
Para comenzar, la desproporción que existirá entre los recursos que movilizará el sector oficial, comparados con los opositores, es una clara desventaja que ocasionará un considerable grado de abstencionismo.
Por otra parte, los sectores no partidistas que se oponen a la reelección pueden ser desalentados de asumir una participación más activa contra la reelección si este tema se confunde con el de las candidaturas.
Existe, sin duda, un denominador compartido por casi el 70% de los panameños y ese es el rechazo de la reelección y si ese frente no se resquebraja no hay ninguna posibilidad de que el gobierno pueda salirse con la suya. Pero como a sus estrategas no se les escapa esa realidad, regularmente, como podemos comprobar, insisten en abanicar el tema de las candidaturas presidenciales, para distraernos del que debe ser por el momento, nuestro objetivo prioritario.
Por nuestra parte, no debemos hacer caso a esa maniobra y concentrarnos en hacer de la campaña contra la reelección una Cruzada Nacional.
Si tenemos en cuenta que la mayoría de los panameños no pertenece a ningún partido político, es obvio que la tarea es conseguir que todos los que estamos en contra de la reelección, partidistas y no partidistas, mantengamos un frente unido y militante para derrotarla. Cualquier factor que contribuya a debilitar la unión sobre ese tema de los partidos de oposición o que desaliente la participación de quienes no pertenecen a los partidos debilita el frente contra la reelección y beneficia a nuestros enemigos.
Los partidos políticos de oposición le hacen un mejor servicio al país, y a su propia causa, si posponen temporalmente las posibles causas de desunión y promueven y se integran en un gran Frente Nacional Contra La Reelección.