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Reelección en Argentina y Perú


Basados en fundamentos constitucionales altamente controvertidos, los actuales presidentes de Argentina y Perú Carlos Menem y Alberto Fujimori intentan demostrar que la dictadura no es el único camino para prolongarse en el poder durante un insólito lapso de tres períodos continuos de gobierno. Anteriormente se agitaban los cuarteles; se disolvían los parlamentos; se suspendían las elecciones. Ahora el procedimiento se ha refinado para encontrar en las cartas políticas y en las leyes agujeros suficientes para darle un brochazo seudojurídico a la dictadura civil.
La sala constitucional de la Corte Suprema del Perú ha aceptado un recurso interpuesto por un legislador oficialista para anular un fallo del Tribunal Constitucional que declaró improcedente la reelección de Fujimori por un tercer período. Obviamente los magistrados a favor de la reelección fueron nombrados por el gobierno y como compensación a la dádiva la corte ha emitido sentencias contra la libertad de expresión y la libertad de propiedad que ha dejado perplejos a propios y foráneos. Parlamentarios de oposición intentan incoar procesos contra los magistrados en referencia. Se adelanta que las denuncias no tendrán eco por la sumisión del poder judicial a un poder ejecutivo que concentra en un puño, además, a un organismo electoral que ha sido desmembrado previamente para allanar la reelección.
Así como a Fujimori no lo desalientan la caída de popularidad, el descrédito internacional y el descenso de la calidad de vida de los sectores populares, a Menem no lo arredran ni la derrota aplastante del peronismo en las últimas consultas populares ni la crisis en que su contumacia sume al partido oficialista. Lejos de amilanarse, Menem anuncia que modificará la Constitución a través de una ley interpretativa, copiando el artilugio de su colega peruano.
Se está padeciendo, ya no una fiebre, sino una epidemia de reelecciones en el continente sobre la base de un nuevo culto al caudillismo que desdeña al par la democracia interna en sus propias organizaciones partidistas e impone penosas cargas al sistema democrático. Controlando desde la cumbre a los otros poderes del estado; usando la maquinaria estatal en su proyecto político; negando la esencia de la democracia que alienta la renovación de hombres y partidos, los mandatarios se lanzan al continuismo por uno o más períodos presidenciales, sin reparar en que la era de los hombres providenciales es un recuerdo anacrónico. "Sufragio efectivo, no reelección" fue un principio constitucional enarbolado tiempo atrás en México. Pro por lo que se oye en el país de los tangos y en el país de los valses, no hay sintonía con el país de las rancheras.

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