Reelección Inmediata
Hemos procurado marginar del debate sobre la reelección el aspecto relativo a los méritos o debilidades del actual mandatario. Consideramos que en estos momentos en nuestro país existen intereses superiores que nos obligan a tomar una posición adversa a la reelección inmediata.
En particular nos referimos al estado de madurez de nuestra democracia. En nuestra opinión, los veintiún años de dictadura militar constituyeron un retroceso en los avances democráticos que había registrado el país en los sesenta y cinco años de historia precedentes.
Nadie puede negar que en nuestro país tenemos una democracia presidencial. El Estado está integrado por los tres poderes clásicos, mas sin embargo, quien ocupa la primera magistratura del Ejecutivo ostenta poder prevaleciente sobre los demás.
Por ejemplo, entidades como el Fondo de Emergencia Social (FES) son responsables de colocar mediante mecanismos acelerados unos cincuenta millones de Balboas al año, con suficiente discrecionalidad para captar simpatías o apoyo de peso electoral. Y ya hemos visto a quiénes se nombran en el cuerpo diplomático y consular, y cómo se distribuyen ciertos activos de las áreas revertidas. No existe la madurez y sofisticación institucional de una Contraloría y un Ministerio Público capaces de servir de contrapeso al Organo Ejecutivo.
Por otro lado, Panamá cuenta con una generación que maduró bajo una dictadura militar, que aunque fue menos sangrienta que otras de Latinoamérica, dejó impreso en la conciencia cívica de amplios sectores de panameños un legado de valores morales tergiversados, que se manifiesta en gran parte de los quehaceres diarios, ya sea en la escuela, en el trabajo, o en la mera convivencia entre vecinos y conciudadanos.
Por las razones expuestas, este diario considera que la reelección inmediata representa una amenaza para nuestra joven democracia, en vez de una oportunidad para ampliarla y consolidarla.
Y a la ciudadanía le corresponde cumplir con su deber sagrado de ejercer el derecho a voto y no delegar esa responsabilidad en los demás. Sobre su persona recaerá la autoría de los resultados, así sea el de haberse abstenido cobardemente de participar.
En particular nos referimos al estado de madurez de nuestra democracia. En nuestra opinión, los veintiún años de dictadura militar constituyeron un retroceso en los avances democráticos que había registrado el país en los sesenta y cinco años de historia precedentes.
Nadie puede negar que en nuestro país tenemos una democracia presidencial. El Estado está integrado por los tres poderes clásicos, mas sin embargo, quien ocupa la primera magistratura del Ejecutivo ostenta poder prevaleciente sobre los demás.
Por ejemplo, entidades como el Fondo de Emergencia Social (FES) son responsables de colocar mediante mecanismos acelerados unos cincuenta millones de Balboas al año, con suficiente discrecionalidad para captar simpatías o apoyo de peso electoral. Y ya hemos visto a quiénes se nombran en el cuerpo diplomático y consular, y cómo se distribuyen ciertos activos de las áreas revertidas. No existe la madurez y sofisticación institucional de una Contraloría y un Ministerio Público capaces de servir de contrapeso al Organo Ejecutivo.
Por otro lado, Panamá cuenta con una generación que maduró bajo una dictadura militar, que aunque fue menos sangrienta que otras de Latinoamérica, dejó impreso en la conciencia cívica de amplios sectores de panameños un legado de valores morales tergiversados, que se manifiesta en gran parte de los quehaceres diarios, ya sea en la escuela, en el trabajo, o en la mera convivencia entre vecinos y conciudadanos.
Por las razones expuestas, este diario considera que la reelección inmediata representa una amenaza para nuestra joven democracia, en vez de una oportunidad para ampliarla y consolidarla.
Y a la ciudadanía le corresponde cumplir con su deber sagrado de ejercer el derecho a voto y no delegar esa responsabilidad en los demás. Sobre su persona recaerá la autoría de los resultados, así sea el de haberse abstenido cobardemente de participar.