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Reelecciones, encuestas y estrategias (II)


El pasado 30 de diciembre publiqué, bajo este mismo título, algunas consideraciones sobre la estrategia que viene desarrollando el sector gubernamental, para impulsar su proyecto de reelección presidencial.
Los promotores de la reelección decía, entonces, a pesar de que las encuestas indican que 2 de cada 3 panameños la rechazamos, no retrocederán en su intento y llevarán al país al referéndum, en el último trimestre de 1998.
A los reeleccionistas no se les escapa que ellos parten en desventaja, pero se alimentan, para seguir adelante, con dos supuestos que son los siguientes:
1) Que sus ilimitados recursos materiales y propagandísticos, con los cuales nos han saturado, nos saturan y nos seguirán saturando todos los días, lograrán vender, a pesar de su intrínseca falsedad, la imagen de que son un gobierno bueno y que, por tanto, al país le conviene que sigan en el poder, y
2) Que como los opositores a la reelección no tenemos los recursos materiales y propagandísticos para rivalizar con ellos, ni los líderes que puedan movilizar la opinión contraria a la reelección, para transformarla en votos, se producirá un alto porcentaje de abstención que aumentará sus posibilidades de ganar el referéndum.
El resultado de esas dos premisas, como lo sueñan los reeleccionistas, es que ellos conseguirán que sus seguidores, el 32% que tienen actualmente más los que esperan ganar con su campaña, voten disciplinadamente y, por el otro lado, que muchos opositores se abstendrán de votar, por la tradicional falta de motivación que es propia de esas consultas y por la menor capacidad de movilización de sus dirigentes.
Así es como asumen sus posibilidades del lado de los reeleccionistas. Veamos, seguidamente, como se ven las cosas del lado de los que la rechazamos.
Acepto, por que es una realidad innegable, que los opositores a la reelección no tenemos recursos materiales y propagandísticos comparables, ni remotamente, a las desorbitadas y casi ofensivas, por su costo millonario, campañas oficiales.
Igualmente, acepto que hasta ahora la campaña contra la reelección apenas comienza a proyectar algunas ofensivas carentes de contundencia y todavía con muchos fallos.
Por ejemplo, aún no se ve una participación activa y decidida de los líderes de la oposición política, para enfrentar el discurso propagandístico de los reeleccionistas.
Los reeleccionistas afirman, con el mayor descaro, que su gobierno es mejor que el anterior. Al precedente le tocó recibir la administración del Estado en las condiciones más desastrosas que gobierno alguno en nuestra historia republicana y reconstruir un país desde las ruinas; el actual, la recibió en mejores condiciones que cualquier otro gobierno que podamos recordar.
Yo pregunto, ¿dónde están todos los panameños y panameñas que participaron en la administración anterior, que deben asumir la responsabilidad de rebatir esa descomunal falacia? Con muy pocas excepciones, brillan por su ausencia.
Como primera parte de una campaña, para comenzar a desinflar el globo de la reelección, debe explicarse en qué condiciones se encontraba Panamá en 1989 y qué país recibió el actual gobierno el 1 de septiembre de 1994.
Como segundo aspecto, debe desplegarse una campaña, bien alimentada de información, que la hay abundante, para demostrar que el actual gobierno, a pesar de haber partido con las condiciones más ventajosas, producto de la gestión de sus predecesores, no ha cumplido sus promesas electorales ni producido beneficios demostrables para los panameños.
--¿En cuánto se ha reducido el desempleo?
-- ¿En cuánto se ha reducido la pobreza?
-- ¿Cuáles son las ventajas que las privatizaciones han reportado para los usuarios de los servicios como el teléfono, por ejemplo?
-- ¿Cuánto perderá finalmente la Nación con el enredo de los puertos?
--¿or qué había que concederle a las empresas constructoras de los corredores las tierras de Paitilla?
-- ¿Por qué se ha vuelto a la desenfrenada carrera de endeudamiento que hipotecará a muchas generaciones de panameños?
--¿Por qué se ocultan los detalles de las negociaciones sobre el CMA?
--¿Por qué se sigue haciendo uso de facultades extraordinarias para legislar a espaldas del pueblo?
--¿Por qué se quiere privatizar el Seguro Social?
--¿Cuáles son los compromisos que se acaban de pactar con el Fondo Monetario Internacional?.
--¿Por qué cada día hay más niños en las calles pregonando su miseria?
--¿Por qué se recorta el presupuesto de la Universidad de Panamá, mientras se destinan más millones para gastos reservados y se malgastan muchos más en la propaganda oficial?
--¿Por qué no hay dinero para equipar escuelas, mientras se realizan viajes cuyo beneficio nadie puede demostrar?
--¿Por qué están desabastecidos los hospitales, mientras se gastan muchos millones en aviones y helicópteros presidenciales?
--¿Cuántas obras y contratos públicos se han adjudicado por contratación directa sin licitación ni concurso?
Los anteriores son algunos de los muchos temas que servirían para acabar con la fachada que nos presenta la propaganda oficial.
En tercer lugar, la estrategia para combatir la reelección debe estar desvinculada del tema de las posibles candidaturas de los partidos de oposición.
La campaña contra la reelección no debe, bajo ninguna circunstancia, ser utilizada para forzar alianzas electorales y mucho menos candidaturas. Ningún partido, a mi modo de ver, debe pretender convertirla en plataforma de lanzamiento electoral.
El intento gobiernista de forzar la figura de la reelección para perpetuar en el poder al actual mandatario es rechazado por la mayoría de los panameños, pero para que sea derrotado en el referéndum se requiere movilizar los votos. Opinión en contra y votos que se puedan contar son dos cosas muy distintas.
La campaña contra la reelección debe ser una cruzada nacional, de todos los sectores de la vida nacional, pero esa dimensión sólo se logrará en la medida en que se depongan los sectarismos. Hay muchos compatriotas que están en contra de la reelección, pero que podrían retraerse de participar activamente y hasta dejar de votar si se les quiere casar con candidaturas predeterminadas o prematuras.
En mi opinión, todos los esfuerzos deben concentrarse en planificar, organizar y ganar la campaña contra la reeleción.
O como dice el refrán popular. ¡No querramos hacer correas antes de matar la vaca, o el toro!.

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