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¿Reelegimos a los legisladores?


La inoperancia que afecta a la Asamblea Legislativa es preocupante, sobre todo si se toma en cuenta la necesidad que se tiene de que funcione y funcione bien. El costo de mantener una Asamblea improductiva, impacta directamente en la dinámica del desarrollo, toda vez que los legisladores están más ocupados en cómo alcanzar su nominación para acceder a las candidaturas, o bien, simplemente para consolidar su posición política. Lo cierto es que tan sólo unos cuantos asumen la responsabilidad que el pueblo les confirió. Hoy, los legisladores que componen la Asamblea parece que van perdiendo el piso y su mente se pierde en la insolente actitud de proveerse de más privilegios sin detenerse a preguntar, a quien los eligió, si lo merecen y explicar para qué quieren más, qué beneficio para la sociedad le generará esta incongruente acción, pues está claro que el rendimiento de los legisladores hasta el momento deja mucho que desear. Ni se diga de sus discursos desde la tribuna, y qué tal los golpes bajos, las insidias, las demandas engañosas, las descalificaciones, en fin.
El desempeño en la Asamblea Legislativa envuelto por el radicalismo de las partes que la integran es hoy por hoy, la antítesis de la productividad, un monumento a la inmovilidad y al desgaste político.
Lo peor de todo es que desean reelegirse automáticamente al término del período por el cual fueron elegidos. Sin embargo, esta intención de perpetuarse en el poder, no es otra cosa que el deseo de continuar viviendo a costa del erario público, es decir a costa del dinero de los ciudadanos, lo que ya no es tan fácil en nuestros tiempos. Si abundamos un poco en este asunto, lamentablemente nos veremos en la penosa necesidad de exhibir a muchos legisladores que por su descrédito social, el futuro, su futuro, es nulo pues el voto popular está vetado para ellos. En este sentido, reciente interpretación dada por el Colegio Nacional de Abogados cuestiona el derecho constitucional de los legisladores a reelegirse, y según hemos conocido, ya hay quienes están trabajando en la reforma constitucional del artículo 142 de nuestra Constitución a fin de incluir la reelección de los legisladores. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla como parece.
Hacerle modificaciones a la Constitución Nacional, además de los problemas de procedimiento que implican, involucra enfrentarse a una sociedad a la que ya tienen fastidiada de tanta insolencia y abuso por parte de la mayoría de los legisladores que tergiversan la representación popular al grado de sentirse omnipotentes y todopoderosos. Ahí quedan para la reflexión el ausentismo, el tortuguismo legislativo que se refleja en la falta de Leyes y modificaciones necesarias a las ya existentes. Lamentablemente, pareciera ser que la palabra de legislador es sinónimo de desvergüenza. Así las cosas, ¿vale la pena que intenten reelegirse?, ¿vale la pena que modifiquen nuestra Constitución para garantizarse cinco años más de prebendas y beneficios personales a costa de la nación? No lo creo.
Por otro lado, cualquiera iniciativa en este sentido sería antiética, pues no es posible aceptar que los legisladores legislen a su favor, puesto a que sería algo deshonesto de su parte el modificar la Carta Magna para proveerse de privilegios. Los legisladores se preocupan más por las elecciones internas de su partido, de las manifestaciones en contra del presidente de la República, de la movilización para encubrir a compañeros acusados de corrupción. El argumento de que necesitan más tiempo para poder ser eficaces y eficientes en su labor legislativa es una falacia, pues si aplicaran el tiempo de trabajo para lo que debe ser las cosas serían distintas.
222 El desempeño en la Asamblea Legislativa envuelto por el radicalismo de las partes que la integran es hoy por hoy, la antítesis de la productividad, un monumento a la inmovilidad y al desgaste político.
Otro planteamiento interesante que ha formulado la llamada sociedad civil se fundamenta en la necesidad de reducir al máximo posible el porcentaje de diputados, ya que esto permitiría poner en competencia pública a todos los aspirantes y se evitaría con más probabilidad el riesgo de que se ubique en la Asamblea Legislativa a gente de mala reputación, logrando con ello desbaratar los límites de poder que hoy por hoy, empantanan el trabajo legislativo.
Algo se tiene que hacer para hacer eficiente la labor de la Asamblea. Mucho se invierte en ella, tanto, que los partidos políticos en Panamá se han convertido en un gran negocio. Es excesivo el dinero público que se le da a los partidos políticos, cuando hay tantos rubros de tipo social que no están siendo cubiertos. Sinceramente, creo que nos quedan a deber mucho, pues la relación costo beneficio esta en números negativos en contra de la sociedad.
La Asamblea es de todos y los legisladores, como suena, son empleados del pueblo, pero a pesar de que los ciudadanos mantienen a los legisladores con sus impuestos, estos no le rinden cuentas, nunca lo han hecho, entonces ¿cómo hacer para que se conduzcan con honestidad?. Democracia no significa seguir reglas, sino cumplirlas con honestidad, honradez y ética. Y es que, en contraste, ahí queda la extrema pobreza que lastima a la nación, como contraparte de la opulencia que legisladores intentan proveerse. Esta es mi opinión ¿y cuál es la suya, apreciado lector? ¿Está usted dispuesto a reelegir a los actuales legisladores? Su opinión puede dirigirla a la siguiente dirección electrónica.
(egrimal@cableonda.net)

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