Reevaluemos la reglamentación de valores
En mayo pasado, Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, indicó que la ley Sarbanes-Oxley, promulgada en el 2002 en reacción a los escándalos financieros con las empresas Enron, WorldCom y otras, requerirá ser revisada. Tanto la Comisión de Valores (Securities and Exchange Commission) como la Junta Supervisora de la Contabilidad de Empresas Públicas creada por dicha ley (Public Company Accounting Oversight Board) reaccionaron rápidamente reconociendo que estaban siendo inflexibles, demasiado cautelosos y mecánicos en la interpretación de la normal legal. Por lo tanto, se comprometieron a ser más flexibles en la aplicación de una ley harto compleja y traumática.
Aquí en 1999 se adoptó una nueva ley de valores, que estableció nuevas reglas para las casas de valores, bolsas de valores, sociedades de inversión y emisores de valores en los mercados de capitales, así como la administración de cuentas de inversión y sociedades de inversión, entre otros. Desde entonces, la Comisión Nacional de Valores, reestructurada íntegramente, ha promulgado un número nutrido de reglamentos. Aunque lo ha hecho cumpliendo el procedimiento establecido en la ley de valores para la adopción de los mismos, esa reglamentación ha hecho los cambios aún más profundos, restrictivos y traumáticos.
Sin embargo, a pesar de las críticas de diferentes frentes, la Comisión ha insistido en su afán interventor, sin la humildad recientemente reflejada por su homólogo en Estados Unidos. Con la experiencia acumulada desde la promulgación de la ley de valores, ahora cabe hacer un análisis independiente de los beneficios para determinar si los costos se justifican.
Aquí en 1999 se adoptó una nueva ley de valores, que estableció nuevas reglas para las casas de valores, bolsas de valores, sociedades de inversión y emisores de valores en los mercados de capitales, así como la administración de cuentas de inversión y sociedades de inversión, entre otros. Desde entonces, la Comisión Nacional de Valores, reestructurada íntegramente, ha promulgado un número nutrido de reglamentos. Aunque lo ha hecho cumpliendo el procedimiento establecido en la ley de valores para la adopción de los mismos, esa reglamentación ha hecho los cambios aún más profundos, restrictivos y traumáticos.
Sin embargo, a pesar de las críticas de diferentes frentes, la Comisión ha insistido en su afán interventor, sin la humildad recientemente reflejada por su homólogo en Estados Unidos. Con la experiencia acumulada desde la promulgación de la ley de valores, ahora cabe hacer un análisis independiente de los beneficios para determinar si los costos se justifican.