Referéndum y abstencionismo
SIGUIENDO CON atención e interés, las diversas reacciones que ha producido el resultado de la consulta popular realizada el domingo 22 de octubre, en que se aprobó abrumadoramente la propuesta de ampliación del Canal de Panamá, mediante la construcción de un tercer juego de esclusas, según propuesta presentada por la ACP, uno de los factores que ha llamado la atención, ha sido el bajo nivel de participación o alto abstencionismo. Sin embargo, considero que este es un fenómeno tan antiguo como normal, tanto en Panamá como en el resto del mundo.
En efecto, en consultas populares similares, tanto en nuestro país como en otras latitudes, la participación ciudadana ha sido incluso más baja. Bástenos recurrir a las cifras del referéndum realizado el día domingo 15 de noviembre de 1992, en el que se decidía la aprobación o rechazo de importantes reformas constitucionales, incluyendo la eliminación del ejército y del control previo por parte de la Contraloría General de la República, la creación de la Defensoría del Pueblo, la autonomía presupuestaria para el Tribunal Electoral, entre muchas otras, en el que la participación apenas llegó al 40.1%, es decir 2.2% menos que en el último referéndum sobre la ampliación del Canal de Panamá .
Lo que sí resulta curioso es contrastar los argumentos de quienes han visto en las cifras de abstencionismo un triunfo para la opción perdedora. Más curioso resulta constatar, que muchas de esas figuras, apoyaron el NO en el referéndum del año 1992, y sin embargo, en aquel entonces no consideraron la alta inasistencia a las urnas, como fenómeno digno de comentar, ni mucho menos uno que erosionara la legitimidad del triunfo de su opción, entonces vencedora.
Y eso a pesar que la diferencia entonces entre el NO triunfador, y el SÍ vencido, fue mucho menor que en esta ocasión. En efecto, los datos del Acta de la Junta Nacional de Escrutinios, dan cuenta que el NO en 1992 obtuvo 357,355 votos, que representaron el 63.9%, mientras que el SÍ, logró el favor de 174,690 electores, representando el 31.2% del total. En este referéndum del 2006, el SÍ obtuvo 705,144 votos que representaron el 77.8% de la votación y el voto NO sacó 201,247 sufragios, representando el 22.2%.
Creo que un análisis objetivo y serio, a la luz de las cifras esbozadas, debiera dar cuenta que en esta ocasión, el voto triunfador en el referéndum, prácticamente duplicó en números absolutos, a la opción triunfadora del año 92, (705,144 votos frente a 357,355 votos) mientras que la opción derrotada, apenas si pudo obtener veintiséis mil votos más que la derrotada del 92 (201,247 votos ante 174,690).
¿Cómo se explica entonces que personalidades que se dicen serias, pretendan capitalizar en esta ocasión a favor del NO, la abstención producida? La explicación es una sola, y muy sencilla, muchas de estas gentes, nunca reconocerán que fueron ampliamente derrotadas en las urnas, mucho más contundentemente que cuando vencieron en 1992, triunfo del que algunas de ellas, aún se jactan. Para estas personas, no importa que el día se encuentre despejado y el sol esté brillante, siempre encontrarán negros nubarrones, cuando la opción no los favorezca; pero si de retorcer los análisis y hasta la interpretación de los resultados se trata, para sus muy aviesos propósitos e intereses, de seguro los encontraremos de primeros, tratando de pontificar sobre lo divino, lo humanos y por supuesto, lo electoral.
Lo cierto del caso es que en Panamá, el importante tema de la ampliación del Canal apenas si movió un 2.2% más de electores, que el no menos importante tema de las reformas constitucionales propuestas en 1992. La conclusión objetiva y desapasionada, bien pudiera ser que ambos tópicos, como quiera que no mueven a la pasión política, están reservados para una selecta minoría, que acude a la urnas a ejercer su voto, sin necesidad que las maquinarias político electorales se activen. Es lo que se llama, el voto consciente. Desde mi punto de vista, esa circunstancia, lejos de deslegitimizar el resultado, tal como ocurrió en 1992, lo fortalece.
(*) Ensayo sobre la lucidez. J. Saramago. Edit. Alfaguara.
drjcal@psi.net.pa
En efecto, en consultas populares similares, tanto en nuestro país como en otras latitudes, la participación ciudadana ha sido incluso más baja. Bástenos recurrir a las cifras del referéndum realizado el día domingo 15 de noviembre de 1992, en el que se decidía la aprobación o rechazo de importantes reformas constitucionales, incluyendo la eliminación del ejército y del control previo por parte de la Contraloría General de la República, la creación de la Defensoría del Pueblo, la autonomía presupuestaria para el Tribunal Electoral, entre muchas otras, en el que la participación apenas llegó al 40.1%, es decir 2.2% menos que en el último referéndum sobre la ampliación del Canal de Panamá .
Lo que sí resulta curioso es contrastar los argumentos de quienes han visto en las cifras de abstencionismo un triunfo para la opción perdedora. Más curioso resulta constatar, que muchas de esas figuras, apoyaron el NO en el referéndum del año 1992, y sin embargo, en aquel entonces no consideraron la alta inasistencia a las urnas, como fenómeno digno de comentar, ni mucho menos uno que erosionara la legitimidad del triunfo de su opción, entonces vencedora.
Y eso a pesar que la diferencia entonces entre el NO triunfador, y el SÍ vencido, fue mucho menor que en esta ocasión. En efecto, los datos del Acta de la Junta Nacional de Escrutinios, dan cuenta que el NO en 1992 obtuvo 357,355 votos, que representaron el 63.9%, mientras que el SÍ, logró el favor de 174,690 electores, representando el 31.2% del total. En este referéndum del 2006, el SÍ obtuvo 705,144 votos que representaron el 77.8% de la votación y el voto NO sacó 201,247 sufragios, representando el 22.2%.
Creo que un análisis objetivo y serio, a la luz de las cifras esbozadas, debiera dar cuenta que en esta ocasión, el voto triunfador en el referéndum, prácticamente duplicó en números absolutos, a la opción triunfadora del año 92, (705,144 votos frente a 357,355 votos) mientras que la opción derrotada, apenas si pudo obtener veintiséis mil votos más que la derrotada del 92 (201,247 votos ante 174,690).
¿Cómo se explica entonces que personalidades que se dicen serias, pretendan capitalizar en esta ocasión a favor del NO, la abstención producida? La explicación es una sola, y muy sencilla, muchas de estas gentes, nunca reconocerán que fueron ampliamente derrotadas en las urnas, mucho más contundentemente que cuando vencieron en 1992, triunfo del que algunas de ellas, aún se jactan. Para estas personas, no importa que el día se encuentre despejado y el sol esté brillante, siempre encontrarán negros nubarrones, cuando la opción no los favorezca; pero si de retorcer los análisis y hasta la interpretación de los resultados se trata, para sus muy aviesos propósitos e intereses, de seguro los encontraremos de primeros, tratando de pontificar sobre lo divino, lo humanos y por supuesto, lo electoral.
Lo cierto del caso es que en Panamá, el importante tema de la ampliación del Canal apenas si movió un 2.2% más de electores, que el no menos importante tema de las reformas constitucionales propuestas en 1992. La conclusión objetiva y desapasionada, bien pudiera ser que ambos tópicos, como quiera que no mueven a la pasión política, están reservados para una selecta minoría, que acude a la urnas a ejercer su voto, sin necesidad que las maquinarias político electorales se activen. Es lo que se llama, el voto consciente. Desde mi punto de vista, esa circunstancia, lejos de deslegitimizar el resultado, tal como ocurrió en 1992, lo fortalece.
(*) Ensayo sobre la lucidez. J. Saramago. Edit. Alfaguara.
drjcal@psi.net.pa