Reflejos de un gran pueblo
Me despido de los lectores de El Panamá América recordando un episodio en la lucha del pueblo panameño por la libertad de expresión. Se trata de la colecta del "centavo de la dignidad" que se hizo en mayo y junio de 1986 para pagar la multa de B/. 2,500 con la cual el gobierno norieguista castigó a Miguel Antonio Bernal por comentar en su programa radial sobre el titular del diario Extra que rezaba: "Panamá, puente del mundo y centro del narcotráfico".
Las contribuciones a la campaña del "centavo de la dignidad" llegaron de todas partes: Bocas del Toro y Darién, Chitré, Chiriquí, Río Abajo, la barriada Torrijos-Carter, Volcán, la Zona del Canal, Mariabé, Pedasí, Las Trancas de Guararé, Chepo, Aguadulce y Penonomé, Arraiján, Cerro Batea, La Chorrera, Las Cumbres, Bella Vista y Santa Ana.
Las notas que acompañaban las donaciones fueron escritas en hojas de cuaderno, pedazos de cartucho, en sobres usados y sobres volteados al revés, tarjetas de presentación, papel de carta con membrete, costosas tarjetas, postales, papel de teletipo y hasta en un recibo del Seguro Social. Con los centavos llegaron comunicados y resoluciones de diversas organizaciones, memoriales con cientos de firmas, recortes de periódico, telegramas, poesías y estampitas religiosas.
Escribió Abdiel Toribio (VI año): "No desmaye y siga adelante porque a estas personalidades que ensucian nuestro suelo patrio hay que enseñarles lo que es dignidad, valor y ética". En una carta firmada por Mariano E. Mena, los trabajadores de Celloprint, S.A. afirmaron su solidaridad con la campaña del centavo de la dignidad, por el derecho a la libertad de expresión, por el respeto a la persona humana y por el derecho de los servidores del Estado a organizarse y pronunciarse libremente.
Francia Salado mandó mil cincuenta centavos "con todo cariño por la libertad de expresión y por la dignidad de todos los panameños que sí queremos a Panamá". Ricaurte S. Jaramillo anotó que su contribución era contra la corrupción, a favor de la libertad de expresión, y por los desaparecidos a manos del régimen de 1968. Los profesores del Instituto José Dolores Moscote hicieron su contribución recordándole a Bernal: "No olvide que los verdugos son temporales, pero la vocación libertaria del hombre sobrevivirá la tiranía y emergerá incólumne de la barbarie".
Edith L. de Guevara y José M. Cano escribieron: "Panamá, patria mía, hoy sufres porque a tus verdaderos hijos los están mancillando los malos hijos, desnaturalizados y degenerados. Pero Dios te ha recompensado por ser libre y soberana con hombres que luchan con empeño por la verdadera tranquilidad, hombres justos, dignos y decididos como lo es Bernal". La Sra. Liriola Picota dijo que estaba reuniendo dinero para cumplir con una promesa pero, porque tenía un hijo, decidió donar B/. 20.00 "por la mejor de las causas que es la libertad de expresión".
Sin dar sus nombres, dos jubilados y seis de sus nietos contribuyeron B/. 26.65. Los estudiantes del Primer Ciclo Louis Martinz mandaron 1,322 centésimos con la siguiente carta: "El que por medio de amenazas o maniobras preconcebidas trate de silenciar la libertad de expresión de un pueblo o de una nación, solo merece el repudio total de todos los amantes de la libertad de expresión. ¡Adelante! La verdad nos hará libres". Una mención muy especial la merece Felix Bravo, un anciano de 75 años que vivía en el Hogar Bolívar, por contribuir cien centésimos que había recogido en limosnas.
Aquel sacrificio del pueblo panameño por defender la libertad de expresión conmueve profundamente. Quienes dieron de lo poco que tenían a la campaña del "centavo de la dignidad" probaron que sí quieren a Panamá. Las notas que acompañaron sus modestas contribuciones son un reflejo de su grandeza, de su amor por la Patria.
Esa grandeza debe reflejarse en los gobernantes de este país puesto que la democracia es un gobierno del pueblo para el pueblo. Pero no es así. Hay un abismo profundo entre pueblo y gobierno porque los ladrones más grandes de este país no están en la cárcel, se dedican a la política. Los políticos profesionales, que no tienen otra forma de mantenerse sino vivir del Gobierno, no aman a Panamá. Le roban su belleza natural y su integridad física. Avidos de poder, corruptos e ineptos, viven a costilla del erario.
Inhiben la libertad de expresión, le niegan a la ciudadanía el derecho a saber lo que hace su gobierno, mantienen al pueblo pobre e ignorante, y lo obligan a vivir bajo una Constitución redactada por una dictadura militar, porque solo así pueden mantenerse en el poder.
Panameña, panameño: Es hora de ponerte de pie. El destino de la Patria está en tus manos. Acuérdate de tus luchas titánicas por la verdad, la democracia y la justicia. Defiende la libertad de expresión en su sentido más amplio porque es imprescindible en la lucha para que a todos los niños que abren los ojos por primera vez bajo el cielo panameño disfruten de una vida sana y digna. Tu norte, en estos tiempos tenebrosos de caos y corrupción, debe ser luchar, no sólo en las campañas electorales, sino todos los días, hasta lograr un gobierno democrático y justo que refleje tu grandeza y tu amor por Panamá. Abrazo y adiós.
Las contribuciones a la campaña del "centavo de la dignidad" llegaron de todas partes: Bocas del Toro y Darién, Chitré, Chiriquí, Río Abajo, la barriada Torrijos-Carter, Volcán, la Zona del Canal, Mariabé, Pedasí, Las Trancas de Guararé, Chepo, Aguadulce y Penonomé, Arraiján, Cerro Batea, La Chorrera, Las Cumbres, Bella Vista y Santa Ana.
Las notas que acompañaban las donaciones fueron escritas en hojas de cuaderno, pedazos de cartucho, en sobres usados y sobres volteados al revés, tarjetas de presentación, papel de carta con membrete, costosas tarjetas, postales, papel de teletipo y hasta en un recibo del Seguro Social. Con los centavos llegaron comunicados y resoluciones de diversas organizaciones, memoriales con cientos de firmas, recortes de periódico, telegramas, poesías y estampitas religiosas.
Escribió Abdiel Toribio (VI año): "No desmaye y siga adelante porque a estas personalidades que ensucian nuestro suelo patrio hay que enseñarles lo que es dignidad, valor y ética". En una carta firmada por Mariano E. Mena, los trabajadores de Celloprint, S.A. afirmaron su solidaridad con la campaña del centavo de la dignidad, por el derecho a la libertad de expresión, por el respeto a la persona humana y por el derecho de los servidores del Estado a organizarse y pronunciarse libremente.
Francia Salado mandó mil cincuenta centavos "con todo cariño por la libertad de expresión y por la dignidad de todos los panameños que sí queremos a Panamá". Ricaurte S. Jaramillo anotó que su contribución era contra la corrupción, a favor de la libertad de expresión, y por los desaparecidos a manos del régimen de 1968. Los profesores del Instituto José Dolores Moscote hicieron su contribución recordándole a Bernal: "No olvide que los verdugos son temporales, pero la vocación libertaria del hombre sobrevivirá la tiranía y emergerá incólumne de la barbarie".
Edith L. de Guevara y José M. Cano escribieron: "Panamá, patria mía, hoy sufres porque a tus verdaderos hijos los están mancillando los malos hijos, desnaturalizados y degenerados. Pero Dios te ha recompensado por ser libre y soberana con hombres que luchan con empeño por la verdadera tranquilidad, hombres justos, dignos y decididos como lo es Bernal". La Sra. Liriola Picota dijo que estaba reuniendo dinero para cumplir con una promesa pero, porque tenía un hijo, decidió donar B/. 20.00 "por la mejor de las causas que es la libertad de expresión".
Sin dar sus nombres, dos jubilados y seis de sus nietos contribuyeron B/. 26.65. Los estudiantes del Primer Ciclo Louis Martinz mandaron 1,322 centésimos con la siguiente carta: "El que por medio de amenazas o maniobras preconcebidas trate de silenciar la libertad de expresión de un pueblo o de una nación, solo merece el repudio total de todos los amantes de la libertad de expresión. ¡Adelante! La verdad nos hará libres". Una mención muy especial la merece Felix Bravo, un anciano de 75 años que vivía en el Hogar Bolívar, por contribuir cien centésimos que había recogido en limosnas.
Aquel sacrificio del pueblo panameño por defender la libertad de expresión conmueve profundamente. Quienes dieron de lo poco que tenían a la campaña del "centavo de la dignidad" probaron que sí quieren a Panamá. Las notas que acompañaron sus modestas contribuciones son un reflejo de su grandeza, de su amor por la Patria.
Esa grandeza debe reflejarse en los gobernantes de este país puesto que la democracia es un gobierno del pueblo para el pueblo. Pero no es así. Hay un abismo profundo entre pueblo y gobierno porque los ladrones más grandes de este país no están en la cárcel, se dedican a la política. Los políticos profesionales, que no tienen otra forma de mantenerse sino vivir del Gobierno, no aman a Panamá. Le roban su belleza natural y su integridad física. Avidos de poder, corruptos e ineptos, viven a costilla del erario.
Inhiben la libertad de expresión, le niegan a la ciudadanía el derecho a saber lo que hace su gobierno, mantienen al pueblo pobre e ignorante, y lo obligan a vivir bajo una Constitución redactada por una dictadura militar, porque solo así pueden mantenerse en el poder.
Panameña, panameño: Es hora de ponerte de pie. El destino de la Patria está en tus manos. Acuérdate de tus luchas titánicas por la verdad, la democracia y la justicia. Defiende la libertad de expresión en su sentido más amplio porque es imprescindible en la lucha para que a todos los niños que abren los ojos por primera vez bajo el cielo panameño disfruten de una vida sana y digna. Tu norte, en estos tiempos tenebrosos de caos y corrupción, debe ser luchar, no sólo en las campañas electorales, sino todos los días, hasta lograr un gobierno democrático y justo que refleje tu grandeza y tu amor por Panamá. Abrazo y adiós.