Reflexión de carnaval
ANTES QUE nos sumerjamos en el agua y el guaro propios de la época de carnaval, mientras discutimos si repartimos preservativos a los jóvenes o píldoras del día después, y antes de que aprueben las retrógradas propuestas de reforma en el área penal-procesal, en el sistema de salud hasta ahora desintegrado y en lo relativo al transmilenio por aquello de que ya cambiamos de milenio y aún no resolvemos nada, se me ocurre hacer algunas reflexiones para considerar en el tiempo libre que nos quede, entre los desfiles y las tunas.
En Panamá a nadie sorprende la confirmación de un secreto que desde la fundación de la República recorre el país de un extremo al otro, y es el que "algunos exitosos empresarios y adinerados ex servidores públicos, algo raro han debido estar haciendo para acumular semejantes riquezas en tan poco tiempo". Martín Fierro decía que no era de fiar la familia que se hacía rica en 2 ó 3 generaciones, imagínense lo que pensaría sobre el individuo que se hace millonario en 2 ó 3 años.
Usted se cansa de ver en los medios de comunicación noticias relacionadas a contenedores que entran al suelo patrio, repletos de dólares, de drogas, de equipos e insumos múltiples que no corresponden a sus manifiestos de aduana, es decir lo único que hasta ahora no se ha encontrado es uno repleto de personas, porque creo que entran por otro medio y, al final, no hay nadie que valga la pena preso.
Los precios de los terrenos se multiplican por 100 por arte de magia, como en el caso de la avenida Balboa, Boquete o Azuero, mientras que a algunos escogidos en los diferentes ciclos quinquenales se les venden cientos de hectáreas a precios de Reforma Agraria. Así, ¿quién carajo no se hace rico y exitoso?, me decía un vendedor de periódico amigo mío.
Ahora ya todos estamos tranquilos, porque hemos finalmente entendido que los precios de la electricidad, el teléfono, los celulares, los corredores, el gas de cocina, la gasolina y el diesel, y los alimentos y el cemento, lo ponen las empresas transnacionales en contubernio con los distinguidos empresarios criollos, ante la muda complicidad de algunos interesados funcionarios de la era post-invasión, ya que en virtud del cacareado respeto a la seguridad jurídica, tienen la potestad de continuar imponiendo sus decisiones e intereses, a perpetuidad.
Una cosa que me ha sorprendido grandemente en los últimos meses es ver cómo la casta dominante de los partidos políticos y de la sociedad, juegan a la renuncia y a la afiliación en los diferentes partidos políticos, conformando un collage de parentescos e intereses más que de ideologías, en donde al final de la jornada seguirán todos comiendo en la misma mesa; mientras abajo, en la base, los fieles militantes de las campañas electorales, seguirán esperando el milagro de que les tiren un mendrugo de pan o un hueso con algo de carne.
A cualquier miembro de la clase pudiente criolla se le está permitido por estatuto del club o la logia respectiva, a que se pueda cambiar hacia el partido ganador, hasta un mes después de que se cuenten los votos cada cinco años; claro está, por el bien de la Patria. Pero cualquier hijo de vecina que intente este acto dentro de los cinco años de mandato, será catalogado al instante de cobarde, traidor y de tener nexos con Noriega y sus secuaces, y será llevado al patíbulo político y condenado al ostracismo, por un tiempo no menor a 10 años. Estas son algunas normas vigentes de la sociedad panameña.
No sé qué pasa, pero en nuestro país se está presentando desde hace 17 años, con mayor prevalencia e incidencia una extraña enfermedad, que creo se hace merecedora a que llamemos al CDC de Atlanta para que nos ayude a encontrar la causa de esta epidemia. Este síndrome se caracteriza porque el sujeto político, en los cinco años previos de su vida, tiene planteamientos que no salen de la esfera del bien común, y se caracteriza por ser una persona humilde, quien saluda a sus vecinos y comparte sus vivencias. Durante este periodo de incubación, expresa sin tapujos que no quiere para este país ni una privatización más y hasta llega a comprometerse a rescatar los oligopolios y monopolios estatales cedidos por sus antecesores, según él, de mala manera a la empresa privada. Pero tan pronto llega al poder o a un puesto alto de gobierno por elección o designación, el individuo experimenta una súbita y profunda crisis de enfermedad de Alzheimer. Es decir, olvida todo lo prometido, y lo que es peor, hace precisamente todo lo que dijo que no haría; le da por mudarse de barrio, construir mansiones en costosos resorts, por cambiar de amigos y hasta de familia y empezar a comprar barcos, carros europeos y aviones gringos.
Estoy muy preocupado y a punto por solicitarle a la Sociedad Panameña de Salud Pública que hagamos una reunión plenaria para analizar qué le está pasando a estos sujetos, que de pronto se han olvidado de dónde vienen y hacia dónde van finalmente. Creo que el primer diagnóstico para descartar es que desde que nacieron no tenían calidad humana.
En Panamá a nadie sorprende la confirmación de un secreto que desde la fundación de la República recorre el país de un extremo al otro, y es el que "algunos exitosos empresarios y adinerados ex servidores públicos, algo raro han debido estar haciendo para acumular semejantes riquezas en tan poco tiempo". Martín Fierro decía que no era de fiar la familia que se hacía rica en 2 ó 3 generaciones, imagínense lo que pensaría sobre el individuo que se hace millonario en 2 ó 3 años.
Usted se cansa de ver en los medios de comunicación noticias relacionadas a contenedores que entran al suelo patrio, repletos de dólares, de drogas, de equipos e insumos múltiples que no corresponden a sus manifiestos de aduana, es decir lo único que hasta ahora no se ha encontrado es uno repleto de personas, porque creo que entran por otro medio y, al final, no hay nadie que valga la pena preso.
Los precios de los terrenos se multiplican por 100 por arte de magia, como en el caso de la avenida Balboa, Boquete o Azuero, mientras que a algunos escogidos en los diferentes ciclos quinquenales se les venden cientos de hectáreas a precios de Reforma Agraria. Así, ¿quién carajo no se hace rico y exitoso?, me decía un vendedor de periódico amigo mío.
Ahora ya todos estamos tranquilos, porque hemos finalmente entendido que los precios de la electricidad, el teléfono, los celulares, los corredores, el gas de cocina, la gasolina y el diesel, y los alimentos y el cemento, lo ponen las empresas transnacionales en contubernio con los distinguidos empresarios criollos, ante la muda complicidad de algunos interesados funcionarios de la era post-invasión, ya que en virtud del cacareado respeto a la seguridad jurídica, tienen la potestad de continuar imponiendo sus decisiones e intereses, a perpetuidad.
Una cosa que me ha sorprendido grandemente en los últimos meses es ver cómo la casta dominante de los partidos políticos y de la sociedad, juegan a la renuncia y a la afiliación en los diferentes partidos políticos, conformando un collage de parentescos e intereses más que de ideologías, en donde al final de la jornada seguirán todos comiendo en la misma mesa; mientras abajo, en la base, los fieles militantes de las campañas electorales, seguirán esperando el milagro de que les tiren un mendrugo de pan o un hueso con algo de carne.
A cualquier miembro de la clase pudiente criolla se le está permitido por estatuto del club o la logia respectiva, a que se pueda cambiar hacia el partido ganador, hasta un mes después de que se cuenten los votos cada cinco años; claro está, por el bien de la Patria. Pero cualquier hijo de vecina que intente este acto dentro de los cinco años de mandato, será catalogado al instante de cobarde, traidor y de tener nexos con Noriega y sus secuaces, y será llevado al patíbulo político y condenado al ostracismo, por un tiempo no menor a 10 años. Estas son algunas normas vigentes de la sociedad panameña.
No sé qué pasa, pero en nuestro país se está presentando desde hace 17 años, con mayor prevalencia e incidencia una extraña enfermedad, que creo se hace merecedora a que llamemos al CDC de Atlanta para que nos ayude a encontrar la causa de esta epidemia. Este síndrome se caracteriza porque el sujeto político, en los cinco años previos de su vida, tiene planteamientos que no salen de la esfera del bien común, y se caracteriza por ser una persona humilde, quien saluda a sus vecinos y comparte sus vivencias. Durante este periodo de incubación, expresa sin tapujos que no quiere para este país ni una privatización más y hasta llega a comprometerse a rescatar los oligopolios y monopolios estatales cedidos por sus antecesores, según él, de mala manera a la empresa privada. Pero tan pronto llega al poder o a un puesto alto de gobierno por elección o designación, el individuo experimenta una súbita y profunda crisis de enfermedad de Alzheimer. Es decir, olvida todo lo prometido, y lo que es peor, hace precisamente todo lo que dijo que no haría; le da por mudarse de barrio, construir mansiones en costosos resorts, por cambiar de amigos y hasta de familia y empezar a comprar barcos, carros europeos y aviones gringos.
Estoy muy preocupado y a punto por solicitarle a la Sociedad Panameña de Salud Pública que hagamos una reunión plenaria para analizar qué le está pasando a estos sujetos, que de pronto se han olvidado de dónde vienen y hacia dónde van finalmente. Creo que el primer diagnóstico para descartar es que desde que nacieron no tenían calidad humana.