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Reflexión por la democracia


Después de la invasión en 1989 y luego de veintiún años de dictadura, pudo ser entendible que los demócratas panameños cometiéramos ciertos errores cuyas consecuencias ponen en peligro aquello por lo que tanto luchamos, la democracia. Pero creo que ha pasado suficiente tiempo para que, si no corregimos esos errores, por lo menos no los repitamos ni cometamos otros nuevos que nos lleven a lamentar en muy breve tiempo una pesadilla que nunca más queremos volver a vivir.
A pesar de que algunos nos hemos preocupado de explicarle al país, por todas las formas razonables posibles que es imposible vivir la democracia que queremos con una Constitución Política diseñada para un totalitarismo indefinido, la clase política tradicional y la “sociedad civil” no han podido o no han querido entender que sin las normas fundamentales apropiadas, jamás encontraremos el camino correcto para alcanzar el objetivo nacional de una democracia con desarrollo sostenible. Hay que querer a la Patria y tener visión de estadista para entender este concepto.
El otro gran error de los demócratas panameños fue encontrar toda clase de defectos al primer gobierno de la naciente democracia, y al llegar a las siguientes elecciones, nos dividimos y nosotros mismos creamos las terceras fuerzas. Los herederos de la dictadura aprovecharon nuestra miopía política y el partido que nació y creció en las entrañas de la dictadura militar, el mismo que fue cómplice y aplaudió los crímenes de los uniformados, logró el retorno de las botas, por los votos, ganando las elecciones de 1994 con una tremenda minoría electoral. Cuatro candidatos de las fuerzas democráticas pusieron en bandeja de oro el triunfo electoral a un pupilo de los cuarteles, con un tercio o menos de los votos depositados. Esto fue posible por las normas electorales que rigen en la Constitución militarista de 1972.
Del error electoral cometido aprendimos parcialmente la elección, aunque un político de pantalones cortos insistió en mantener una “tercera fuerza electoral” en las siguientes elecciones de 1999; afortunadamente, otros fenómenos políticos incidieron para que las riendas del Estado regresaran a las manos de las fuerzas democráticas. Se mantuvo la candidata del más poderoso partido del país y regresó a la gran alianza de las fuerzas democráticas el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista, y las fuerzas demócratas logramos la victoria electoral con una ventaja de casi cien mil votos.
A pesar de las duras experiencias vividas, estamos en peligro de cometer el mismo error, aceptando la fórmula de una tercera fuerza electoral, que no es otra cosa que dividir a las fuerzas demócratas.
En Panamá existen dos corrientes políticas claramente definidas, los enemigos de la democracia que aplaudieron los crímenes de la dictadura, agrupados en el Partido Revolucionario Democrático, creado en las entrañas de los cuarteles por los militares de turno y sus cómplices civiles, y las fuerzas demócratas, desafortunadamente, agrupadas en varios partidos políticos.
Hoy día tenemos también una gran cantidad de panameños que se denominan “la sociedad civil” con tendencia a criticar todas las acciones del gobierno de turno, pero sin querer participar en la lucha política partidista. A nuestro juicio, mientras aceptemos vivir con la Constitución Política que nos rige, la cual prohíbe las candidaturas independientes, es un error combatir por la democracia desde las filas de una sociedad civil, sin hacer la lucha desde un partido político.
Nuestro actual gobierno fue llevado al poder por las fuerzas demócratas. Entiendo que muchos no comprendan el hecho de que nuestra presidenta haya dirigido los principales esfuerzos a la solución de las necesidades básicas de los hombres, mujeres y niños de las comunidades más pobres y recónditas del país. No ha sido lo común en la historia de los gobiernos de nuestra vida republicana y esa falta de comprensión, debidamente explotada por las fuerzas antidemocráticas de la oposición nos están llevando a cometer el mismo error del pasado, que las fuerzas demócratas nos dividamos.
Nuestro deber como demócratas es reflexionar y apoyar la candidatura del actual gobierno que representa a nuestras fuerzas y ese grupo de la sociedad civil, mientras no tengamos el valor de forzar el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, debe participar en la lucha por la democracia, desde uno de los partidos políticos que luchan por construir una verdadera democracia.
(hyasoc@yahoo.com)

101 años de Panamá América

 
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