Reflexión sobre la Universidad de Panamá
Refiriéndome a la reciente crisis universitaria, no me queda más que remontarme al período en que se aprobaban las privatizaciones; y desde esos momentos se podía visualizar lo que venía. Y es que la luz y el teléfono son vitales para los hospitales, escuelas, ministerios, universidades estatales. Si se privatizaban los servicios básicos, era necesario ajustar, según las tarifas de la empresa privada, los renglones presupuestarios y no pretender abandonar a su suerte a instituciones como la Universidad de Panamá, como quien no tiene ninguna responsabilidad.
En situaciones como la planteada, los estudiantes universitarios salen a protestar y como en cualquier universidad, unos están llenos de idealismo y razones y otros, quizás, aprovechándose de la situación.
Definitivamente, lo ideal, lo civilizado en una sociedad moderna, es protestar desde las aceras para no incomodar a terceros. Pero para que esto sea posible es necesario que los gobernantes tengan una actitud también civilizada, prestando atención y dando respuestas inmediatas a las protestas en la mesa de negociaciones. Pero las experiencias nos dicen que acciones que se utilizan en el mundo desarrollado, como protestar con pancartas desde las aceras, como forma de expresión del descontento de nuestra sociedad, no ha sido efectiva en este país. Es impactante palpar la falta de confianza en nuestras autoridades. Es muy probable que los adultos mayores y no tan mayores, no estemos enviando los mensajes adecuados para la juventud idealista y llena de energía que se levanta.
Y desgraciadamente, cada año nos encontramos con el estrés de que hay que pelear por el presupuesto universitario. La política de todos los gobiernos de intentar recortar anualmente el presupuesto de la Universidad de Panamá, debería ser suplantada por un presupuesto acorde con la población estudiantil que cada año aumenta. Sin embargo, para algunos es muy lógico recomendar que se aumente el costo de la matrícula, porque la actual es muy barata. Esto es cierto, pero la realidad ahora es que a pesar de su bajo costo, la gran mayoría de los panameños no pueden continuar sus estudios universitarios por falta de recursos económicos, ya que no solamente hay que cubrir el pago de la matrícula, sino que también se requieren fondos para sufragar el transporte, alimentación, libros, fotocopias y otros insumos necesarios para el proceso de aprendizaje. Se le suma además, el desempleo de los padres y la desintegración familiar, los cuales se convierten en obstáculos para continuar los estudios de muchachos y muchachas prometedores. Francamente es mejor tenerlos entretenidos estudiando en la Universidad, que engrosando las filas de desempleados.
Otros proponen que la universidad pase de ser una entidad de enseñanza, investigación y extensión a una empresa privada que genere autogestión. Esto de hecho ya se da en cierta medida, pero no podemos perder de vista nuestra misión de universidad. Los fondos que se generan de las actividades de autogestión se utilizan en aquellos renglones importantes que quedan fuera del presupuesto. Además, la Universidad cuenta con procesos de fiscalizaciones por parte de la Contraloría para conocer el destino de dichos fondos.
Al gobierno de turno le corresponde proteger este valioso recurso de una universidad donde nuestros jóvenes, cerca de 60,000, se preparan para un Panamá mejor. En recursos humanos y en infraestructura, es la Universidad más completa que tiene Panamá. Es necesario una política de Estado que diseñe programas de ayuda para aquellos estudiantes que desean estudiar, pero que no califican en un préstamo del IFARHU, porque nadie puede servirles de fiador.
Es muy fácil atacar a la Universidad de Panamá e intentar descalificarla, pero si ponemos lo bueno y lo malo en una balanza, estoy segura que los beneficios son mucho más grandes que lo negativo que tenga. Como panameña me sentiría avergonzada en nuestra dignidad ciudadana, que esta universidad o cualquier otra de nuestras instituciones se le intentara siquiera privar de luz eléctrica y los servicios tlefónicos. Son nuestras y debemos defenderlas.
En situaciones como la planteada, los estudiantes universitarios salen a protestar y como en cualquier universidad, unos están llenos de idealismo y razones y otros, quizás, aprovechándose de la situación.
Definitivamente, lo ideal, lo civilizado en una sociedad moderna, es protestar desde las aceras para no incomodar a terceros. Pero para que esto sea posible es necesario que los gobernantes tengan una actitud también civilizada, prestando atención y dando respuestas inmediatas a las protestas en la mesa de negociaciones. Pero las experiencias nos dicen que acciones que se utilizan en el mundo desarrollado, como protestar con pancartas desde las aceras, como forma de expresión del descontento de nuestra sociedad, no ha sido efectiva en este país. Es impactante palpar la falta de confianza en nuestras autoridades. Es muy probable que los adultos mayores y no tan mayores, no estemos enviando los mensajes adecuados para la juventud idealista y llena de energía que se levanta.
Y desgraciadamente, cada año nos encontramos con el estrés de que hay que pelear por el presupuesto universitario. La política de todos los gobiernos de intentar recortar anualmente el presupuesto de la Universidad de Panamá, debería ser suplantada por un presupuesto acorde con la población estudiantil que cada año aumenta. Sin embargo, para algunos es muy lógico recomendar que se aumente el costo de la matrícula, porque la actual es muy barata. Esto es cierto, pero la realidad ahora es que a pesar de su bajo costo, la gran mayoría de los panameños no pueden continuar sus estudios universitarios por falta de recursos económicos, ya que no solamente hay que cubrir el pago de la matrícula, sino que también se requieren fondos para sufragar el transporte, alimentación, libros, fotocopias y otros insumos necesarios para el proceso de aprendizaje. Se le suma además, el desempleo de los padres y la desintegración familiar, los cuales se convierten en obstáculos para continuar los estudios de muchachos y muchachas prometedores. Francamente es mejor tenerlos entretenidos estudiando en la Universidad, que engrosando las filas de desempleados.
Otros proponen que la universidad pase de ser una entidad de enseñanza, investigación y extensión a una empresa privada que genere autogestión. Esto de hecho ya se da en cierta medida, pero no podemos perder de vista nuestra misión de universidad. Los fondos que se generan de las actividades de autogestión se utilizan en aquellos renglones importantes que quedan fuera del presupuesto. Además, la Universidad cuenta con procesos de fiscalizaciones por parte de la Contraloría para conocer el destino de dichos fondos.
Al gobierno de turno le corresponde proteger este valioso recurso de una universidad donde nuestros jóvenes, cerca de 60,000, se preparan para un Panamá mejor. En recursos humanos y en infraestructura, es la Universidad más completa que tiene Panamá. Es necesario una política de Estado que diseñe programas de ayuda para aquellos estudiantes que desean estudiar, pero que no califican en un préstamo del IFARHU, porque nadie puede servirles de fiador.
Es muy fácil atacar a la Universidad de Panamá e intentar descalificarla, pero si ponemos lo bueno y lo malo en una balanza, estoy segura que los beneficios son mucho más grandes que lo negativo que tenga. Como panameña me sentiría avergonzada en nuestra dignidad ciudadana, que esta universidad o cualquier otra de nuestras instituciones se le intentara siquiera privar de luz eléctrica y los servicios tlefónicos. Son nuestras y debemos defenderlas.