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Reflexionando sobre el veneno


La palabra veneno nos viene del latín, y era el fonema con el que los antiguos romanos designaban a los filtros amorosos. ¡Qué origen tan romántico para un término que después vino a evocar la fatalidad!
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua nos brinda acepciones más actuales y concretas: primero nos dice que es una sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte. Una segunda definición es "Cosa nociva a la salud". El diccionario va más al fondo, y nos revela en un tercer concepto que veneno es toda cosa que puede causar un "daño moral", y que también es todo afecto de "ira, rencor u otro mal sentimiento".
No dudamos que nuestros lingüistas hispanoamericanos son sabios al abrir así el abanico de definiciones. Nos ayudan a reflexionar sobre los tristes episodios de este año en Panamá. El de más resonancia es sin discusión el de las muertes por envenenamiento en la Caja de Seguro Social. Coincidimos que ese veneno, el dietilene glycol, que el New York Times bautizó como "el asesino en la botella", ha hecho mucho más que matar gente, ha quebrantado la fe de todo un pueblo en una de sus instituciones principales.
Pero otro veneno recorrió primero los puntos vitales de nuestra patria, y fue provocado por la huelga de educadores. Con su acción, docentes malintencionados trastocaron valores fundamentales, usaron la escuela como cicuta, y causaron un daño moral que tardará generaciones en ser reparado.

101 años de Panamá América

 
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