default

Reflexiones


El evento del milenio para nuestro país lo constituye, sin lugar a dudas, el proceso de la reversión de las áreas del Canal, y por ende, el de la administración y la operación de la vía interoceánica.
Panamá es, como lo deseábamos todos los panameños, dueño absoluto de su territorio y único responsable del Canal. Este Canal, que nació hace 93 años, fue el producto de la decisión tomada en 1903 por los Próceres de la Independencia. Esa decisión de nuestros Próceres ha sido, y es todavía, motivo de un duro cuestionamiento, y en algunos casos, de condena histórica. En lo personal, aprecio la decisión tomada por ellos como la mejor alternativa dentro de las circunstancias por la cual atravesaba la joven nación.
Se trataba de una decisión que garantizara la separación de Colombia, por un lado, y creara las condiciones de progreso y desarrollo económico, por el otro. Esa decisión de 1903 no era, como en efecto no lo fue, un compromiso de condición absoluta. Cada generación, sin excepción, ha luchado por lograr que las relaciones contractuales del primer tratado se modificaran y se adaptaran a las realidades de los avances en la evolución política y social de Panamá.
Por ello estimo que es muy importante el mantener las revisiones y las evaluaciones históricas, para que las apreciemos en su debida dimensión; pero, no es saludable la promoción de acciones de condenas sobre este pasado, especialmente, cuando ya estamos en el umbral de la invariable realidad patriótica de acariciar, para luego abrazar, la soberanía total que todos anhelamos.
Desde la presidencia del Doctor Manuel Amador Guerrero hasta la gestión del General Omar Torrijos Herrera, sumado a las actuaciones de meritorios ciudadanos entre los cuales cito al Doctor Ricardo J. Alfaro, Doctor Harmodio Arias, Don Roberto F. Chiari, General José Antonio Remón Cantera, Licenciado Miguel Moreno, Licenciado Aquilino Boyd, Doctor Jorge Illueca, y muchísimos más, se nos reitera que los panameños hemos sido fieles testigos de la auténtica vocación nacionalista que ha caracterizado a todas las generaciones de los istmeños. Hoy, con un nuevo ingrediente en la historia de Panamá, de tener en la Presidencia de la República la primera dama Presidente, tenemos que adaptar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestros esfuerzos y nuestros corazones en una sola línea de acción, la cual debe ser definida por la promoción del trabajo, de la unión, de la concordia y de la paz.
Al igual que muchos conciudadanos, siento en ocasiones, las frustraciones y las decepciones que son creadas por los realidades internas que existen en mi país. Estas realidades son el producto de la actuaciones deficientes de algunos políticos, empresarios, dirigentes sindicales, profesionales; y en fin, de todos los elementos que integran cualquier sociedad. Sin embargo, el que yo promueva actitudes negativas y de críticas destructivas, hará que me sume al interminable listado de los frustrados del mundo que sólo saben emitir quejidos, porque se han olvidado de producir. Hoy, más que nunca, expreso el deseo y la voluntad de encaminarme en esos derroteros del trabajo y del progreso, para reconocer a mi país como esa gran nación, cuya historia esta llena de grandes patriotas y de generaciones de panameños que primordialmente, han pensado y han actuado bajo el criterio que "Panamá es primero".
Escucho los comentarios de retos que se imponen algunos ciudadanos al expresar que se le demostrará al mundo la capacidad de los panameños para operar el Canal. Yo no aspiro a que demostremos nada.
Sólo deseo que el Canal se opere con eficiencia y seriedad, porque esa es nuestra responsabilidad patriótica y profesional. Las demostraciones y las comparaciones son claras muestras de inseguridad o de debilidad. Somos capaces y actuaremos con capacidad, porque ese es nuestro deber y no para complacer a nadie bajo acciones comparativas.
Trato, con estas reflexiones, el promover una actitud responsable y patriótica entre nuestros conciudadanos, frente a la gran responsabilidad que se nos presenta de asumir, entre otras cosas, la administración y la operación de la vía interoceánica. No debemos de consumir nuestras fuerzas y nuestras capacidades productivas en un ejercicio vano y estéril de condenas históricas o de acusaciones interminables, como lo ejercitan aquellos que se creen dueños absolutos de la verdad. Pensemos en nuestra Patria como la base y la esencia de la estructura social y familiar, por la cual individualmente trabajamos, y hagamos de esa estructura, en forma colectiva, la nación ideal por la cual lucharon todas las generaciones de panameños.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América