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Reflexiones


Panamá nació como república independiente a comienzos del siglo XX y terminó su consolidación final como nación el último día de 1999. En vísperas del primer centenario que se avecina, tenemos que ponernos de acuerdo sobre nuestros objetivos para el siglo XXI. Estas metas no debieran ser otras que abandonar el subdesarrollo y la pobreza que agobian a la mayoría de la población. Es imperante modernizar el Estado y la sociedad basados en un cambio radical dentro de la mentalidad del panameño por medio de un verdadero proyecto nacional.
El Estado debe dejar de ser ese deplorable coto de caza por donde deambulan los grupos sociales y los partidos políticos. Es por eso que su modernización se debe fortalecer a través de una genuina democracia participativa, la entronización de una administración profesional, el establecimiento de un verdadero servicio civil y la transparencia perfecta en el manejo de los recursos públicos.
El Ejecutivo debe administrar, de manera eficiente y honrada, la cosa pública, mientras el Legislativo formule, desinteresadamente, leyes que logren beneficiar al país entero. El Judicial deberá ser el corazón del sistema democrático. La administración de justicia, recta y expedita, es el fundamento mismo de una sociedad democrática en donde nadie debe estar por encima de la Ley. La economía debe ser responsabilidad del sector privado, contando siempre con el aval del Estado como facilitador de actividades múltiples.
La Sociedad civil -esa gran ausente dentro del acontecer nacional- no sólo debe dedicarse a fortalecer los valores cívicos y morales, sino también apuntalando el sentimiento general de los panameños y así producir un fuerte concepto de solidaridad social.
Los partidos políticos tienen una gran responsabilidad puesto que son, en nuestra democracia, el fundamento de la convivencia social. Debe respetarse, por sobre todas las cosas, la institucionalidad de los mismos y convertirse en agentes de transformación del espíritu cívico y de ninguna manera en instrumentos para el enriquecimiento individual o para obtener poder personal.
El respeto de la voluntad popular es la piedra angular del sistema democrático. Debemos terminar con el mito de una supuesta gobernabilidad, mediante el control por el Ejecutivo de todos los órganos del Estado. El pueblo eligió un Ejecutivo y un Legislativo de signos políticos diferentes porque quería controles y balances adecuados. La gobernabilidad verdadera en un país civilizado es un Ejecutivo eficaz y que haga su trabajo, un Legislativo igualmente operativo que adopte leyes beneficiosas para todos, y un poder Judicial que administre rectamente la justicia.
El Partido Solidaridad nació con grandes expectativas y con un ideario de progreso y de bienestar social para las grandes mayorías nacionales. Como grupo político se presentó como territorio fértil de convergencia y concertación entre todos los panameños. Su futuro estriba en la rectificación de rumbos y corrección de sus estatutos, además de la necesaria modernización, para así ofrecer a toda la sociedad panameña el ejemplo de civismo que tanta falta hace dentro del ámbito nacional.
Pero lo más importante es la adopción urgente del gran proyecto nacional. Debemos crecer económicamente a más del 7% anual para alcanzar esta meta y hacer desaparecer las enormes desigualdades del ingreso. Eso se puede hacer mediante una verdadera educación de calidad y con una verdadera solidaridad social, mediante un cambio radical en la educación, que debe ser la prioridad de todo gobierno y de toda la sociedad. Eso pareciera que no lo han comprendido, en toda su dimensión, ninguna de las fuerzas políticas ni ninguno de los gobiernos de los que tenga memoria. Esa es la genuina raíz de nuestro subdesarrollo y de nuestra inquietante pobreza.
Tenemos que madurar todos, gobernantes y gobernados, para cumplir con las metas de un país realmente desarrollado, verdaderamente democrático, auténticamente libre y respetable. Debemos cesar de comportarnos como un conjunto de seres primitivos y pensar en conjunto, con sentido de solidaridad verdadera.
Un proyecto nacional debe llevarnos a ocupar el lugar que merecemos en la comunidad internacional como un país que aporta su función de facilitar el comercio y el transporte y que contribuye con el ejemplo de convivencia y de tolerancia multicultural.
Panamá, a pesar de los tropiezos que encuentra en esta etapa de transición hacia un país más libre, dueño del Canal y de su destino, tiene un gran porvenir. Para eso tenemos que madurar como individuos y como sociedad. Tenemos que arraigar, en nosotros, el verdadero espíritu cívico y comprender que sólo ganaremos individualmente si ganamos colectivamente, como sociedad. Que toda ganancia individual momentánea es ilusoria, puesto que ganar mucho en una sociedad estática y pobre al final nos hará también pobres a nosotros.
Hoy, al finalizar la presidencia del Partido Solidaridad, no abandono a ninguno de mis copartidarios. Dejo esta presidencia con la satisfacción del deber cumplido. Pero antes de hacerlo, deseo agradecer a todos los que me han ayudado en tan difícil como enaltecedora responsabilidad. ¡Muchas gracias!

101 años de Panamá América

 
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