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Reflexiones de Año Nuevo


Por supuesto que también pudiéramos hacer una lista de propósitos o metas. Pero, la imagen más flexible de las reflexiones me parece la más apropiada para los propósitos de este escrito. Lo primero siempre es encontrarnos en el camino.

Y tal vez el camino reciente que más marca un final, pero también un comienzo -como lo sostuviera en un escrito Carlos A. Mendoza-, sea el de la entrega de la plena jurisdicción sobre el Canal de Panamá y su zona adyacente. Tanto porque por primera vez nos permite potenciar nuestras relaciones con otras regiones del mundo, como nunca antes nos habíamos atrevido a hacerlo; como porque nos exige poner nuevas metas y exigencias a nuestra convivencia social, una vez conseguida la plena descolonización del territorio panameño. ¿Dónde estamos en relación con esas nuevas metas? Sería una referencia del análisis que pudiera servir de punto de partida.

También debemos detenernos en el camino para sentirnos orgullosos. Después de un proceso que termina e inicia a finales de 1989 y comienzos de 1990 -otro hito con el que también coincido con el Dr. Mendoza-, Panamá ocupa un sitial privilegiado entre las naciones con desarrollo democrático en la región, solamente precedida por Chile, Uruguay y la vecina Costa Rica.

Hay en nuestro país mucha más participación e interés político del que solemos reconocernos, los partidos políticos cumplen mucho más su papel de intermediación que el estamos dispuestos a endosarles, la población sale a votar y a exigir que su voto se pondere durante los cinco años de gobierno más de lo que estamos dispuestos a concedernos y el sistema tiene las estructuras institucionales suficientes como para reconocer y resolver sus propias crisis de crecimiento.

En materia de desarrollo social, la CEPAL reconoce disminución en nuestros niveles de pobreza y pobreza extrema. Todavía lejos de que las políticas clientelistas relacionadas con el gasto social, satisfagan a la inmensa mayoría de los panameños, es nuestro deber reconocer esta disminución.

En cuanto a desarrollo institucional, indiscutiblemente que somos una sociedad más abierta, que debate más, que exige más; pero que también debe aprender a encauzar las exigencias y el debate dentro de las normas de respeto a los terceros que exige la convivencia democrática.

Y, finalmente, si bien los retos a afrontar tienen que ver en parte con la infraestructura de algunos sectores sociales deficitarios del país; en un sentido más general, tienen que ver con la aspiración de amplias capas de panameños, de vivir con una mejor calidad de vida, con una mayor capacidad adquisitiva para su dinero, con una menor carga impositiva, un reconocimiento de que debemos caminar a la velocidad que nuestras estructuras lo permitan, hacia un Estado más pequeño, más eficiente, que no descuide su relevancia social, y hacia un estructura estatal y social mucho menos paternalista, que potencie las responsabilidades individuales y de los grupos intermedios.

101 años de Panamá América

 
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