default

Reflexiones de días aciagos


El miércoles pasado se dieron dos acontecimientos de especial importancia para el país. En la aciaga mañana de ese día tuvo lugar el temerario y violento asalto a las instalaciones de la Lotería Nacional como prueba irrefutable del grave incremento de la violencia criminal que anteriormente habíamos denunciado y que tuvo como resultado la trágica y dolorosa pérdida de dos inocentes víctimas, el señor Samuel Monroy, agente de seguridad; y la del entrañable amigo y compañero Anel Omar Rodríguez.

Sobre dicho atraco es necesario destacar que aun cuando en los últimos meses se han dado numerosos asaltos, ninguno reviste las características de peligrosidad y temeridad de éste, no sólo porque se realizó a plena luz del día y en un área con numeroso público, sino que, además, se perpetró en medio de una operación de dos instituciones que por su naturaleza tienen fuertes dispositivos de seguridad y personal especializado como son la Lotería Nacional y la empresa especializada en el transporte de valores.

Por otra parte, la acción criminal se realizó en el mero centro de la ciudad lo que obviamente limitaba las posibilidades de la fuga. A pesar de ello, los delincuentes intentaron ejecutar su plan en un acto de profundo desprecio por la vida humana. La acción representa una nueva clarinada; pareciera que lo peor está por venir, los delincuentes menospreciaron los altos niveles de riesgo de su acción y el peligro que representaba para sus propias vidas, lo que indica que hay un cambio cualitativo en la mentalidad de los delincuentes, y sólo puede motivar mayores riesgos para la seguridad ciudadana.

Sobre el mencionado acto criminal, sólo me queda expresar mi más enérgico rechazo y repudio a tal acción y a la vez reiterar de la manera más vehemente un nuevo llamado a las autoridades para que de la manera más rápida, drástica y creativa tomen todas las acciones encaminadas a detener la demencial espiral de violencia y criminalidad que agobia a los panameños y amenaza la estabilidad social y económica del país.

Aunado a esta situación, fue publicada recientemente la declaración del numerosamente acusado señor Murcia, las cuales fueron festinadas y acogidas con regocijo político y mediático de algunos sectores que de forma peligrosa soslayaron principios elementales de nuestra normativa jurídica, como aquel que indica que corresponde a quien presente la comisión de un hecho punible la carga de la prueba sobre el mismo.

El detenido Murcia no aportó ni un solo elemento de juicio que pudiera corroborar sus peligrosas y temerarias afirmaciones y los adversarios de siempre han tomado estas declaraciones para hacer más daño al sistema judicial panameño.

Es inconcebible que un presidiario, acusado de innumerables delitos, sea quien imponga la agenda nacional. Por mal camino vamos los panameños si nos ponemos en manos de las palabras y testimonios de los delincuentes y malhechores, pronto nos convertiremos en sus rehenes y no habrá quien pueda escapar de la diatriba y las acusaciones sin sustento.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América