Reflexiones de un demócrata
En la sociedad, hay decisiones cuya legitimidad tienen un fundamento formal; es decir justificada en la voluntad del procedimiento legal, pero que surten el camino de la crisis, en tanto que ya no se corresponden con el curso y el desenvolvimiento de la vida cotidiana, de la realidad y en ese sentido carecen de una fundamentación real o material.
Recién, el Dr. Harley Mitchell, ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, señaló que el sistema judicial, cursa la mora de una reforma estructural, profunda y para ello propone el procedimiento de una Asamblea Constituyente especial. Viniendo tal propuesta de la persona que hizo un esfuerzo para modernizar el Órgano Judicial, no me queda la duda, de que si bien la impronta de los individuos y su catadura ética en el desempeño de una magistratura, constituye elemento fundamental en el funcionamiento de una buena administración de justicia, la misma se hace agua, si se da en el marco de un sistema que surca los caminos de un desgaste e insuficiente legitimidad.
En materia judicial, hay que diseñar nuevos correlatos constitucionales, de tal suerte que los mismos apunten hacia nuevos procedimientos sobre todo colegiados para evitar factores mediáticos, en la designación a magistrados de la Corte Suprema de Justicia. El procedimiento constitucional actual, ya no es confiable y genera mucha desconfianza. Además de lo anterior, nuestro sistema de tutela de las garantías fundamentales y los derechos humanos, demanda de una jurisdicción más eficiente y puntual. En esta materia, estamos atrasados en el continente latinoamericano. En un régimen de connotaciones presidencialista fuerte hasta el nombramiento del procurador o procuradora, debe quedar a salvo de las mediaciones políticas-partidarias. Las constituciones, no solamente deben consagrar los correlatos políticos y las reglas a la cual debe sujetarse el poder, sino también contener un catálogo de principios y valores que orienten, desde la perspectiva constitucional la relación comunicante del ciudadano. La cuestión relativa, a la justicia civil, es otro de esos monumentos al atraso y en ese contexto hay que quebrar la excesiva formalidad escritural y la excesiva connotación patrimonialista del recurso de casación, lo mismo que su acentuado tecnicismo.
Advierto que la temática reformatoria demandará de mucha madurez y deposición de intereses creados, para lograr construir nuevos paradigmas para el Justicia panameña y el Órgano Judicial panameño.