Reflexiones en el Centenario de nuestra Patria
Faltan escasas dos semanas para que cumplamos cien años de vida republicana. Anhelo que aparezca otro Ricardo Miró u otro Gaspar Octavio Hernández que manifieste el amor sin límites que todos los panameños debemos sentir hacia nuestro terruño. Por una mala jugada del destino este centenario debemos celebrarlo en pleno proselitismo presidencial. De modo que lo que resta es dirigirnos a todos, especialmente a nuestra juventud, que es el futuro de nuestra nación y en quien debemos depender, profundamente, para atajar la corrupción que campea debido a tantos panameños infieles a la causa de la Patria.
Es imposible en unas cuantas cuartillas decirle a nuestros jóvenes que los gobiernos que hemos tenido, después haber sufrido una narcodictadura que llevó a una cruenta invasión, no han sido demasiado diferentes a los gobiernos que tuvimos antes de dicha invasión. El resultado está a la vista. Cuatro viejos grupos políticos pelean por alcanzar la cúspide del poder: Uno cuyo estandarte es ser hijo del primer narcodictador; un segundo que existe porque se asió de la cola de un político que en realidad fue el más carismático de nuestra historia; otro dirigido por un personaje que participó en los tres gobiernos post-invasión; y el cuarto que dirige el primer presidente que ascendió al poder después de la cruel invasión.
Por esta razón, la juventud y también todos los que no tenemos afiliación política, no podemos eludir un deber vital y sagrado: Acabar con una caricatura de democracia que no ha sido muy benévola, por decir lo menos, hacia nuestra gente, en especial hacia los más desposeídos. Para cumplir este deber todos, principalmente nuestra juventud, debemos informarnos al máximo acerca de nuestra historia. Principalmente en el aspecto político.
Es verdad que los partidos políticos se han apoderado de nuestra democracia y han hecho de ella prácticamente lo que les ha dado la gana. En especial practicaron el nepotismo y el clientelismo, casi siempre para subir y aferrarse al poder. (No pretendo decir que no hubo excepciones).
A falta de espacio sintetizo que el golpe de Estado de 1968 terminó igual y peor que el desgobierno que pretendieron corregir. Exilió, asesinó, torturó, robó y, en general, cometió infinidad de vejámenes contra muchos ciudadanos. Recibió el respaldo del Coloso del Norte porque eso fue consistente con sus designios geopolíticos de esos años. Hasta que el último narcodictador dejó de servirles como ellos querían. Por lo que nos invadieron para acabar con las Fuerzas de Defensa que habían amamantado.
Una vez el coloso cumplió con revertir nuestro canal y sus áreas aledañas a Panamá, el verdadero dueño, se supone que debimos iniciar una nueva era de mayor soberanía y, por lo tanto, de mayor fidelidad a los valores éticos y morales que nos legaron nuestros antepasados pero que muchos incumplimos por debilidad, por corrupción. De modo que pensé que necesitábamos una revolución pacífica que erradicara los malos hábitos que habíamos desarrollado y que la misma debía ser liderizada por jóvenes incorruptibles.
Bonito sueño. Lo verdaderamente difícil, si acaso no imposible, es encontrar a aquellos jóvenes que no llegaran a ser otros Carlos Andrés Pérez, Alan Garcías, Fujimoris y, Dios nos libre, otros dictadores sanguinarios que en el mundo han sido y de los cuales nuestra América ha contribuido un buen número. Hace pocos años un famoso cantaautor, joven, si se le compara con los presidentes que hemos tenido, intentó escalar al solio presidencial y los hechos nos demostraron que fue un fracaso. Yo todavía me pregunto si acaso no participó en la política para dividir los votos y ayudar al triunfo de un seguidor de la narcodictadura.
Aún en estos días ha declarado su apoyo a uno de los candidatos de nuestra caricatura de democracia. Eso sí, no sin antes hablar de que quiere ser ministro, primero, y luego de que le gustaría tratar de arreglar el caos de las cárceles en el país. Se da el lujo de escoger su función. Pero volvamos a referirnos a los principales protagonistas. Hay uno que no tiene la menor probabilidad de prevalecer. Se da el lujo de hablar de proyectos y acciones muy atractivas. No obstante, además de no marcar en las encuestas, su talón de Aquiles es que su partido recibió "contribuciones" de los empleados del IDAAN cuando administró esta institución autónoma. Además, tuvo participación en los tres gobiernos post-invasión.
Hay todavía otro que tampoco marca en las encuestas pero goza del favor de la actual jefa del Ejecutivo. Y, dentro de nuestra historia política tracalera, esto no se puede simplemente ignorar. Sin embargo, tiene la mala suerte de ser el aparente heredero de un rosario de "percepciones" (llamémosle así) de corrupción. No parece posible que pueda zafarse de tanto personaje oscuro que ha contribuido consistentemente a dichas percepciones. Hasta el punto, y no le concedo a esto mayor importancia porque proviene de un país extranjero y poderosísimo tanto económica como bélicamente, que el coloso, ha denunciado todos los escándalos que la gran mayoría de panameños hemos estado denunciando, pero recibiendo tan sólo la inatención, el desprecio del gobierno. Obvio, que este candidato está a años luz de distancia de ser el ideal. El tercero al cual he de referirme es el hijo del primer narcodictador.
Admito que parece un buen muchacho. Pero carece de suficiente experiencia para administrar el país y tendría que ser un gigante para poner en su lugar a los maleantes que están a su alrededor y que han pertenecido al partido prohijado por la narcodictadura. Detalles de todas las linduras que han cometido sus copartidarios hay para escribir varios libros. Ojalá que los jóvenes lleguen a recibir información minuciosa de tales linduras.
Da la casualidad que antes de comenzar a escribir este artículo escuché en una entrevista televisiva a un ex coronel criticar a los principales candidatos opositores al PRD: A Billy Ford porque habiendo ocupado hace poco el puesto de embajador en los Estados Unidos, ahora desbarra contra la corrupción del actual gobierno, al cual sirvió hasta hace poco. Y a Endara, quien fue nominado para magistrado de la Corte Suprema de Justicia y porque no recibió los votos requeridos, comenzó a criticar al gobierno del partido al cual había pertenecido durante muchos años.
Terminó diciendo que Billy y Endara sumaban unos 130 años y que necesitarían postular a un muchacho de 18 años para reducir tan alto promedio de edad. Obviamente, respalda a su sobrino segundo, entre otras cosas, por su juventud. Lo que dejó en el tintero fueron sus ejecutorias con visas de cubanos que lo llevaron a ser reconocido como un "empresario" en un país hermano. Todavía no salgo de mi sorpresa cuando al regresar a Panamá públicamente le dijo al presidente PRD que estaba de turno, que estaba a la disposición para algún nombramiento. Ahí lo dejo.
El cuarto protagonista es Cuchungo a quien no le sugiero que conteste al coronel de marras. Pichulo se lanzó a candidato presidencial, a la libre, porque como dirían algunos, le picaban los pies para regresar a la presidencia. Esto lo hizo sin siquiera tener el apoyo de un partido reconocido en nuestra caricatura de democracia. Ya todos saben que posteriormente el Partido Solidaridad acogió la candidatura de Pichulo con calor y entusiasmo. No abundaré en los análisis que personalmente hice para llegar a la conclusión de que Endara es el mejor candidato dentro de la realidad que vivimos. Definitivamente no es perfecto pero estoy convencido que es el menos "pior".
Endara ya ocupó el solio presidencial. Nombró ministros muy respetados. Asumió el poder después de la invasión y, merece la pena subrayar que nombró al inefable Chinchorro como Contralor General de la Nación y controló el despilfarro de dinero estatal,. También con la ayuda de Mario Galindo y Billy Ford logró el milagro de la recuperación de la economía del país después de la malhadada invasión. Sé que Cuchungo está consciente de que se necesita abrirle oportunidades a la juventud y que hará algo al respecto.Termino aquí, por ahora. Este escrito, el doble de largo de los que estoy acostumbrado a preparar, ruego a Dios que sea una contribución efectiva de mi parte en homenaje a mi Panamá inmortal, la patria de mis padres, de mis hijos y mis nietos, que amamos entrañablemente. Exhorto a todos los jóvenes panameños que voten analíticamente, es decir, a conciencia, en mayo de 2004, porque eso es lo que le debemos a Panamá. Especialmente dedico estas líneas a mi nieto mayor quien acaba de cumplir mayoría de edad. No sé por quién votará.
¡Viva Panamá por siempre!
Es imposible en unas cuantas cuartillas decirle a nuestros jóvenes que los gobiernos que hemos tenido, después haber sufrido una narcodictadura que llevó a una cruenta invasión, no han sido demasiado diferentes a los gobiernos que tuvimos antes de dicha invasión. El resultado está a la vista. Cuatro viejos grupos políticos pelean por alcanzar la cúspide del poder: Uno cuyo estandarte es ser hijo del primer narcodictador; un segundo que existe porque se asió de la cola de un político que en realidad fue el más carismático de nuestra historia; otro dirigido por un personaje que participó en los tres gobiernos post-invasión; y el cuarto que dirige el primer presidente que ascendió al poder después de la cruel invasión.
Por esta razón, la juventud y también todos los que no tenemos afiliación política, no podemos eludir un deber vital y sagrado: Acabar con una caricatura de democracia que no ha sido muy benévola, por decir lo menos, hacia nuestra gente, en especial hacia los más desposeídos. Para cumplir este deber todos, principalmente nuestra juventud, debemos informarnos al máximo acerca de nuestra historia. Principalmente en el aspecto político.
Es verdad que los partidos políticos se han apoderado de nuestra democracia y han hecho de ella prácticamente lo que les ha dado la gana. En especial practicaron el nepotismo y el clientelismo, casi siempre para subir y aferrarse al poder. (No pretendo decir que no hubo excepciones).
A falta de espacio sintetizo que el golpe de Estado de 1968 terminó igual y peor que el desgobierno que pretendieron corregir. Exilió, asesinó, torturó, robó y, en general, cometió infinidad de vejámenes contra muchos ciudadanos. Recibió el respaldo del Coloso del Norte porque eso fue consistente con sus designios geopolíticos de esos años. Hasta que el último narcodictador dejó de servirles como ellos querían. Por lo que nos invadieron para acabar con las Fuerzas de Defensa que habían amamantado.
Una vez el coloso cumplió con revertir nuestro canal y sus áreas aledañas a Panamá, el verdadero dueño, se supone que debimos iniciar una nueva era de mayor soberanía y, por lo tanto, de mayor fidelidad a los valores éticos y morales que nos legaron nuestros antepasados pero que muchos incumplimos por debilidad, por corrupción. De modo que pensé que necesitábamos una revolución pacífica que erradicara los malos hábitos que habíamos desarrollado y que la misma debía ser liderizada por jóvenes incorruptibles.
Bonito sueño. Lo verdaderamente difícil, si acaso no imposible, es encontrar a aquellos jóvenes que no llegaran a ser otros Carlos Andrés Pérez, Alan Garcías, Fujimoris y, Dios nos libre, otros dictadores sanguinarios que en el mundo han sido y de los cuales nuestra América ha contribuido un buen número. Hace pocos años un famoso cantaautor, joven, si se le compara con los presidentes que hemos tenido, intentó escalar al solio presidencial y los hechos nos demostraron que fue un fracaso. Yo todavía me pregunto si acaso no participó en la política para dividir los votos y ayudar al triunfo de un seguidor de la narcodictadura.
Aún en estos días ha declarado su apoyo a uno de los candidatos de nuestra caricatura de democracia. Eso sí, no sin antes hablar de que quiere ser ministro, primero, y luego de que le gustaría tratar de arreglar el caos de las cárceles en el país. Se da el lujo de escoger su función. Pero volvamos a referirnos a los principales protagonistas. Hay uno que no tiene la menor probabilidad de prevalecer. Se da el lujo de hablar de proyectos y acciones muy atractivas. No obstante, además de no marcar en las encuestas, su talón de Aquiles es que su partido recibió "contribuciones" de los empleados del IDAAN cuando administró esta institución autónoma. Además, tuvo participación en los tres gobiernos post-invasión.
Hay todavía otro que tampoco marca en las encuestas pero goza del favor de la actual jefa del Ejecutivo. Y, dentro de nuestra historia política tracalera, esto no se puede simplemente ignorar. Sin embargo, tiene la mala suerte de ser el aparente heredero de un rosario de "percepciones" (llamémosle así) de corrupción. No parece posible que pueda zafarse de tanto personaje oscuro que ha contribuido consistentemente a dichas percepciones. Hasta el punto, y no le concedo a esto mayor importancia porque proviene de un país extranjero y poderosísimo tanto económica como bélicamente, que el coloso, ha denunciado todos los escándalos que la gran mayoría de panameños hemos estado denunciando, pero recibiendo tan sólo la inatención, el desprecio del gobierno. Obvio, que este candidato está a años luz de distancia de ser el ideal. El tercero al cual he de referirme es el hijo del primer narcodictador.
Admito que parece un buen muchacho. Pero carece de suficiente experiencia para administrar el país y tendría que ser un gigante para poner en su lugar a los maleantes que están a su alrededor y que han pertenecido al partido prohijado por la narcodictadura. Detalles de todas las linduras que han cometido sus copartidarios hay para escribir varios libros. Ojalá que los jóvenes lleguen a recibir información minuciosa de tales linduras.
Da la casualidad que antes de comenzar a escribir este artículo escuché en una entrevista televisiva a un ex coronel criticar a los principales candidatos opositores al PRD: A Billy Ford porque habiendo ocupado hace poco el puesto de embajador en los Estados Unidos, ahora desbarra contra la corrupción del actual gobierno, al cual sirvió hasta hace poco. Y a Endara, quien fue nominado para magistrado de la Corte Suprema de Justicia y porque no recibió los votos requeridos, comenzó a criticar al gobierno del partido al cual había pertenecido durante muchos años.
Terminó diciendo que Billy y Endara sumaban unos 130 años y que necesitarían postular a un muchacho de 18 años para reducir tan alto promedio de edad. Obviamente, respalda a su sobrino segundo, entre otras cosas, por su juventud. Lo que dejó en el tintero fueron sus ejecutorias con visas de cubanos que lo llevaron a ser reconocido como un "empresario" en un país hermano. Todavía no salgo de mi sorpresa cuando al regresar a Panamá públicamente le dijo al presidente PRD que estaba de turno, que estaba a la disposición para algún nombramiento. Ahí lo dejo.
El cuarto protagonista es Cuchungo a quien no le sugiero que conteste al coronel de marras. Pichulo se lanzó a candidato presidencial, a la libre, porque como dirían algunos, le picaban los pies para regresar a la presidencia. Esto lo hizo sin siquiera tener el apoyo de un partido reconocido en nuestra caricatura de democracia. Ya todos saben que posteriormente el Partido Solidaridad acogió la candidatura de Pichulo con calor y entusiasmo. No abundaré en los análisis que personalmente hice para llegar a la conclusión de que Endara es el mejor candidato dentro de la realidad que vivimos. Definitivamente no es perfecto pero estoy convencido que es el menos "pior".
Endara ya ocupó el solio presidencial. Nombró ministros muy respetados. Asumió el poder después de la invasión y, merece la pena subrayar que nombró al inefable Chinchorro como Contralor General de la Nación y controló el despilfarro de dinero estatal,. También con la ayuda de Mario Galindo y Billy Ford logró el milagro de la recuperación de la economía del país después de la malhadada invasión. Sé que Cuchungo está consciente de que se necesita abrirle oportunidades a la juventud y que hará algo al respecto.Termino aquí, por ahora. Este escrito, el doble de largo de los que estoy acostumbrado a preparar, ruego a Dios que sea una contribución efectiva de mi parte en homenaje a mi Panamá inmortal, la patria de mis padres, de mis hijos y mis nietos, que amamos entrañablemente. Exhorto a todos los jóvenes panameños que voten analíticamente, es decir, a conciencia, en mayo de 2004, porque eso es lo que le debemos a Panamá. Especialmente dedico estas líneas a mi nieto mayor quien acaba de cumplir mayoría de edad. No sé por quién votará.
¡Viva Panamá por siempre!