Reflexiones en la Semana Mayor
Ha llegado el final de la Cuaresma con la entrada de la Semana Santa, y los panameños debiéramos reflexionar sobre lo que hemos hecho y dejado de hacer para ofrecerlo a Dios en estos días de sacrificio. Es importante pensar si hemos cumplido con sus mandamientos y cuánto hemos cumplido o dejado de cumplir con nosotros mismos y con las personas y situaciones que nos rodean.
Muchos son los problemas que hay en el país y que nuestros gobernantes no han tenido la capacidad de evitarlos e impedir que lleguen a la crisis que cada uno presenta. No podemos permitir que se aproveche esta semana para tender un puente cortísimo antes de presentar el proyecto de ley del Seguro Social. Pareciera que, una vez pasados los días de acercamiento a Dios, arremeterán contra los panameños que salimos de la inconsciencia para volver a nuestras funciones.
Pero, no sólo son ellos quienes deben reflexionar, sino todos. En estos días debiéramos sentarnos a pensar en lo que hemos hecho y dejado de hacer; analizar lo que hemos hecho por nosotros y con los demás, porque si no nos conversamos hacia adentro, no tendremos fuerza para lograr objetivos y metas que cumplan nuestros sueños y anhelos. Pensar en el comportamiento de los jóvenes con los mayores, nos llevaría a un análisis de una realidad insoslayable y que trae como resultado tratar de acercarnos más las generaciones. Existe una brecha generacional tan grande que no nos permite comprensión entre ambos. Los jóvenes y algunos de edad media han perdido la sensibilidad personal y humana para comprender a quienes hemos trascendido el límite de los años productivos. Siendo así, no es posible enfrentar a esas generaciones porque, mientras uno piensa en el materialismo, en la tecnología moderna, nosotros pensamos en el romanticismo y la sensibilidad que caracterizó a nuestra generación. Esto trae una reflexión profunda que haremos en nombre de Dios.
Si en los hogares no enseñamos a los jóvenes a querer, respetar y considerar a los mayores, ellos se levantarán pensando en sus propios intereses, en su propia vida, sin importarles lo que sucede alrededor.
El egoísmo se apodera de la juventud y, algunos sólo miran a los mayores como objeto para lograr fines propios. No es posible obviar la enseñanza a los jóvenes sobre la necesidad de pensar en un futuro en el que ellos lleguen a nuestra edad y, entonces, ¿qué cosecharán si no sembraron?
Quienes hemos tenido la satisfacción de llegar a mayores, sentimos la necesidad de enseñar a la juventud. Pero, muchas veces, sus padres no lo permiten porque consideran que no debemos inmiscuirnos en la vida de los demás. ¡Cuán equivocados están! La experiencia de los que hemos vivido es tan valiosa que sentimos perderse entre la infamia de la insensibilidad y del materialismo.
Muchas veces consideran obsoletas la ideas de los mayores para luego, cuando es tarde, recapacitar en los consejos de esos mayores. Sólo una reflexión con Dios puede salvarnos de una mayor crisis entre los jóvenes que no creen en nada que ellos no hayan creado; opinan que la vida comenzó cuando ellos tuvieron uso de razón sin pensar que los mayores les hicimos el terreno que ahora pisan para afianzar su vida. No reconocen nuestras luchas para darles el sustento moral y emocional a sus vidas.
Es por esto que los padres tenemos la responsabilidad de darles la enseñanza que necesitan y no dejarlos al garete presos de su propio aprendizaje que no será útil porque no podrán aprovechar los conocimientos de los demás; se limitarán a su círculo sin ampliarlo para ser felices dentro de un mundo extraordinario junto a las demás personas que componen el orbe.
Ojalá que no piensen sólo en sus propios intereses, sino en la convivencia pacífica con la humanidad; que la diferencia de edad no haga una diferencia de sentimientos, más bien que vayan unidos para que los jóvenes aprovechen las experiencias de los mayores y éstos puedan apoyarse en los conocimientos modernos de la juventud.
Esta mancomunidad traerá mayor entendimiento y felicidad en la humanidad para que no haya diferencia entre los de más y menos edad.
Los comerciantes de estos puestos, proporcionaron algunas de las recetas más solicitadas por sus clientes, entre las que destacan: la de las siete hierbas, que es para la suerte, y se prepara con: ruda, albahaca, hierba buena, sagrado, artemisa, pachulí, hinojo.
La persona interesada debe bañarse con esta preparación antes de apostar y del sorteo, en el caso de la lotería. Todas estas recetas son muy utilizadas los días martes y viernes por los compradores, pero uno de los meses con más movimiento es en el que cae la Semana Mayor, que es cuando las hierbas para la suerte son más buscadas.
Muchos son los problemas que hay en el país y que nuestros gobernantes no han tenido la capacidad de evitarlos e impedir que lleguen a la crisis que cada uno presenta. No podemos permitir que se aproveche esta semana para tender un puente cortísimo antes de presentar el proyecto de ley del Seguro Social. Pareciera que, una vez pasados los días de acercamiento a Dios, arremeterán contra los panameños que salimos de la inconsciencia para volver a nuestras funciones.
Pero, no sólo son ellos quienes deben reflexionar, sino todos. En estos días debiéramos sentarnos a pensar en lo que hemos hecho y dejado de hacer; analizar lo que hemos hecho por nosotros y con los demás, porque si no nos conversamos hacia adentro, no tendremos fuerza para lograr objetivos y metas que cumplan nuestros sueños y anhelos. Pensar en el comportamiento de los jóvenes con los mayores, nos llevaría a un análisis de una realidad insoslayable y que trae como resultado tratar de acercarnos más las generaciones. Existe una brecha generacional tan grande que no nos permite comprensión entre ambos. Los jóvenes y algunos de edad media han perdido la sensibilidad personal y humana para comprender a quienes hemos trascendido el límite de los años productivos. Siendo así, no es posible enfrentar a esas generaciones porque, mientras uno piensa en el materialismo, en la tecnología moderna, nosotros pensamos en el romanticismo y la sensibilidad que caracterizó a nuestra generación. Esto trae una reflexión profunda que haremos en nombre de Dios.
Si en los hogares no enseñamos a los jóvenes a querer, respetar y considerar a los mayores, ellos se levantarán pensando en sus propios intereses, en su propia vida, sin importarles lo que sucede alrededor.
El egoísmo se apodera de la juventud y, algunos sólo miran a los mayores como objeto para lograr fines propios. No es posible obviar la enseñanza a los jóvenes sobre la necesidad de pensar en un futuro en el que ellos lleguen a nuestra edad y, entonces, ¿qué cosecharán si no sembraron?
Quienes hemos tenido la satisfacción de llegar a mayores, sentimos la necesidad de enseñar a la juventud. Pero, muchas veces, sus padres no lo permiten porque consideran que no debemos inmiscuirnos en la vida de los demás. ¡Cuán equivocados están! La experiencia de los que hemos vivido es tan valiosa que sentimos perderse entre la infamia de la insensibilidad y del materialismo.
Muchas veces consideran obsoletas la ideas de los mayores para luego, cuando es tarde, recapacitar en los consejos de esos mayores. Sólo una reflexión con Dios puede salvarnos de una mayor crisis entre los jóvenes que no creen en nada que ellos no hayan creado; opinan que la vida comenzó cuando ellos tuvieron uso de razón sin pensar que los mayores les hicimos el terreno que ahora pisan para afianzar su vida. No reconocen nuestras luchas para darles el sustento moral y emocional a sus vidas.
Es por esto que los padres tenemos la responsabilidad de darles la enseñanza que necesitan y no dejarlos al garete presos de su propio aprendizaje que no será útil porque no podrán aprovechar los conocimientos de los demás; se limitarán a su círculo sin ampliarlo para ser felices dentro de un mundo extraordinario junto a las demás personas que componen el orbe.
Ojalá que no piensen sólo en sus propios intereses, sino en la convivencia pacífica con la humanidad; que la diferencia de edad no haga una diferencia de sentimientos, más bien que vayan unidos para que los jóvenes aprovechen las experiencias de los mayores y éstos puedan apoyarse en los conocimientos modernos de la juventud.
Esta mancomunidad traerá mayor entendimiento y felicidad en la humanidad para que no haya diferencia entre los de más y menos edad.
Los comerciantes de estos puestos, proporcionaron algunas de las recetas más solicitadas por sus clientes, entre las que destacan: la de las siete hierbas, que es para la suerte, y se prepara con: ruda, albahaca, hierba buena, sagrado, artemisa, pachulí, hinojo.
La persona interesada debe bañarse con esta preparación antes de apostar y del sorteo, en el caso de la lotería. Todas estas recetas son muy utilizadas los días martes y viernes por los compradores, pero uno de los meses con más movimiento es en el que cae la Semana Mayor, que es cuando las hierbas para la suerte son más buscadas.
Una de las plantas que tiene una gran demanda en el mercadito de la sabiduría es la reconocida albahaca.
Se utilizan sólo las hojas, y se pueden consumir fresca, seca o congelada, además de ser utilizada en baños para la suerte, tiene funciones en algunos platos de la cocina, señaló Ana Zarate.
Otra de las plantas que más se vende aunque sea Semana Santa, es la ruda, ya que además de ayudar a mejorar la suerte, aleja a los enemigos de su camino. Otras de las más vendidas son la sábila y la uña de gato, entre otras.