Reflexiones incómodas sobre la Ley “9 en 1”
La aprobación de la llamada “Ley Langosta” ha causado escozor entre un sector considerable de panameños. En medio de gritos y trifulcas se ha discutido poco de las implicaciones de la antedicha ley, si bien sus proponentes y detractores han sido rápidos en desestimar los argumentos de cada esquina. A riesgo de incomodar a lectores que ya han tomado partido, sólo deseo levantar dos argumentos sobre el alcance de esta ley, concretamente, en lo atinente al tema económico y ambiental.
Contrario a las consignas, el plan económico del gobierno no está improvisado. Si bien algunos tenemos posiciones distintas, la administración desea profundizar el carácter estructural de nuestra economía, donde el consumo de los grupos sociales más aventajados y no de la masa salarial de los trabajadores empuja la demanda efectiva. Este es un punto controversial, sobre el cual estoy dispuesto a debatir. Lo cierto es que esto acelerará el crecimiento económico, pero no mejorará los indicadores de desigualdad. Aunado a la flexibilización laboral, esto puede traducirse en más puestos de trabajo y en una disminución del desempleo, pero con el costo social de que estos empleos tendrán menor calidad y estabilidad.
El eje ambiental del proyecto de ley también generó fuertes críticas. No obstante, a pesar de las buenas intenciones del movimiento verde, es precisamente el tema del medioambiental el que menos inserción concreta tiene en los planes de desarrollo nacional. Hasta ahora, los activistas mantienen una actitud contemplativa del tema: muchos arguyen que su relevancia se desprende del potencial eco-turístico y de los beneficios que ofrecen nuestras selvas al planeta. Pero en perspectiva, el Darién sólo es 0.003% de área del Amazonas, y por tanto, su contribución de oxígeno global es de 0.0006%. Por ello, los costos de oportunidad de otras actividades rentables, en las cuales desgraciadamente se incluye la minería, son tan atractivos. En Panamá es difícil justificar actividades como esta ante una mayoría que desea ver sus ingresos familiares aumentar, cuando el eco-turismo, como actividad económica, tiene menos efectos multiplicadores que la minería a corto plazo. Esto no busca justificar la minería pero sí es un llamado de atención al movimiento ambiental: si desean convertir al grueso de los panameños a su causa, es necesario buscar una alternativa que amarre el potencial industrial y sostenible de nuestros bosques con aumentos en el nivel de ingreso (y la calidad de vida) del panameño.
Las protestas son un vehículo, pero ¿cuáles son las alternativas? En este mundo de cínicos, debemos convencer a nuestros detractores, y más importante aún, a los apáticos, de la fuerza de nuestros argumentos, y no de nuestro pie de fuerza. Si no, a falta de alternativas, seremos presa de más desilusiones.