Reflexiones: ¿Panamá, es libre y soberana?
Al caminar cada madrugada y al ver despuntar el alba allá en Gamboa, a la orilla del Canal de Panamá, en mi oración a Dios, siempre le pido: "Señor libera a Panamá, del yugo del pecado, de la corrupción política y económica, y también de la ausencia de un ideal nacional".
Panamá, es "ese eslabón del continente, (como lo dijera el poeta Demetrio Korsi) es mi tierra natal, es el Istmo por donde se filtran las razas para ver los dioramas del Canal; es el pigmeo que con su abrazo ahoga al titán, y es uno de los objetivos de los que forjan servidumbres en nombre de la libertad", y que hoy entra a poseer su Soberanía en el Canal.
Cada mañana, al escuchar el gorgojeo de las aves, el aullido de monos, el canto de un gallo, y muy silente el motor de un remolcador que conduce un barco en su travesía por el ensanche del Corte Culebra, reflexiono y oro, dejando escapar por mis mejillas las lágrimas que brotan de mis ojos, al recordar a esos cientos y miles de niños pobres y desnutridos, de indios y campesinos analfabetas, a los hombres y mujeres que viven a uno y otro lado de la División Continental, que se acuestan cada noche con la esperanza de amanecer por un porvenir panameño mucho mejor que el ayer que pasó, sin el temor de acostarse mañana con la incertidumbre del hambre y la enfermedad, el cáncer del vicio y la corrupción.
Lloro y oro, porque han sido muchas las generaciones de panameños, que mueren con el dolor de la resignación de saber que no pueden aspirar a una educación superior, a un puesto de trabajo más digno en el siglo XXI; por aquellos que no pueden soñar con tener su libertad económica ni familiar, ni comprar un terreno ni siquiera construir una casa, mucho menos entrar al Canal de Panamá, porque es privilegio de los que tienen el poder político, económico y social... es entonces cuando pido: "Señor libera a Panamá".
Al culminar un año, un siglo y un milenio, oro a Dios y dejo escapar públicamente mi pensamiento que cada mañana comparto con Jesús: "Señor cuál será nuestro próximo ideal colectivo como nación que somos, al forjarnos nuestra plena soberanía este 31 de diciembre de 1999". Al ver al manatí y el cardumen de sargentos que saltan entre las algas que amenazan inundar el Canal, me detengo y oro: "Señor Jesús, danos en este nuevo milenio, a todos los panameños, la capacidad de evocar nuestro pasado para reflexionar, sin detenernos en él, y proyectarnos hacia el futuro para construir un país cimentado en principios y verdades morales y espirituales, que le provean a las generaciones venideras bases sólidas que les permitan sentirse verdaderamente y con orgullo el hecho de ser panameños, cuando sean criados en un ambiente de plena democracia, donde la libertad, la fraternidad y la igualdad, sean una realidad y no un doble discurso político electoral".
Me comenta por teléfono desde Chiriquí, mi hermana Flordeliz, la mayor de cinco hermanos de padre y madre: "Chino", (como suelen apodarme mis allegados) escribe algo sobre Panamá, el Canal y su futuro, y no dejes de mencionar al libertador Simón Bolívar cuando decía en su ideal sobre el Istmo de Panamá: ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las partes del mundo... porque "Chino" el Canal revierte y nuestros hijos carecen de firmes convicciones e ideales que les permitan conservar su libertad".
Reflexiono mucho en las palabras de mi hermana mayor, y pienso en el ideal que tenía en aquel entonces Simón Bolívar, de ver las Américas unidas en una sola nación y en un solo vínculo que ligera sus partes entre sí y con el todo; pero pienso a la vez en la ausencia de ideales nacionales en Panamá, entrando el próximo milenio. Nuestro país acaba de realizar el mayor de sus ideales de ser soberana sobre la antigua Zona del Canal, que mucha sangre costó. Pero queda preguntar cuál será nuestro ideal motriz que unifique en una sola lucha a todos los panameños.
Vuelvo a mi oración de madrugada, y pido al Señor que Panamá sea realmente soberana. Y él me responde que eso será cuando sus gobernantes humillados ante él reconozcan que la nación cuyo Dios es Jehová es bienaventurada (Salmó 33:12), cuando depongan sus intereses partidistas y económicos y juntos vuelvan su rostro a él en oración y digan: Deponemos nuestros necios razonamientos para someternos a tu Guía Señor, así como dirigiste a Israel por mano de Moisés cuando los liberaste del yugo extranjero de Egipto, al darnos leyes justas para administrar al pueblo.
Guíanos Señor a ser fieles administradores de esa tierra que fluye leche y miel (El Canal de Panamá) para que todos los pobres bebamos también del agua que brota de esa roca Continental que atraviesa la vía acuática y que construyeran con mucha visión y tesón hombres como: Theodore Roosevelt, el Coronel George Washington Goethals, John F. Stevens, David DuBose Gaillad, el Coronel Williams Crawford Gorgas y todos aquellos que murieron por hacer de Panamá, a través de sus dos mares, tal como lo soñó Simón Bolívar, la capital de la tierra, como lo pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo Hemisferio.
Finalmente reflexiono y oro a Dios para que Panamá entre al siglo XXI, con gobernantes que posean las cualidades que en otrora (1533-1603) ostentara la Reina Isabel I de Inglaterra, como ella misma solía decir: "cuatro son las virtudes de un buen gobernante, justicia y moderación, generosidad y buen juicio". Ella se jactaba de poseer la dos primeras pues nunca se fió de los informes de otros, sino que había procurado llegar siempre por sí misma al conocimiento real y completo de las cosas; no quería en cambio como lo comentan los historiadores, vanagloriarse de las otras dos, pues sabía que eran virtudes propias del varón.
Nuestro país posee muchas riquezas, y oro para que ellas sean transferidas al pueblo panameño, con pingues beneficios como son los que dejan las actividades del sector agropecuario y ganadero, el sector industrial y manufacturero, la construcción, la electricidad, el gas y el agua, el sector servicio, el turismo, la Zona Libre de Colón, el Canal de Panamá, el Sistema Bancario, y el comercio exterior. Reflexiono y oro cada mañana, y digo:¡Qué grande es Panamá! Sólo será realmente soberana cuando todos sus hijos los cobije el Pabellón Nacional, y en un solo canto digan por fin en igualdad de oportunidades: "Alcanzamos por fin la Victoria en el campo feliz de la unión con ardiente fulgores de gloria se ilumina la nueva nación". Libres y Soberanos.
Panamá, es "ese eslabón del continente, (como lo dijera el poeta Demetrio Korsi) es mi tierra natal, es el Istmo por donde se filtran las razas para ver los dioramas del Canal; es el pigmeo que con su abrazo ahoga al titán, y es uno de los objetivos de los que forjan servidumbres en nombre de la libertad", y que hoy entra a poseer su Soberanía en el Canal.
Cada mañana, al escuchar el gorgojeo de las aves, el aullido de monos, el canto de un gallo, y muy silente el motor de un remolcador que conduce un barco en su travesía por el ensanche del Corte Culebra, reflexiono y oro, dejando escapar por mis mejillas las lágrimas que brotan de mis ojos, al recordar a esos cientos y miles de niños pobres y desnutridos, de indios y campesinos analfabetas, a los hombres y mujeres que viven a uno y otro lado de la División Continental, que se acuestan cada noche con la esperanza de amanecer por un porvenir panameño mucho mejor que el ayer que pasó, sin el temor de acostarse mañana con la incertidumbre del hambre y la enfermedad, el cáncer del vicio y la corrupción.
Lloro y oro, porque han sido muchas las generaciones de panameños, que mueren con el dolor de la resignación de saber que no pueden aspirar a una educación superior, a un puesto de trabajo más digno en el siglo XXI; por aquellos que no pueden soñar con tener su libertad económica ni familiar, ni comprar un terreno ni siquiera construir una casa, mucho menos entrar al Canal de Panamá, porque es privilegio de los que tienen el poder político, económico y social... es entonces cuando pido: "Señor libera a Panamá".
Al culminar un año, un siglo y un milenio, oro a Dios y dejo escapar públicamente mi pensamiento que cada mañana comparto con Jesús: "Señor cuál será nuestro próximo ideal colectivo como nación que somos, al forjarnos nuestra plena soberanía este 31 de diciembre de 1999". Al ver al manatí y el cardumen de sargentos que saltan entre las algas que amenazan inundar el Canal, me detengo y oro: "Señor Jesús, danos en este nuevo milenio, a todos los panameños, la capacidad de evocar nuestro pasado para reflexionar, sin detenernos en él, y proyectarnos hacia el futuro para construir un país cimentado en principios y verdades morales y espirituales, que le provean a las generaciones venideras bases sólidas que les permitan sentirse verdaderamente y con orgullo el hecho de ser panameños, cuando sean criados en un ambiente de plena democracia, donde la libertad, la fraternidad y la igualdad, sean una realidad y no un doble discurso político electoral".
Me comenta por teléfono desde Chiriquí, mi hermana Flordeliz, la mayor de cinco hermanos de padre y madre: "Chino", (como suelen apodarme mis allegados) escribe algo sobre Panamá, el Canal y su futuro, y no dejes de mencionar al libertador Simón Bolívar cuando decía en su ideal sobre el Istmo de Panamá: ¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra con las naciones de las partes del mundo... porque "Chino" el Canal revierte y nuestros hijos carecen de firmes convicciones e ideales que les permitan conservar su libertad".
Reflexiono mucho en las palabras de mi hermana mayor, y pienso en el ideal que tenía en aquel entonces Simón Bolívar, de ver las Américas unidas en una sola nación y en un solo vínculo que ligera sus partes entre sí y con el todo; pero pienso a la vez en la ausencia de ideales nacionales en Panamá, entrando el próximo milenio. Nuestro país acaba de realizar el mayor de sus ideales de ser soberana sobre la antigua Zona del Canal, que mucha sangre costó. Pero queda preguntar cuál será nuestro ideal motriz que unifique en una sola lucha a todos los panameños.
Vuelvo a mi oración de madrugada, y pido al Señor que Panamá sea realmente soberana. Y él me responde que eso será cuando sus gobernantes humillados ante él reconozcan que la nación cuyo Dios es Jehová es bienaventurada (Salmó 33:12), cuando depongan sus intereses partidistas y económicos y juntos vuelvan su rostro a él en oración y digan: Deponemos nuestros necios razonamientos para someternos a tu Guía Señor, así como dirigiste a Israel por mano de Moisés cuando los liberaste del yugo extranjero de Egipto, al darnos leyes justas para administrar al pueblo.
Guíanos Señor a ser fieles administradores de esa tierra que fluye leche y miel (El Canal de Panamá) para que todos los pobres bebamos también del agua que brota de esa roca Continental que atraviesa la vía acuática y que construyeran con mucha visión y tesón hombres como: Theodore Roosevelt, el Coronel George Washington Goethals, John F. Stevens, David DuBose Gaillad, el Coronel Williams Crawford Gorgas y todos aquellos que murieron por hacer de Panamá, a través de sus dos mares, tal como lo soñó Simón Bolívar, la capital de la tierra, como lo pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo Hemisferio.
Finalmente reflexiono y oro a Dios para que Panamá entre al siglo XXI, con gobernantes que posean las cualidades que en otrora (1533-1603) ostentara la Reina Isabel I de Inglaterra, como ella misma solía decir: "cuatro son las virtudes de un buen gobernante, justicia y moderación, generosidad y buen juicio". Ella se jactaba de poseer la dos primeras pues nunca se fió de los informes de otros, sino que había procurado llegar siempre por sí misma al conocimiento real y completo de las cosas; no quería en cambio como lo comentan los historiadores, vanagloriarse de las otras dos, pues sabía que eran virtudes propias del varón.
Nuestro país posee muchas riquezas, y oro para que ellas sean transferidas al pueblo panameño, con pingues beneficios como son los que dejan las actividades del sector agropecuario y ganadero, el sector industrial y manufacturero, la construcción, la electricidad, el gas y el agua, el sector servicio, el turismo, la Zona Libre de Colón, el Canal de Panamá, el Sistema Bancario, y el comercio exterior. Reflexiono y oro cada mañana, y digo:¡Qué grande es Panamá! Sólo será realmente soberana cuando todos sus hijos los cobije el Pabellón Nacional, y en un solo canto digan por fin en igualdad de oportunidades: "Alcanzamos por fin la Victoria en el campo feliz de la unión con ardiente fulgores de gloria se ilumina la nueva nación". Libres y Soberanos.