Reflexiones post-elecciones
No está de más hacer algunas reflexiones para analizar una situación real y conocidas por todos. Desde el momento en que Martín obtuvo 300,000 votos arriba de su segundo contendor, sería interesante pensar por qué.
Esa es la cifra de jóvenes que votaban por primera vez y, aunque no todos eran de dicha categoría, se agregaron independientes y votantes de otros partidos políticos que castigaron al oficialismo; sin embargo, esos fueron los menos.
El trabajo que hizo el Partido Revolucionario Democrático (PRD) con la juventud fue excelente y lo reconozco; los otros colectivos políticos la descuidaron, pagando ahora el resultado.
Esos votos indican, primero, que esperan de Martín Torrijos empleo y un futuro, cosa que dudo pueda complacer totalmente.
Segundo, que a los jóvenes no les interesa lo sucedido durante los 21 años de dictadura, ni lo que hizo Omar Torrijos ni Noriega, ni la figura de líder de Arnulfo Arias, ni la Cruzada Civilista, tampoco les interesa lo que nos sucedió en aquel tiempo.
Ellos sólo miran hacia delante ignorando una historia que es realidad y que, si conocieran a fondo, no darían pie para que la misma se repitiera.
El ex presidente Guillermo Endara obtuvo tanto voto que podríamos tapizar varios kilómetros de distancia; ellos obtuvieron más, pero nosotros hicimos una lucha frontal y digna para permitirnos un glorioso segundo lugar.
En la vida no solamente se mira lo inmediato, sino también las proyecciones y las consecuencias que esas actitudes traen. Para más adelante se medirán fuerzas, sobre todo cuando ellos, en gobierno, fallarán por razones naturales y, si sabemos hacer una oposición correcta y una reorganización del partido, que nos alcancen para adelante.
Los problemas nacionales que deben enfrentar son complejos. Con la deuda externa, no les quedará para inversiones y planillas.
La prioridad del Seguro Social los compromete a buscar, aunque sea, el principio de las soluciones al mismo. No pueden eludirlo y dejarlo a otro gobierno y lo que encuentren como solución, debe ser real y no demagogia.
Hay que tener mucho coraje para tomar las decisiones correctas sin hacer caso a los empresarios (que ayudaron a la campaña), ni a los sindicatos que también los apoyaron. Cuando se da, casi siempre es por interés; sin embargo, si ambas partes continúan plantados en las suyas, sin llegar a un acuerdo, será inútil.
La nueva Constitución es imprescindible; no es cuestión de parches para aprobar en referéndum, que sólo enredan al país. Deben enfrentar la realidad porque, de gobernar con la actual Constitución Nacional, no sanearán al país, como han prometido.
El transporte público amerita una atención especial; las vías de penetración, acabar con las diferencias de clases, reforzar la familia, los hogares totalmente constituidos, la modernización del Estado, la descentralización, una reforma educativa, dar a los panameños una atención de salud como se lo merece; acabar con las casas condenadas y evitar desalojos injustos.
Urge lo que todos queremos, un empuje en la economía para creación de empleos sobre la base de una empresa privada fuerte y no de aumentar más la planilla estatal.
Incentivar al interior del país para que más gente permanezca o se regrese o se vaya para allá. Acabar con las barriadas fuera de la ley, del urbanismo, de las necesidades.
Actualicemos la vida rural y su producción, relacionándola con los de la capital y permitiendo una mejor distribución de la riqueza.
Agua potable es imprescindible para el desarrollo del país, igual que un bajo costo de la electricidad y teléfonos.
En fin, sería de nunca acabar y permitir la mejor alternativa a quien únicamente busca cómo meter la mano.
Esto es sólo las preliminares del plan de gobierno para poner en práctica una demostración de amor a la patria, acabando con el juega vivo que instituyeron los militares; con el paternalismo que implantó Omar y con el cambia de tolda como el Presidente del Tribunal Electoral en su discurso. Rey muerto, rey puesto.
Panamá necesita de sus hijos, sin intereses partidistas, con desprendimiento y demostrando que solamente así, saldremos adelante. Que viva Panamá y la democracia.
Esa es la cifra de jóvenes que votaban por primera vez y, aunque no todos eran de dicha categoría, se agregaron independientes y votantes de otros partidos políticos que castigaron al oficialismo; sin embargo, esos fueron los menos.
El trabajo que hizo el Partido Revolucionario Democrático (PRD) con la juventud fue excelente y lo reconozco; los otros colectivos políticos la descuidaron, pagando ahora el resultado.
Esos votos indican, primero, que esperan de Martín Torrijos empleo y un futuro, cosa que dudo pueda complacer totalmente.
Segundo, que a los jóvenes no les interesa lo sucedido durante los 21 años de dictadura, ni lo que hizo Omar Torrijos ni Noriega, ni la figura de líder de Arnulfo Arias, ni la Cruzada Civilista, tampoco les interesa lo que nos sucedió en aquel tiempo.
Ellos sólo miran hacia delante ignorando una historia que es realidad y que, si conocieran a fondo, no darían pie para que la misma se repitiera.
El ex presidente Guillermo Endara obtuvo tanto voto que podríamos tapizar varios kilómetros de distancia; ellos obtuvieron más, pero nosotros hicimos una lucha frontal y digna para permitirnos un glorioso segundo lugar.
En la vida no solamente se mira lo inmediato, sino también las proyecciones y las consecuencias que esas actitudes traen. Para más adelante se medirán fuerzas, sobre todo cuando ellos, en gobierno, fallarán por razones naturales y, si sabemos hacer una oposición correcta y una reorganización del partido, que nos alcancen para adelante.
Los problemas nacionales que deben enfrentar son complejos. Con la deuda externa, no les quedará para inversiones y planillas.
La prioridad del Seguro Social los compromete a buscar, aunque sea, el principio de las soluciones al mismo. No pueden eludirlo y dejarlo a otro gobierno y lo que encuentren como solución, debe ser real y no demagogia.
Hay que tener mucho coraje para tomar las decisiones correctas sin hacer caso a los empresarios (que ayudaron a la campaña), ni a los sindicatos que también los apoyaron. Cuando se da, casi siempre es por interés; sin embargo, si ambas partes continúan plantados en las suyas, sin llegar a un acuerdo, será inútil.
La nueva Constitución es imprescindible; no es cuestión de parches para aprobar en referéndum, que sólo enredan al país. Deben enfrentar la realidad porque, de gobernar con la actual Constitución Nacional, no sanearán al país, como han prometido.
El transporte público amerita una atención especial; las vías de penetración, acabar con las diferencias de clases, reforzar la familia, los hogares totalmente constituidos, la modernización del Estado, la descentralización, una reforma educativa, dar a los panameños una atención de salud como se lo merece; acabar con las casas condenadas y evitar desalojos injustos.
Urge lo que todos queremos, un empuje en la economía para creación de empleos sobre la base de una empresa privada fuerte y no de aumentar más la planilla estatal.
Incentivar al interior del país para que más gente permanezca o se regrese o se vaya para allá. Acabar con las barriadas fuera de la ley, del urbanismo, de las necesidades.
Actualicemos la vida rural y su producción, relacionándola con los de la capital y permitiendo una mejor distribución de la riqueza.
Agua potable es imprescindible para el desarrollo del país, igual que un bajo costo de la electricidad y teléfonos.
En fin, sería de nunca acabar y permitir la mejor alternativa a quien únicamente busca cómo meter la mano.
Esto es sólo las preliminares del plan de gobierno para poner en práctica una demostración de amor a la patria, acabando con el juega vivo que instituyeron los militares; con el paternalismo que implantó Omar y con el cambia de tolda como el Presidente del Tribunal Electoral en su discurso. Rey muerto, rey puesto.
Panamá necesita de sus hijos, sin intereses partidistas, con desprendimiento y demostrando que solamente así, saldremos adelante. Que viva Panamá y la democracia.