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Reflexiones sobre Panamax 2004


Al estudiar la historia del Canal de Panamá brota espontáneo y gigantesco sentimiento de admiración por la magnitud de la idea que, luego de enormes esfuerzos y sacrificios, se plasmó en la monumental obra, la cual con sobra de razones, se la cataloga como una de las maravillas de la Humanidad.
Al unirse las aguas del Pacífico y del Atlántico, las dos costas de América quedaron conectadas, abriéndose nuevos y dilatados horizontes para el desarrollo no solamente de Panamá, América Central y nuestro continente.
Incontable número de barcos han atravesado esas esclusas, con sus tripulaciones y pasajeros que siguen asombrándose de aquella naturaleza pintoresca y bravía, y de las dimensiones y utilidad de esta realización de epopeya.
Tanto ayer como hoy, y debido a la excepcional importancia del Canal para el progreso del planeta, su seguridad ha motivado y genera seria preocupación; por ello, la correspondiente defensa no puede estar sin las pertinentes y oportunas precauciones, sobre todo en los días contemporáneos caracterizados por la brutalidad del terrorismo suicida, alentado por el fundamentalismo islámico, que ha demostrado, hasta la saciedad, que no tiene límites para el desenfreno de su cruel e increíble activismo.
Ha hecho muy bien José Isaza, director del panameño Servicio Marítimo Nacional, en aseverar que el Canal constituye el activo más preciado para todos los países del hemisferio.
Las palabras de este ejecutivo fueron asimismo acertadas, al advertir que las amenazas contra la vía son permanentes y que debemos estar preparados para defenderla.
Efectivamente, no existe un blanco más atractivo para los seguidores del terror como el Canal de Panamá, precisamente por su singular trascendencia geopolítica y significación, de manera particular para el comercio mundial.
Es fácil imaginarse de lo que acontecería en caso de suceder un devastador atentado a esta colosal estructura que brinda imponderables beneficios.
Con beneplácito, se debe resaltar el cumplimiento de las maniobras navales y antiterroristas denominadas Panamax 2004, con la participación del país anfitrión y las armadas de Argentina, Colombia, Chile, Honduras, Perú, República Dominicana y Estados Unidos, así como y en calidad de observadores, de Ecuador y México.
Se trata de una concurrencia representativa de las latitudes americanas y caribeñas, las más afectadas en caso de que se lleven a cabo los ataques que espero jamás se produzcan.
Lo lógico y lo racional es prepararse para prevenir, neutralizar o reducir los efectos de cualquier despiadada acción en referencia y que puede aparecer el rato menos pensado; caso contrario, se estaría cayendo en el área de los lamentos tardíos o de la imprevisión culposa e injustificable. ¡Qué mejor si existe la mutua ayuda internacional para protegerse!
En esta delicada materia no debe menospreciarse, bajo ningún concepto, el gravitante y despiadado riesgo que entraña el terrorismo; proceder de otra manera querría decir irresponsabilidad o la manifestación de protervos intereses frente al latente e inmenso peligro.
Tampoco se puede desconocer el poderío, la inclemente agresividad y el carácter transnacional del fenómeno terrorista, lo que obliga a todas las naciones a intensificar la recíproca colaboración en bien de la seguridad y el bienestar de los pueblos.

101 años de Panamá América

 
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