Reflexiones universitarias
La crisis que vive la Universidad de Panamá no es un fenómeno panameño, como tampoco es de ahora el trauma que conoce. Esta, cuya creación y existencia costara tantos esfuerzos y sacrificios durante sus años iniciales y la cual comenzaba a jugar un papel cada vez más importante en la vida de nuestra sociedad, se vio decapitada en su esencia misma a consecuencia del golpe de Estado del 11 de octubre de 1968. Desde entonces hasta la fecha, nuestra universidad se ha visto obligada a soportar el trote inmisericorde de quienes, desde dentro o fuera de ella, no han escatimado esfuerzo para lograr la desaparición de toda misión inherente a la Universidad.
Hoy día, la crisis universitaria ha llegado a un punto en que el silencio que pesa sobre la misma, permite presagiar las tormentas que se avecinan a menos que, de una vez por todas, hagamos lo necesario para que la universidad vuelva a ser Universidad. O en palabras del maestro Don Octavio Méndez Pereira: "la Universidad cultural, educadora y libre, sin claustros cerrados, ni divisiones artificiales, ni menosprecio por las actividades prácticas, donde todas las disciplinas naturales sociales y económicas sean experimentales, críticas, incesantemente perfectibles, donde todas las ideas, todos los sistemas y todas las filosofías puedan ser discutidas y sometidas a investigación y examen, donde no se pretenda formar un centro burocrático, fábrica de títulos y vivero de profesiones, tan limitadas como un oficio manual; donde se cultive, al contrario, la facultad constructiva, donde se eduque y se emancipe y donde se desenvuelvan las energías latentes del carácter; donde se estimulen la mente creadora y la acción, donde se enseñe a obrar y pensar por sí mismo para la labor común y el bienestar social, saturado el espíritu de sacrificio y abnegación; donde, en fin, se tenga bien en cuenta que el centro de donde se deba partir y a donde se debe llegar en toda enseñanza es el estudiante, el más interesado en todos los factores del problema educativo".
En múltiples ocasiones, a lo largo de los últimos treinta años, me he manifestado contra las pretensiones de quienes desean que la Universidad de Panamá se maneje como un botín político y he alertado sobre las graves consecuencias que ello ha acarreado, acarrea y acarreará al país.
Necesitamos, hoy más que ayer, sacudir a amplios sectores de nuestro medio que persisten en su actitud de darle la espalda a la Universidad y que han permitido y tolerado y hasta aceptado en silencio el "universitaricidio" que se viene perpetrando contra nuestra primera casa de estudios, durante todos estos últimos 35 años. La indiferencia arrogante e ignorante de los actuales detentadores del poder para con la Universidad, es tan repudiable como lo fue la prepotencia de la bota militar para con la misma.
La decisión de los rectores de la década del"90 de mantener a través de diversos medios una estructura autocrática, antidemocrática y anticientífica, además de antiacadémica para la Universidad de Panamá, además contraria a los anhelos de democratización de los verdaderos universitarios, ha significado un daño imperdonable para la excelencia académica. Una universidad verdaderamente autónoma, porque la actual no lo es. Una universidad con estructuras realmente democráticas, porque las actuales no lo son. Una universidad que sea tierra de florecimiento y hervidero de ideas en libertad con una verdadera participación docente y estudiantil. Una universidad que no sea una institución amorfa y desgraciada que atraviesa crisis tras crisis sin encontrar su destino. Una universidad que sea aquello para lo que nació cuando la fundó Don Harmodio Arias: preservar, crear y transmitir la cultura. Una universidad que repudie la demagogia y el caos y que aplauda la pluralidad de ideas y la crítica. Una universidad que cuente con los laboratorios, equipos, bibliotecas, aulas, computadoras, sistemas audiovisuales, técnicos y demás indispensables para cumplir con su trabajo y mantenerse al día en los avances de todas las ciencias y las artes del saber.
¡O hay universidad para todos o no habrá universidad para nadie! Las bravuconadas, amenazas, desplantes, persecuciones y demás absurdos a los que recurren los enemigos de la Universidad, no les darán resultado. Somos cada vez más los universitarios que hemos aprendido, con Mario Benedetti, que "uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere"
(mabernal@sinfo.net)
Hoy día, la crisis universitaria ha llegado a un punto en que el silencio que pesa sobre la misma, permite presagiar las tormentas que se avecinan a menos que, de una vez por todas, hagamos lo necesario para que la universidad vuelva a ser Universidad. O en palabras del maestro Don Octavio Méndez Pereira: "la Universidad cultural, educadora y libre, sin claustros cerrados, ni divisiones artificiales, ni menosprecio por las actividades prácticas, donde todas las disciplinas naturales sociales y económicas sean experimentales, críticas, incesantemente perfectibles, donde todas las ideas, todos los sistemas y todas las filosofías puedan ser discutidas y sometidas a investigación y examen, donde no se pretenda formar un centro burocrático, fábrica de títulos y vivero de profesiones, tan limitadas como un oficio manual; donde se cultive, al contrario, la facultad constructiva, donde se eduque y se emancipe y donde se desenvuelvan las energías latentes del carácter; donde se estimulen la mente creadora y la acción, donde se enseñe a obrar y pensar por sí mismo para la labor común y el bienestar social, saturado el espíritu de sacrificio y abnegación; donde, en fin, se tenga bien en cuenta que el centro de donde se deba partir y a donde se debe llegar en toda enseñanza es el estudiante, el más interesado en todos los factores del problema educativo".
En múltiples ocasiones, a lo largo de los últimos treinta años, me he manifestado contra las pretensiones de quienes desean que la Universidad de Panamá se maneje como un botín político y he alertado sobre las graves consecuencias que ello ha acarreado, acarrea y acarreará al país.
Necesitamos, hoy más que ayer, sacudir a amplios sectores de nuestro medio que persisten en su actitud de darle la espalda a la Universidad y que han permitido y tolerado y hasta aceptado en silencio el "universitaricidio" que se viene perpetrando contra nuestra primera casa de estudios, durante todos estos últimos 35 años. La indiferencia arrogante e ignorante de los actuales detentadores del poder para con la Universidad, es tan repudiable como lo fue la prepotencia de la bota militar para con la misma.
La decisión de los rectores de la década del"90 de mantener a través de diversos medios una estructura autocrática, antidemocrática y anticientífica, además de antiacadémica para la Universidad de Panamá, además contraria a los anhelos de democratización de los verdaderos universitarios, ha significado un daño imperdonable para la excelencia académica. Una universidad verdaderamente autónoma, porque la actual no lo es. Una universidad con estructuras realmente democráticas, porque las actuales no lo son. Una universidad que sea tierra de florecimiento y hervidero de ideas en libertad con una verdadera participación docente y estudiantil. Una universidad que no sea una institución amorfa y desgraciada que atraviesa crisis tras crisis sin encontrar su destino. Una universidad que sea aquello para lo que nació cuando la fundó Don Harmodio Arias: preservar, crear y transmitir la cultura. Una universidad que repudie la demagogia y el caos y que aplauda la pluralidad de ideas y la crítica. Una universidad que cuente con los laboratorios, equipos, bibliotecas, aulas, computadoras, sistemas audiovisuales, técnicos y demás indispensables para cumplir con su trabajo y mantenerse al día en los avances de todas las ciencias y las artes del saber.
¡O hay universidad para todos o no habrá universidad para nadie! Las bravuconadas, amenazas, desplantes, persecuciones y demás absurdos a los que recurren los enemigos de la Universidad, no les darán resultado. Somos cada vez más los universitarios que hemos aprendido, con Mario Benedetti, que "uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere"
(mabernal@sinfo.net)