Reflexiones y decisiones
Tanto los barbáricos acontecimientos mundiales como los nacionales se prestan para que reflexionemos profundamente. Con frecuencia recuerdo la vehemencia con que participamos en la Cruzada Civilista. Estoy seguro que la gran mayoría de los que nos manifestábamos en contra de la narcodictadura teníamos en mente el mejoramiento de la calidad de vida de todos los panameños, principalmente los más desposeídos. También habían algunos, pocos, cuya prioridad era la recuperación de sus bienes materiales perdidos por la inhumanidad de nuestros gorilas. No obstante, prevalecía la esperanza por hacer resurgir a nuestra pequeña y débil, pero bien amada nación.
Ocurrió la invasión y se han sucedido tres gobiernos elegidos en torneos electorales, cuyo resultado no ha sido cuestionado. Uno de ellos prevaleció en usufructo de sus vínculos con la narcodictadura y se demostró tan arrogante como sus padrinos milicos. El primero de estos tres logró que nos levantáramos con dignidad después de estar caídos. No pretendo defender sus imperfecciones, que las tuvo. Pero se defendió, como decimos en buen panameño.
Han transcurrido poco más de 25 meses del tercer gobierno. Con frecuencia pienso, al igual que muchos de los que participamos en la Cruzada Civilista, que la presente administración a menudo hace cosas que censurábamos de la narcodictadura. Y no puedo comprender por qué esto ha sido así. Lo que más ha dolido ha sido la actitud de desdén ante el clamor popular toda vez que se revelaban circunstancias, muchas, que llevaban a la razonable conclusión de que existía corrupción. Esta proclividad autocrática ha sido la más dolorosa porque precisamente contra ella se sacrificaron los "cruzados".
Se ha hecho evidente que el poder lleva al abuso del poder. Y esto lo observamos en un gobierno "civilista". Y nos hace meditar: ¿Cómo es que los que incurren en abuso de poder no se dan cuenta de su error? Varios de ellos fueron personas admiradas por sus actitudes desprendidas y hasta sufrieron vejámenes. Recuerdo reacciones admirables con motivo de la "desaparición" de Héctor Gallego. Pienso en Monseñor Martín Legarra, quien defendió a Héctor a pesar del peligro al cual se expuso. Recuerdo el abominable asesinato de Hugo Spadafora y aquellos que también dieron la cara para hacer patente el repudio del pueblo panameño.
Las acciones y actitudes que presenciamos hoy día nos hacen añorar el arrojo, la valentía, de muchos, en ese entonces. Hoy brillan por su ausencia esos atributos, esas actitudes desprendidas. Peor, vemos en los que considerábamos héroes, reitero, incluso una arrogancia que los ha llevado a abusar de su poder. Quiero pensar que como humanos han cometido un error. Y siempre guardo la esperanza de que sabrán levantarse y reverdecer sus laureles de la Cruzada Civilista.
No quiero vivir en el pasado. Quiero que vivamos en el presente, hacia el futuro, aprovechando las lecciones pretéritas. Deseo firmemente que los PRD cumplan con lo que predican ahora: Que van a actuar en función de patria y van a hacer una oposición constructiva. Que ayudarán a dinamizar la toma de medidas que sean efectivas en nuestra recuperación económica, ya que todos sabemos que estamos al borde de una recesión. Que tanto gobierno como oposición van a afrontar los problemas de Estado dejando a un lado las malas prácticas de un pasado muy cercano.
Me impacienta pensar que el inicio de nuestra recuperación moral y material se dé cuando sea muy tarde para mí. Panamá necesita que sus hijos actuemos con mayor largueza y generosidad. Reflexionemos y entremos en acción ya, unidos, para salir avantes en la presente precarísima coyuntura.
Ocurrió la invasión y se han sucedido tres gobiernos elegidos en torneos electorales, cuyo resultado no ha sido cuestionado. Uno de ellos prevaleció en usufructo de sus vínculos con la narcodictadura y se demostró tan arrogante como sus padrinos milicos. El primero de estos tres logró que nos levantáramos con dignidad después de estar caídos. No pretendo defender sus imperfecciones, que las tuvo. Pero se defendió, como decimos en buen panameño.
Han transcurrido poco más de 25 meses del tercer gobierno. Con frecuencia pienso, al igual que muchos de los que participamos en la Cruzada Civilista, que la presente administración a menudo hace cosas que censurábamos de la narcodictadura. Y no puedo comprender por qué esto ha sido así. Lo que más ha dolido ha sido la actitud de desdén ante el clamor popular toda vez que se revelaban circunstancias, muchas, que llevaban a la razonable conclusión de que existía corrupción. Esta proclividad autocrática ha sido la más dolorosa porque precisamente contra ella se sacrificaron los "cruzados".
Se ha hecho evidente que el poder lleva al abuso del poder. Y esto lo observamos en un gobierno "civilista". Y nos hace meditar: ¿Cómo es que los que incurren en abuso de poder no se dan cuenta de su error? Varios de ellos fueron personas admiradas por sus actitudes desprendidas y hasta sufrieron vejámenes. Recuerdo reacciones admirables con motivo de la "desaparición" de Héctor Gallego. Pienso en Monseñor Martín Legarra, quien defendió a Héctor a pesar del peligro al cual se expuso. Recuerdo el abominable asesinato de Hugo Spadafora y aquellos que también dieron la cara para hacer patente el repudio del pueblo panameño.
Las acciones y actitudes que presenciamos hoy día nos hacen añorar el arrojo, la valentía, de muchos, en ese entonces. Hoy brillan por su ausencia esos atributos, esas actitudes desprendidas. Peor, vemos en los que considerábamos héroes, reitero, incluso una arrogancia que los ha llevado a abusar de su poder. Quiero pensar que como humanos han cometido un error. Y siempre guardo la esperanza de que sabrán levantarse y reverdecer sus laureles de la Cruzada Civilista.
No quiero vivir en el pasado. Quiero que vivamos en el presente, hacia el futuro, aprovechando las lecciones pretéritas. Deseo firmemente que los PRD cumplan con lo que predican ahora: Que van a actuar en función de patria y van a hacer una oposición constructiva. Que ayudarán a dinamizar la toma de medidas que sean efectivas en nuestra recuperación económica, ya que todos sabemos que estamos al borde de una recesión. Que tanto gobierno como oposición van a afrontar los problemas de Estado dejando a un lado las malas prácticas de un pasado muy cercano.
Me impacienta pensar que el inicio de nuestra recuperación moral y material se dé cuando sea muy tarde para mí. Panamá necesita que sus hijos actuemos con mayor largueza y generosidad. Reflexionemos y entremos en acción ya, unidos, para salir avantes en la presente precarísima coyuntura.