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Reforma administrativa en la Presidencia


El nuevo gobierno ha creado tres secretarías en la presidencia adscritas al Ministerio de la Presidencia. La más importante de todas tiene la responsabilidad de la coordinación y la supervisión de la ejecución de los programas e inversiones de parte de las diferentes entidades gubernamentales. El Presidente, además de sus funciones de carácter político, como Jefe de Gobierno tiene responsabilidades concretas como administrador general de la gran empresa o conjunto de actividades organizadas para asegurar la conservación y el desarrollo de la comunidad.
En esa capacidad, su misión es única y comprende todos los aspectos de la organización y manejo de los organismos y operaciones administrativas destinadas al cumplimiento de ese fin.
En Panamá, el presidente tiene toda la responsabilidad y en él el pueblo deposita su fe en el porvenir del país. Esta tarea del mandatario (dirigir, coordinar, controlar) se basa en previsiones (presupuestos y planes) de orden general; en el establecimiento de normas básica de organización y gerencia; en la información objetiva de las necesidades del país y de las circunstancias en que vive; y en la ejecución de las medidas de Gobierno (mediante organismos técnicos de la administración: ministerios, entidades autónomas, etc.) Para su cumplimiento, necesita delegar parte de trabajo.
Lo reforma que se ha introducido es un intento por llenar el vacío que se produjo en 1972 cuando se eliminó la Oficina de Planificación y Administración, creada en 1959. Los antecedentes son los siguientes: Hasta 1957 funcionó un organismo denominado "Despacho del Presidente", que brindaba servicios auxiliares permanentes y actuaba como su brazo ejecutor para comunicarse con los órganos del Estado y el sector privado.
El año siguiente, para cumplir con un compromiso político que no podía ser satisfecho porque todos los cargos ministeriales habían sido ocupados, se creó el Ministerio de la Presidencia, cuyo titular era al mismo tiempo Ministro de Estado y Secretario General de la Presidencia, y su ley orgánica señalaba que ese ministerio sería el coordinador de las funciones de los demás ministerios y el órgano de comunicación del Presidente y del Consejo de Gabinete con los demás órganos del Estado, con los ministerios, las entidades autónomas y los particulares en general.
En 1959 se creó la Oficina de Planificación y Administración de la Presidencia con cuatro departamentos principales: el de Planificación, el de Administración del Presupuesto, el de Organización y Administración, así como el de Administración de Personal, el cual se encargaba de los planes de desarrollo nacional, el control de la ejecución presupuestaria, la revisión de la estructura de administración de las entidades gubernamentales y de controlar el crecimiento de personal y del cumplimiento de las reglas y reglamentos de empleo.
Sin embargo, se mantuvo el Ministerio de la Presidencia y la Oficina de Planificación y Administración le fue adscrita, creando una confusión. Aun cuando en la realidad la Oficina funcionaba bajo la dirección del presidente de la República y el Director General reportaba e informaba directamente al Jefe del Ejecutivo. Esta situación, bastante anómala, aumentó la confusión administrativa y no fue corregida hasta principios de la década del 70 cuando el Ministerio de la Presidencia dejó de funcionar.
Si la creación del Ministerio de la Presidencia fue una decisión poco afortunada desde el punto de vista de una administración eficiente, su creación en 1973 llevó la situación de deterioro al extremo. El nuevo Ministerio se convirtió en un gigante que prácticamente se engulló al presidente y vicepresidente de la República. En palabras del presidente Demetrio Basilio Lakas (q.d.D. g.), la presidencia se convirtió en una casa vacía con dos guachimanes (serenos).
Lo anterior creó una situación muy tensa entre el presidente y el ministro, al punto que fui llamado para servir como árbitro y, para tal efecto, se creó nuevamente el Ministerio de la Presidencia.
En 1995 se creó el Ministerio de Economía y Finanzas, y se le adscribieron las funciones del de Hacienda y Tesoro y las de Planificación y Política Económica. Se mantuvo el Ministerio de la Presidencia. Eso no resolvía el problema de que el presidente contase con una plana mayor de asesoría en los campos técnicos y de ayuda a ejercer las funciones de dirección, supervisión y control de las entidades gubernamentales.
Ahora que se ha decidido realizar una reforma administrativa a nivel de la presidencia. Lo aconsejable sería eliminar el Ministerio de la Presidencia y restablecer la Oficina de Planificación y Administración de la Presidencia con sus departamentos de Planificación y Administración, Administración del Presupuesto y Administración de Personal. Su personal provendrían del Ministerio de Economía y Finanzas, y su jefe se comunicaría con las entidades del Estado a nombre del presidente. Las otras secretarías que se están creando quedarían adscritas a la Ofician de Planificación y Administración, así como cualquier otra que en el futuro el presidente considere conveniente crear.

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