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Reforma Agraria y precarismo


Con mucha paciencia, durante muchos años, y quizás desde los años 60 en adelante, todos nuestros gobiernos no han tomado la labor de la distribución científica de la tierra y el desarrollo de nuestra agricultura para mejorar la vida de nuestros campesinos. Sin educación y atendiendo a una necesidad de supervivencia, vemos cómo migran miles de campesinos hacia el Darién, Capira, Chorrera y Colón. Los campesinos se mueven en familia. Soy testigo de los movimientos de campesinos en los años 60. En el Barú conocí a una de esas familias, siete hermanos y dos hermanas ocupar como 200 hectáreas. Hoy cada una de ellas, después de casi 40 años, no caben ya en esas tierras y tienen la necesidad de abrir nuevas áreas de cultivo. Miles de árboles fueron talados, usados para leña o vendidos para madera. El presidente Royo, viendo la devastación, creó una reserva de bosques a la entrada de Puerto Armuelles, hoy no queda un sólo palo de los varios millones que había en esa reserva. Se nota ahora que en esa área se están resembrando grandes cantidades de árboles de teca para reponer el daño causado. Se aduce que el campesino puede, amparado por la Ley de Reforma Agraria, tumbar árboles para su subsistencia.
En un programa, alguien se refería a lo que ha acontecido en las riberas de los ríos que nutren la Cuenca del Canal y lo difícil que es convencer a la gente que no deben talar. Tal como hoy yo hago, otras personas por años lo han hecho, peor quién le pone el cascabel al gato. Estamos en familia y cuando se lleva a un campesino a donde un Corregidor o un Alcalde son miembros de la misma familia o es un amigo; de a allí que al día siguiente esa persona sigue tumbando árboles. Los del negocio de muebles se nutren de cientos de campesinos, quienes talan todos los días a ciencia y paciencia de las autoridades. Ahora mismo los grandes madereros están apurando para que se limpien los polígonos de tiro que dejaron los americanos con posibles municiones no detonadas. Por donde vaya una cuadrilla retirando estos mortíferos artefactos, inmediatamente detrás seguirá un batallón de campesinos deseosos de talar los árboles que ya tienen varios cientos de años de estar en esas áreas, eso es todo el apuro que hay de limpiar estos lugares.
Creo que este gobierno debe dejar un plan bien elaborado sobre la adjudicación de la tierra y el compromiso del precarista de sembrar un árbol, por cada uno que corte. Actualmente se observan varios bosques comerciales a lo largo de la carretera, pero falta que muchos ganaderos tomen conciencia. Por lo menos se le debe al país una cuota de bosques que ayuden durante la sequía, ya que éstos conservan agua. Lector, lleve también sus impresiones a sus familiares campesinos, esto debe ser una obra de todos.

101 años de Panamá América

 
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