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Reforma de la Constitución


La propuesta de reducir a cinco años el período de inhabilitación para que los expresidentes puedan aspirar a la reelección tiene nombre y apellido, al igual que en su momento lo tuvo el insensato, fallido y costoso (8 millones) intento de Pérez Balladares de perpetuarse en el poder.

Ante la avalancha de rechazos que produjo la iniciativa, cuando hace unos meses el presidente de la Asamblea “puso a rodar la bola”, pareció que habían recogido velas; pero no fue así. Los perredianos, nuevamente, están aireando el tema. Por tanto, nuevamente debemos, y ahora con mayor contundencia, rechazar este intento de allanar el camino para que Torrijos pueda ser candidato en el 2014.

La Carta Magna todavía requiere de importantes reformas y la vía más expedita para aprobarlas es mediante el concurso de dos Asambleas sucesivas. En el año 2004 ese fue el método utilizado. Entre otras ventajas, ahorra el costo del referendo, que es necesario cuando al Acto Constitucional es aprobado por una misma Asamblea. Gastar 8 millones de balboas en un referendo sería absurdo cuando ya son visibles los efectos de la crisis económica mundial y se impone ahorrar en el gasto público.

Para aprovechar la actual Asamblea y el inicio de la próxima, después de las elecciones, durante los meses de mayo y junio se podría llegar a un acuerdo nacional sobre los aspectos que sería conveniente reformar. Los puntos específicos que deben comprender las reformas no son muchos. Los sustancialmente importantes no pasan de siete u ocho. Pero no deben incluirse asuntos que, por ser altamente controvertidos, estancarían toda posibilidad de alcanzar el consenso.

La mayoría del pueblo panameño rechaza acortar el plazo de inhabilitación que, actualmente es de 10 años, o sea, dos períodos presidenciales. Si el PRD, aprovechándose de la mayoría que ahora tiene en la Asamblea insistiera en “canjear” su apoyo a un proyecto de reformas constitucionales para conseguir que la inhabilitación se reduzca a 5 años, el fracaso de la iniciativa sería seguro. Y se perdería la oportunidad de seguir mejorando nuestro Estatuto Fundamental.

En varios artículos precedentes he sostenido que la ambición primaria de MT era la reelección inmediata. Ese fue el objetivo de la multimillonaria propaganda oficial y el culto a su personalidad, que ha costado más de 50 millones de balboas de dineros públicos. Aconsejado o auto convencido de que intentarlo lo habría enterrado políticamente, como ocurrió a su copartidario, ha optado por tratar de volver en el 2014.

Durante los 4 años, 7 meses y 7 días que ha ejercido el poder, MT demostró su absoluta su incapacidad para resolver los principales problemas del país. Y si ahora, en las postrimerías de su mandato, en lugar de contribuir a preparar una transición expedita del poder para que el próximo presidente pueda afrontarlos, se empeña en seguir alimentando su desorbitado ego con proyectos insensatos, hasta sus más obcecados seguidores tendrán que reconocer que haberle llevado a la presidencia fue un error que ocupará puesto cimero en la “antología de los disparates”.

101 años de Panamá América

 
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