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Reforma fiscal: ¿quién le teme a la simplicidad?


Las más feroces y soterradas resistencias a simplificar el sistema tributario provienen de quienes obtienen exorbitantes rentas de la complejidad, oscuridad y particularismo de los impuestos. Un atildado hombre de negocios, que se presentó también como un profundo conocedor de los problemas del campo y de los campesinos, protestó contra la propuesta de simplificar y universalizar el sistema tributario. "Ustedes no entienden -reprochó a los promotores de la simplicidad fiscal- que el campo es diferente y necesita un tratamiento especial". Por su parte, otro negociante salió en defensa de los fueros de los hombres dedicados al transporte. "Está bien eso de la simplificación, pero no al grado de ser simplistas. Hay actividades, como la del autotransporte, que son diferentes y necesitan un trato diferente".
Para culminar la andanada de objeciones, el representante de un despacho fiscal adviritió que una tasa única y plana para simplificar el pago y el cobro de impuestos sobre la renta tendría efectos nefastos en el ánimo de los inversionistas, ya que la tasa más baja implicaria, no obstante, que se perdieran los beneficios de las múltiples deducciones, exenciones y otras estrategias fiscales en las que su despacho, por cierto, se especializa.
Esto sucede en México en 2003. En Francia, en 1701, un diputado informaba sobre el terrible estado del sistema tributario aplicable al comercio de mercancías entre distintas regiones del pais: "Estas oficinas están llenas de empleados voraces... tienen siempre a mano pretextos para vencer la resistencia de los comerciantes, se incautan de sus mercancías... y les presentan mil dificultades, para arrancarles sumas de dinero".
"Al cabo de pocos años se enriquecen a costa del rey y del comercio. Si alguien se decide a reclamar judicialmente contra las dificultades que plantean, tiene que recurrir a jueces especiales, los cuales se hallan asociados en el terreno del interés con aquellos empleados por las sumas de dinero que de ellos reciben..."
"Los comerciantes honrados que son lo suficientemente perspicaces para mantenerse al margen de los caminos sucios, apenas pueden desenvolverse... (A los funcionarios del fisco y a los empleados de las aduanas) les encanta que se impongan nuevos impuestos, pues con ello crecen proporcionalmente sus ganancias".
El diputado de Nantes, Des Casaux du Hallay, concluía en su informe al Consejo de Comercio que la abundancia de tributos especiales rendía tan buenos frutos a la mafia de funcionarios, especialistas y gestores, que tales tributos se seguían cobrando aun cuando oficialmente se habian abolido. La complejidad como negocio: "Estas tasas son tan discutidas y embrolladas que ningún comerciante ha podido llegar a entenderlas jamás; las pagan voluntariamente, sin protestar, para evitar procesos." ¿Quién le teme a la simplicidad fiscal? ¿Quién gana con la opacidad en los ingresos y en los gastos del gobierno? ¿Quién se beneficia con que los impuestos sean "tan discutidos y embrollados" que ningún contribuyente pueda entenderlos?
* Analista político mexicano.
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