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¿Reforma Tributaria o Reforma Estructural?


El Gobierno Nacional está ávido de dinero y es que, aparentemente, necesita no menos de 150 millones de dólares para cubrir el presupuesto General de la Nación, de lo contrario tendrá que hacer profundas reformas y ajustes en el último trimestre que paralizará su funcionamiento, lo que no deja de ser preocupante porque en todo país las operaciones de Gobierno tienen un significativo impacto en la economía.
Todos aquellos que, en su momento, señalamos la posibilidad de que se incrementaran los impuestos para cubrir los desfases causados por las privatizaciones, baja de aranceles y el desempleo, no fuimos atendidos y hoy la situación nos ha explotado en nuestras caras. Cómo me agradaría escuchar a todos los neoliberales que tanto promulgaron la implementación de todas estas medidas económicas. Hoy guardan silencio sepulcral y como avestruces esconden sus cabezas tratando de eludir responsabilidades.
En innumerables ocasiones el Gobierno Nacional de turno negó, insistentemente, y por diferentes medios, la existencia de un proyecto de Reforma Tributaria. Con el objeto de dorar la píldora el Primer Vicepresidente de la República expresó, en una ocasión, que lo que se trata es de una reestructuración del régimen fiscal existente y no la creación de nuevos impuestos, pero todos sabemos que ello no es así. Se trata de una profunda reforma tributaria que las IFI"s no sólo recomiendan, sino que la contratación de nuevos empréstitos la condicionan a su pronta implementación.
A la Primera Mandataria de la Nación no le ha quedado otro recurso que aceptar la existencia de la Reforma Tributaria y manifestó que el proyecto será consensuado: "Queremos que todo el país opine y que se lleve a todos los panameños para que den su opinión sobre estas reformas tributarias que son muy importantes". "Definitivamente, creo que no es justo actualmente, que el que menos gana es el que más está pagando y se está buscando la fórmula aquella en que el que menos gana pague menos impuestos", concluyó afirmando la Jefa del Ejecutivo.
Los panameños sabemos, por sobrada experiencia, que cada vez que el Gobierno habla de "proyectos consensuados" se hace lo que el régimen quiere, aún cuando la mayoría de los ciudadanos se opongan a ello. El gobierno entiende por "proyectos consensuados" aquellos en los que se obtiene la opinión de los demás, pero no se procede en consecuencia a dicho dictamen.
No obstante las promesas de la Primera Mandataria, el Gobierno Nacional pretende convocar a sesiones permanentes a la Asamblea Legislativa, finalizado el presente período legislativo, para que discuta y apruebe la Reforma Tributaria, sin que los panameños tengamos la más remota idea de cuál es el contenido de la misma.
Habida cuenta de lo anterior creo que el Gobierno Nacional, más que preocuparse porque los pobres paguen menos impuestos que los ricos y éstos más que los pobres, lo que no deja de ser un factor importante, a un ciudadano lo que le interesa no es sólo cuánto paga en impuestos, sino cuánto recibe de los gastos que son financiados por esta vía. Lo que realmente interesa es el final de la historia, o sea, la distribución del ingreso después del gasto fiscal y no después de pagar impuestos y ahí surge la valorización de cuán eficiente o ineficiente es el Estado, al focalizar del gasto social. Esto es, si los subsidios van efectivamente a los sectores más pobres o si, por el contrario, están dirigidos a sectores que no debieran recibirlos.
Resulta un contrasentido la mentada Reforma Tributaria, si antes no existe una Reforma Estructural. Antes que nada debemos poner la casa en orden y ello implica el ajuste de los salarios de los funcionarios públicos, porque no puede ser que gravemos con más impuestos a la población para que unos cuantos bellacos ganen salarios que no guardan ninguna relación con el trabajo desempeñado, ni con la situación económica general del país. También el Gobierno Nacional debe dar muestras fehacientes de que la brecha entre ricos y pobres no continúa incrementándose y que se han establecido políticas que han arrojado resultados ciertos, en cuanto a una distribución más equitativa de la riqueza nacional. Antes de pensar en recaudar más, debemos evidenciar y explicar los gastos fiscales actuales, ya que sólo en esa medida podremos determinar, a ciencia cierta, si el Estado requiere o no mayores ingresos. Puede acontecer que los ingresos recibidos sean excesivos con relación a los beneficios obtenidos, en cuyo caso, más que incrementar los impuestos, debemos estar pensando en disminuirlos.
Recordamos perfectamente bien que cuando el gobierno anterior a éste promovió las privatizaciones del INTEL y del IRHE, una de las razones que se esgrimieron para justificar dichas privatizaciones fue "la reducción del gasto público" y descartar la eventualidad de incrementar los impuestos. Pues las privatizaciones se hicieron y ahora, además del desmejoramiento de los servicios privatizados y el incremento de su costo, vemos que el actual gobierno reaparece con el argumento de que es necesario acrecentar las recaudaciones ante el incremento que ha experimentado el gasto público. Un incremento del gasto público que sólo alcanza a las elites que usufructúan el poder, pues los pobres sólo han visto incrementar su desesperanza.
No a la Reforma Tributaria, sí a la Reforma Estructural.

101 años de Panamá América

 
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