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¿Reformarlo? ¿Retirarnos?


El nuevo Gobierno, antes de considerar otra opción, decidió retirar a nuestro país del Parlacen. Para fundamentar su decisión ha invocado varias razones: Su inoperancia, elevado costo y haberse convertido en un refugio para ex gobernantes con cuentas pendientes. Y, también, que cumple con una promesa electoral. Este último es el argumento más débil. Para ser consecuente con ella, en primer lugar, CD no debió haber postulado candidatos para integrar ese organismo. Pero, además, será muy difícil aclarar que su decisión está desvinculada de la anulación de sus candidaturas por el Tribunal Electoral que, como consecuencia, aumentó a 14 las curules adjudicadas al PRD, o sea, dos tercios del total de las 22 que tiene la delegación panameña.

Las otras razones tienen un peso evidente; pero tampoco justifican la decisión adoptada. Primero debió ensayarse el camino de las reformas al Parlacen. Este podría ser una instancia útil si se le introdujeran cambios como los siguientes: 1) Eliminar las “diputaciones automáticas” de los ex presidentes y ex vicepresidentes. Nada justifica ese privilegio que, además de un salario considerable, apareja otras prebendas similares a las que tienen los diputados nacionales, incluida la de exonerar varios vehículos. 2) Dejar a cada Estado miembro en libertad de decidir cómo escoge a sus representantes. En Panamá, en lugar de elegir diputados especiales para el Parlacen, se debería crear una comisión en la Asamblea Nacional, denominada “Comisión del Parlacen”, compuesta por representantes de todas las bancadas, de la misma manera en que se integran las actuales comisiones del Órgano Legislativo. Si a nuestra representación le correspondiera a una comisión de la Asamblea, no habría que pagar salarios adicionales ni duplicar otras prebendas y el costo de nuestra participación se reduciría, como máximo, a la cuarta parte del actual. 3) Reducir las sesiones del Parlacen a treinta días en el año. Bastaría que se reuniera en dos períodos de quince días cada uno. No hace falta más.

Uno de los señalamientos que con mayor frecuencia se le hace al Parlacen es su divorcio de los parlamentos nacionales. Por un lado andan los diputados al Parlacen y por otro nuestras asambleas. Y en las actuales circunstancias en que, gracias al fallo del Tribunal Electoral que anuló las candidaturas del Partido Cambio Democrático, el PRD controla 14 de las 22 diputaciones centroamericanas, esa desvinculación aumentará, por razones obvias.

Las decisiones del Parlacen “no son vinculantes”. Para que tengan efectos en nuestro país, deben ser prohijadas, o sea, convertidas a leyes por la Asamblea Nacional. Si nuestra representación la llevara una comisión de la Asamblea, el puente y la coordinación estarían asegurados y los resultados de las deliberaciones del Parlacen podrían proyectarse internamente; y dejarían de ser declaraciones intrascendentes.

Antes de pensar en una denuncia del Tratado Constitutivo del Parlacen, en “indemnizaciones” y en el retiro total de ese organismo, que puede ser una pieza importante del proceso de integración centroamericana, lo recomendable sería que nuestro país propusiera cambios como los indicados y buscara el apoyo de los otros países miembros. Sólo si ese intento fallara, cabría la denuncia del tratado constitutivo del Parlacen y nuestro consiguiente retiro.

101 años de Panamá América

 
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