¿Reformas al Seguro?
EL CONJUNTO de problemas nacionales que estremece actualmente a todo el país desde numerosos ángulos, no es más que el resultado de una crisis acumulada, que nunca se quiso ver a tiempo, y que en la actualidad nos amenaza casi que con una lenta mas profunda agonía. Debemos continuar con un estrecho espacio periodístico en que sólo cabe asomarse al espectáculo, temblando por el mañana atroz, que nos hunde como las cien plagas de Egipto, dicho cabal para nuestro momento.
Al fin le llegó el turno a la Caja de Seguro Social, porque ya es inevitable adoptar algunas medidas, antes de que se derrumbe de un solo golpe esa institución, cuyo desgobierno total ya pintó sus síntomas desde su creación en 1941, y que por espacio nada menos que de 64 años ha venido tambaleándose peligrosamente, de crisis en crisis, conocidas unas y muy disimuladas otras. Desde hace años se comenzó a echar ilegalmente mano de sus reservas, pero éstas también se encuentran llegando al punto de vacío total, porque se abusó siempre de ellas, y hoy hemos alcanzado el nivel de que se agotarán dichas reservas, para cubrir un volumen considerable de gastos impostergables, camino que pronto llegará a las consecuencias económicas catastróficas.
No obstante, ya algunos expertos nacionales y extranjeros nos previenen en el sentido de que los paliativos que se tratan de poner en marcha, no resolverán el grave problema y el mismo nos espantará aplastante y dolorosamente, a la vuelta de la esquina.
El naufragio de la Caja se vino preparando poco a poco, pero de manera notoria, y no quisimos tomar medidas oportunas. Si la solución que se cree posible es la de parapetarla y simplemente apuntalarla, un día despertaremos con el hundimiento estrepitoso y el naufragio definitivo. Es indispensable que no se continúe politiqueando con ella. Meses atrás señalamos que mientras continúen las malas artes dolosas de siempre, el fin catastrófico sigue haciendo su función de comején.
Sépase que ya la Caja no es el recurso a mano de todos los gobiernos, ni como la fuente de empleos para las sectas políticas nacionales. Ya tampoco puede continuarse con una representación sectorial en su Junta Directiva, formada por "representantes" que no tienen, en su mayoría, la menor idea de las medidas de cirugía coronaria que hoy son indispensables e inevitables. Mientras nos tiemble la mano, "para no perder crédito político", así nada podrá "ser salvado". No nos engañemos, como si fuéramos párvulos ignorantes.
Los nuevos directores de la Caja podrán venir de todos los sectores de representación que se quiera, pero siempre y cuando tengan los conocimientos indispensables y el prestigio de honestidad a toda prueba, a fin de que estén en condiciones de "conjurar la catástrofe que está a la orden del día", lo que sólo pueden hacer personas conocedoras, honestas, previsoras y decididas. Bien sabemos que la mal llamada, por impropiedad terminológica, "clase política", ya está definitivamente autoanulada, descalificada, para continuar "mandando" en la Caja, fauna política que en los últimos cincuenta años ha venido dilapidando el Fisco Nacional, y autolisonjeándose con sus "gobiernos bárbaros", salidos de las filas de la ignorancia, del prevaricato y del saqueo, inmunes e impunes.
Según el diario Panamá América, del 25 de febrero, los expertos de la CEPAL y de Arden & Price han opinado que "si las reformas sólo incluyen cambios en algunos programas, sin eliminar de raíz la carga intergeneracional (aquí les llamamos "botellas") el sistema de pensiones igualmente colapsará, y que es necesario "alejar radicalmente del Estado los ahorros de sus instituciones". Aquí concluye la cita del diario, que hemos tomado. Debemos agregar que los sinapismos demagógicos y la permanencia de roscas políticas sólo cosecharán el desastre y la ruina para muchos hogares panameños.
También nos hemos permitido expresar que la Caja en manos de un patronato de personas honradas y de conocimientos, que en Panamá no faltan, bien puede contribuir mucho a que funcione la "tabla de salvación" que hoy se requiere.
La última hora ha sonado, y las medidas de mentolatum que están circulando precipitarán el desastre económico de la Caja y su cierre fatal, en poco tiempo, con una serie de consecuencias económicas en la vida nacional, que es mejor no pensar en ellas, puesto que muchos empleados de la Caja y muchos jubilados de ésta son deudores de préstamos en numerosas instituciones de crédito, hoy amenazadas también por el desastre que no tiene palabras para ser pintado en su enorme dimensión nacional.
Al fin le llegó el turno a la Caja de Seguro Social, porque ya es inevitable adoptar algunas medidas, antes de que se derrumbe de un solo golpe esa institución, cuyo desgobierno total ya pintó sus síntomas desde su creación en 1941, y que por espacio nada menos que de 64 años ha venido tambaleándose peligrosamente, de crisis en crisis, conocidas unas y muy disimuladas otras. Desde hace años se comenzó a echar ilegalmente mano de sus reservas, pero éstas también se encuentran llegando al punto de vacío total, porque se abusó siempre de ellas, y hoy hemos alcanzado el nivel de que se agotarán dichas reservas, para cubrir un volumen considerable de gastos impostergables, camino que pronto llegará a las consecuencias económicas catastróficas.
No obstante, ya algunos expertos nacionales y extranjeros nos previenen en el sentido de que los paliativos que se tratan de poner en marcha, no resolverán el grave problema y el mismo nos espantará aplastante y dolorosamente, a la vuelta de la esquina.
El naufragio de la Caja se vino preparando poco a poco, pero de manera notoria, y no quisimos tomar medidas oportunas. Si la solución que se cree posible es la de parapetarla y simplemente apuntalarla, un día despertaremos con el hundimiento estrepitoso y el naufragio definitivo. Es indispensable que no se continúe politiqueando con ella. Meses atrás señalamos que mientras continúen las malas artes dolosas de siempre, el fin catastrófico sigue haciendo su función de comején.
Sépase que ya la Caja no es el recurso a mano de todos los gobiernos, ni como la fuente de empleos para las sectas políticas nacionales. Ya tampoco puede continuarse con una representación sectorial en su Junta Directiva, formada por "representantes" que no tienen, en su mayoría, la menor idea de las medidas de cirugía coronaria que hoy son indispensables e inevitables. Mientras nos tiemble la mano, "para no perder crédito político", así nada podrá "ser salvado". No nos engañemos, como si fuéramos párvulos ignorantes.
Los nuevos directores de la Caja podrán venir de todos los sectores de representación que se quiera, pero siempre y cuando tengan los conocimientos indispensables y el prestigio de honestidad a toda prueba, a fin de que estén en condiciones de "conjurar la catástrofe que está a la orden del día", lo que sólo pueden hacer personas conocedoras, honestas, previsoras y decididas. Bien sabemos que la mal llamada, por impropiedad terminológica, "clase política", ya está definitivamente autoanulada, descalificada, para continuar "mandando" en la Caja, fauna política que en los últimos cincuenta años ha venido dilapidando el Fisco Nacional, y autolisonjeándose con sus "gobiernos bárbaros", salidos de las filas de la ignorancia, del prevaricato y del saqueo, inmunes e impunes.
Según el diario Panamá América, del 25 de febrero, los expertos de la CEPAL y de Arden & Price han opinado que "si las reformas sólo incluyen cambios en algunos programas, sin eliminar de raíz la carga intergeneracional (aquí les llamamos "botellas") el sistema de pensiones igualmente colapsará, y que es necesario "alejar radicalmente del Estado los ahorros de sus instituciones". Aquí concluye la cita del diario, que hemos tomado. Debemos agregar que los sinapismos demagógicos y la permanencia de roscas políticas sólo cosecharán el desastre y la ruina para muchos hogares panameños.
También nos hemos permitido expresar que la Caja en manos de un patronato de personas honradas y de conocimientos, que en Panamá no faltan, bien puede contribuir mucho a que funcione la "tabla de salvación" que hoy se requiere.
La última hora ha sonado, y las medidas de mentolatum que están circulando precipitarán el desastre económico de la Caja y su cierre fatal, en poco tiempo, con una serie de consecuencias económicas en la vida nacional, que es mejor no pensar en ellas, puesto que muchos empleados de la Caja y muchos jubilados de ésta son deudores de préstamos en numerosas instituciones de crédito, hoy amenazadas también por el desastre que no tiene palabras para ser pintado en su enorme dimensión nacional.