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¿Reformas sin constituyente?


Nuevamente los adversarios y fugitivos de la Constituyente vuelven a la carga. Los nuevos espoliques del reformismo promueven su estolidez con un desparpajo sorprendente, para caer nuevamente en la desesperación al no contar con argumentos para atacar la urgente necesidad, para las grandes mayorías nacionales, de una Constituyente.
"Estamos trabajando desde hace dos semanas en el contenido del proyecto y buscando el consenso para que se introduzcan estas reformas con el menor trauma posible", nos informan a través de la Dirección de Comunicación de la oficina de Relaciones Públicas de la archidesprestigiada Asamblea Legislativa, cuyos integrantes son los que pretenden reformar la archireformada constitución militarista.
Un Legislativo que simple y llanamente, no cumple con sus atribuciones tradicionales y cuyos miembros principales y sus suplentes, optaron recientemente por abandonar sus puestos de trabajo para ocuparse de sus intereses electoreros, no sin antes cobrar a pesar de no haber trabajado, es el mismo que busca utilizar de marco los nostálgicos de las imposiciones, para someternos a sus reformas a espaldas del pueblo y, sin participación ciudadana alguna.
Los resultados de las recientes elecciones nos confirman cuán desajustados están los partidos políticos y sus cúpulas, a las nuevas situaciones del mundo y del Panamá de hoy. Incapaces de salir de su rutina y de su creciente esclerosis, merman su capacidad de acción a tal grado que, en un asunto de tanta trascendencia como el tema constitucional, no son capaces de ir más allá de planteamientos de reformas superficiales que en nada contribuyen a crear cohesión, conciencia compartida, representación eficaz en la sociedad, así como tampoco el de generar planteamientos transformadores que nos permitan a los panameños lograr formas racionales de acción política y de consensos amplios, en momentos en que el país tanto los requiere.
Así tenemos a los reformistas con estólidas propuestas y para nada trascendentales, a las cuales sin embargo, no vacilan en calificar de "cambios novedosos de reingeniería al Estado panameño". Pero, ¿cuáles son esos "cambios novedosos"? Ellos mismos nos anuncian: "la eliminación de uno de los dos suplentes del legislador, de un vicepresidente de la República, establecer mecanismos que evitarían que la Asamblea incremente sus integrantes y reformas a la inmunidad... la independencia financiera del Tribunal Electoral". En resumen: estancamiento y parálisis de las aspiraciones de la sociedad civil de alcanzar, cuanto antes, una democracia participativa.
No hay en sus "reformas sin trauma" una formulación clara de los problemas y de las opciones, de decisiones y acciones, en las cuestiones básicas del desarrollo social y político que debe darse en Panamá para reducir el atraso constitucional en que nos encontramos. En medio de la incertidumbre generalizada, una vez más, la estrategia reformista de las cúpulas partidistas consiste en utilizar las legislaciones impuestas desde 1972, sin romper con ellas, para garantizarse así una especie de continuismo que les permita mantenerse y repartirse el poder con la menor participación posible de las mayorías ciudadanas. En esta estrategia y en las tácticas que de ella se derivan, coinciden (como en 1983 y 1994), tanto la cúpula de los partidos políticos en el Gobierno como las cúpulas del resto los partidos políticos.
Nuevamente debemos preguntarnos: ¿Por qué se aferran los gobernantes panameños y los dirigentes de los partidos políticos a estrechos y enanos criterios de interpretación jurídico-política que solo conducen a la sociedad hacia un mayor anquilosamiento y al Estado hacia su arterioesclerosis progresiva?
¿Por qué se niegan a la promoción de una Constitución que sea el verdadero fruto del empeño y de las preocupaciones de todos los panameños, y que sirva como un instrumento eficaz para iniciar realmente un Estado Constitucional y empezar a erradicar de una vez y para siempre, toda una serie de prácticas y criterios que han frustrado a tantas generaciones?
¿Por qué rechazan el deseo ciudadano de superar unas formas de actuación y acción política que tienen al pueblo basculante entre la incredulidad y la rabia, como lo demostraron las elecciones con el voto de "cabreo" más que de castigo?
¿Por qué si es público y notorio que el país se debate cada vez más en medio de un sentimiento de problemas irresueltos, la mayoría de nuestros políticos y gobernantes insisten, a través de todas sus actuaciones, en su absurda pasividad hacia la urgente y necesaria modernización y reactivación de los órganos y de las instituciones del Estado a través de una Asamblea Nacional Constituyente, democrática, participativa e insisten en la inmovilista vía reformista?
Panamá requiere grandes transformaciones y las mismas no se podrán dar sin la participación activa de su población. Por ello, el planteamiento de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, para dotarnos de un nuevo y pujante pacto social, seguirá siendo la propuesta que más beneficio tendrá para toda la población. Es palpable que los partidos políticos y sus dirigentes, y especialmente los legisladores, han demostrado no tener la menor voluntad de proceder a una verdadera reestructuración del Estado y de la Constitución, simple y llanamente porque no les conviene. ¿Para qué insistir en una "reforma" hecha por los actuales legisladores?
Una Constituyente, es la que permitirá a la ciudadanía no encaminarse por las vías de soluciones violentas y contribuirá a empezar a transformar los instrumentos y los criterios que se vienen utilizando para el planteamiento, análisis y discusión de los problemas políticos-institucionales que conocemos los panameños, que nos permitirá ser panameños.

101 años de Panamá América

 
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