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Regalar comida


¿Qué clase de política sigue el Gobierno regalando dinero y comida? No ciertamente la mejor, a juzgar por la opinión de los expertos que siguen la evolución de la crisis económica que se cierne sobre el mundo, derivada de la crisis inmobiliaria y financiera que azota a Estados Unidos.

Todos coinciden en que América Latina no quedará al margen de la crisis y que el próximo año su crecimiento empezará a menguar, recrudeciendo la inflación y la baja inversión. También opinan que los países que han cedido a la tentación populista, de subsidiar el petróleo y sus derivados, pagarán cara la iniciativa en términos de merma de recursos para atender problemas sociales.

Regalar comida y dinero no es lo mejor. Podemos entenderlo como maniobra desesperada de quien intenta impedir que reviente una represa colocando un dedo en la grieta, pero es inadmisible e insostenible siquiera como política de corto y mediano plazo. A la corta y a la larga, terminará enviando un mensaje equivocado, de retorno al paternalismo y de degradación de la autoestima social. La gente tiene que dignificarse, acostumbrarse a trabajar y luchar por su propio sustento, en vez de madrugar a hacer colas en disputa de limosnas.

El espectáculo grotesco de la semana pasada en Veracruz, durante una jornada de regalo de carne de cerdo, redujo a Panamá a nivel de Haití, donde las fuerzas de ocupación tienen que disparar para poner orden para repartir raciones alimenticias. Si de eso se trata, contratemos a los cubanos, para que, además de béisbol, nos enseñen a implantar tarjetas de racionamiento en toda regla, al mejor estilo socialista.

101 años de Panamá América

 
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