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Registro Público por 24 horas


Excelente iniciativa es la adoptada por el nuevo director general del Registro Público, Alvaro Visuetti, de doblar los turnos de trabajo de la entidad con la adición de un nuevo horario de atención al público que se extendería hasta las 8:30 de la noche. La extensión de la jornada de atención al público, a cargo de casi 400 funcionarios, es buena noticia para sectores de la banca, negocios inmobiliarios, corporativos, navieros y comerciales, no sólo de Panamá sino del resto del mundo que tiene en el Registro Público panameño la base de sus operaciones nacionales e internacionales.
En efecto, los servicios que presta la institución a usuarios extranjeros constituyen quizás dos tercios de todas las transacciones que se registran en sus libros fotográficos y electrónicos y, seguramente, un volumen mayor de la decena de millones de balboas que genera para el Estado cada año.
El Registro Público tiene, a la vez, un impacto beneficioso directo en el comercio, la industria y los servicios, dando seguridad y garantía de seriedad al universo empresarial, registrando hipotecas de barcos, aeronaves e inmuebles, constitución de sociedades anónimas, fundaciones y fideicomisos, traspasos de propiedad, garantías mobiliarias, etc.
La entidad, fundada por el presidente Belisario Porras en 1917, es hoy una pieza fundamental de la estrategia de integración de Panamá al resto del mundo y uno de los pilares de su vigoroso sector de servicios internacionales. Por eso, el objetivo del nuevo director Visuetti debe orientarse hacia el logro de un nuevo salto cualitativo de cara al nuevo mundo de negocios y tecnología que germina en este siglo. Hablamos de acelerar, simplificar y desburocratizar aún más el proceso de inscripción; de introducir más tecnología, de inscribir documento de un día para otro, por complejos que sean. Hablamos de un Registro Público que permanezca abierto 24 horas para servir, como el Canal, al mundo; y que empiece a registrar escrituras vía correo electrónico. Hablamos de internacionalizar el Registro Público y de ampliar sus operaciones de registro y otros rubros, sirviendo seguridad, transparencia, eficiencia, honestidad y tradición.
Hoy, en medio de condiciones externas más favorables que en 1989, crecemos a la mitad (tras un quinquenio de hacerlo a la mitad de la mitad), tenemos casi el doble de desempleo y la población es rehén de delincuentes y terroristas.
Y nos gobierna un socialista, como Allende, pero que, es cierto, no es Allende. Podríamos definirlo como un Allende disuelto al tres por ciento. Este despojó a las mineras de sus activos, Lagos sólo lo hará del tres por ciento de sus ventas; los seguidores de Allende se apoderaron de las tierras privadas, los funcionarios de Lagos sólo les suben el avalúo para cobrarles más impuestos, y en el sur quedan a merced del terrorismo mapuche; los interventores de Allende incautaban industrias, los inspectores de Lagos solamente las acosan con más tributos y regulaciones; los violentistas de Allende trasladaban armas en vehículos de la Presidencia; bajo Lagos unicamente se benefician de que Carabineros no usan sus armas.
Pero el legado se puede recobrar. Si la mayoría recapacita, el 11 de septiembre podría volver a ser la segunda efeméride más importante de Chile. Y para perpetuarla en la memoria colectiva tengo una idea: un gran monumento, financiado por suscripción popular de los demócratas agradecidos, que personifique a los cuatro miembros de la Junta de 1973, y bajo la bota de uno de ellos, específicamente Augusto Pinochet, una hoz y un martillo quebrados, como señal de liberación para Chile y buen augurio para el resto de la Humanidad.
(*) Analista político chileno.
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